|
Cota y Padierna, izquierda ejemplar
Muchos olvidaron que hasta antes de 2000 muy pocos querían tratos con Bejarano En BCS, una dinastía de trapecistas políticos que pretende el poder por 18 años Les ha resultado tan rentable el cuento del fraude, que algunas de las tribus del PRD adictas al señor “legítimo” decidieron emplearlo contra sus propios compañeros de partido, a los que acusan de haber patrocinado un fraude en las elecciones internas del partido amarillo para seleccionar a los delegados al próximo Consejo Nacional, para con ello —según dicen— poner al PRD al servicio del gobierno espurio de Felipe Calderón Hinojosa. Y, en efecto, la denuncia no debiera sorprender a nadie, sobre todo si se toma en cuenta que ninguna de las elecciones realizadas en el interior del PRD ha estado exenta de irregularidades y acusaciones de fraude, ya que si una herencia priísta colonizó al llamado partido emblema de la izquierda mexicana, fue precisamente la cultura del fraude, la transa y el chanchullo electoral, al que todos, sin excepción, han recurrido. Lo curioso —y que raya en el cinismo— es que precisamente sea la señora Dolores Padierna —esposa de René Bejarano y lideresa de ese grupo clientelar bautizado eufemísticamente Izquierda Democrática Nacional— quien encabece la denuncia, porque todos en el partido amarillo saben que el grupo político de la pareja Bejarano-Padierna nació, creció y sobrevive gracias al pastoreo de sus clientelas políticas, al fraude hasta entre ellos mismos, y que regentean una buena porción del comercio ambulante, los taxis piratas y todo negocio informal capaz de establecer esa muy democrática e izquierdista mancuerna de sometimiento y renta política. Ya se les olvidó a muchos en el PRD que hasta antes del año 2000 muy pocos querían tratos con Bejarano —incluidos los voceros periodísticos de AMLO— y debieron tragar sapos y serpientes cuando por necesidad imperiosa López Obrador debió aliarse a los Bejarano-Padierna para llegar a la Jefatura de Gobierno del DF. Desde entonces se mantiene esa perversa alianza que hoy pretende detentar el nuevo jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard, conocedor como pocos de la eficacia de los grupos clientelares en la capital del país. ¿Por qué los gritos y los sombrerazos de la señora Padierna? Porque frente al poder que a nivel nacional alcanzaron Los Chuchos para el Congreso Nacional de agosto próximo, la fuerza de Bejarano-Padierna quedó reducida a poco más que nada, su capacidad de negociación con el propio Marcelo Ebrard se debilitó al máximo, y porque en el Congreso el grupo de Izquierda Democrática Nacional —que nada tiene de izquierda, de democrática ni de nacional— será barrido. La dupla Bejarano-Padierna recurre al escándalo y empuja el chantaje para lograr presencia en el reparto de cuotas de poder por venir. Y es muy probable que no logre nada. Pero mientras que toda la atención se centra en la gritería de la señora Padierna, otro ejemplo de esa izquierda moderna, democrática, congruente, nada corrupta, que encabeza el señor Leonel Cota Montaño, se mueve activamente en Baja California Sur, el feudo de ese cacique al más puro estilo priísta, pintado de amarillo, que es el aún presidente del PRD. Calladito, sin hacer ruido, Leonel Cota mueve las piezas para cumplir su sueño de toda la vida: mantener el poder en Baja California Sur por un periodo de 18 años. ¿A quién nos recuerda, a quién…? Resulta que en esa entidad se aproximan los tiempos de las elecciones intermedias para elegir presidentes municipales y diputados locales. En el PRD estatal repentinamente se abrió la convocatoria para elegir a los candidatos de ese partido a dichos puestos de elección popular —aquí se debe recordar que Baja California Sur es perredista y el gobernador, Narciso Agúndez Montaño, es primo de Leonel Cota— e inició lo que la voz popular motejó como “la fiesta de los Cota”. Es decir, que con todo el apoyo del gobierno estatal —que incluye todo el aparato estatal, dinero público, aportaciones provenientes de descuentos salariales a burócratas, la obligación de asistir a sus actos y buena parte de la prensa comprada— la diputada local y presidenta del Congreso, la señora Rosa Delia Cota Montaño —hermana de Leonel Cota y prima del gobernador Narciso Agúndez Montaño—, inició su campaña para buscar la postulación por el PRD como candidata a la alcaldía de La Paz, la capital de “Baja Sur”. ¿Y eso qué?, podría preguntar algún despistado. Pues nada, que de convertirse en alcaldesa de La Paz —como parece que ocurrirá, porque ahí manda el cacique— la señora Rosa Delia sería postulada en tres años más como candidata al gobierno estatal. Una dinastía de trapecistas políticos que pretende el poder en esa entidad por 18 años. Y, ¡claro!, aquí todo se vale, porque la claque de los Cota son la crema y nata del PRD, los amigos íntimos de AMLO —AMLO pasó su luna de miel en Baja California Sur, invitado por sus amigos los Cota—, esa izquierda congruente, democrática, nada corrupta. En realidad, el fenómeno político y de poder que se vive en Baja California Sur es de tal descomposición y ambición desmedida, que se gesta una impensable alianza de casi todos los partidos —PRI, PAN, PVEM, Panal y los locales— contra el despótico cacicazgo de los Cota, intocables en el PRD, porque son “los amigos del ‘legítimo’”. Y a propósito de la congruencia que el señor Leonel Cota reclamó precisamente al senador Ricardo Monreal porque apoyó la candidatura de su hermano por el PT. Resulta que los Cota, tanto Leonel como Narciso y Rosa Delia, han pasado del PRI al PT y luego al PRD. Cuando Leonel era gobernador, del PRD, impulsó a su primo y a su hermana a puestos de elección popular por el PT. Hoy son dignos representantes de la izquierda perredista, esa que da ejemplos de congruencia, democracia, autocrítica y, sobre todo, apego a sus principios. La izquierda que merecemos. ¡Qué pena! aleman2@prodigy.net.mx
|