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Esta semana, mientras iba preparando mis programas de radio y de televisión, recibí muchas llamadas de amigos y amigas con uno y el mismo tema: “¿Ya te enteraste de lo que dice el chino?”. Y claro, todos mis amigos y amigas coincidieron en que todo fue un cuento chino. Ah, pero también me he enterado que ciertas personas en los medios consideran que no deberíamos hablar del “chino”, porque suena a una expresión despectiva, ni mencionar, como hizo el Presidente Calderón, que las narraciones del chino resultaron un “cuento chino”. Yo soy la primera en oponerme a la discriminación, cualquiera que sea. Las mujeres en México, por desgracia, conocemos muy bien el sabor amargo de la discriminación que sufrimos nada más por ser mujeres. Además, como cualquier mexicano o mexicana, por mi sangre corre sangre mestiza y, por ende, no tengo por qué anidar en mi corazón sentimientos xenofóbicos. Es más, creo firmemente que la riqueza de las naciones se hace grande con las contribuciones de todos los grupos étnicos, incluidos los grupos indígenas de nuestro país, aquellos que casi siempre son objeto de un injusto menosprecio. Pero otra cosa muy diferente es que al referirnos a que el empresario y presunto narcotraficante Zhenli Ye Gon con el apelativo de “el chino”, estemos cometiendo un acto de discriminación contra un señor que, además, tiene la nacionalidad mexicana (por más que eso también esté suscitando un absurdo litigio, dado que fue el presidente Fox quien le entregó su carta de naturalización). Él es chino de nacimiento (a menos que luego nos enteremos de que su nacionalidad es otra pues con eso de que se ostenta con tantos otros nombres, vaya usted a saber si es un chino auténtico), así como Carlos Ahumada es argentino. No creo que llamar a este otro empresario “el argentino”, sea un insulto. Pero ya ve usted cómo es cierta gente que le indigesta hasta lo que no come. Otra tontería que he escuchado es que hay quienes juzgaron “inoportunas”, “inadecuadas”, hasta “groseras” las expresiones de Felipe Calderón cuando señaló que las declaraciones del chino contra el gobierno mexicano son “falsas y ridículas”, además de ser “un cuento chino”. Yo no sé si esas personas tan hipersensibles acostumbren leer el Diccionario de la Real Academia. Lo digo porque el lexicón consigna la frase “cuento chino” como sinónimo de embuste, y embuste es a su vez sinónimo de patraña, chisme, calumnia, engañifa y exageración. De modo que llamar a las historias que hemos escuchado en esta semana un cuento chino, es correcto y adecuado. Si usted tuvo la oportunidad de leer la soporífera carta que envió Zhenli Ye Gon a EL UNIVERSAL, pues se habrá dado cuenta de está llena de embustes, y resulta peor que la más fallida de las novelas de misterio. ¿A qué vienen, por ejemplo, esas confesiones de que el chino debía estar en el cumpleaños de su hijo, ya que de lo contrario el muchacho “le iba a empezar a decir ‘papá’ a alguno de los choferes de su esposa”? Ni como capítulo de una mala telenovela resulta convincente. ¿No es un insulto a nuestra inteligencia que se atreva a decir que le entregaron una credencial como “senador honorario”? Se necesita ser una caradura para escribir tales disparates. No se diga la cantidad de tonterías y evasivas que se escucharon el miércoles en Washington en el National Press Club, donde lo más relevante fue la confesión final de parte de uno de los abogados del “empresario del origen chino”, cuando sentenció que nada de lo que dijeron esos abogados puede ser probado. Por lo que se ve, dichos abogados conocen muy bien lo que aquí llamamos chicanas. Hay ciertas circunstancias en las que decimos: “No sé a qué te refieres, porque me estás hablando en chino”. Como lo consiga el DRAE, esa expresión se refiere a un lenguaje incomprensible. ¿Será que el chino nos está hablando en chino y no nos hemos enterado creyendo que sólo habla mal el español? (¡Ah!, pero eso sí, ya volvió célebre el “coopelas o cuellos”.) ¿Y qué me dicen de esa otra expresión que también usamos: “Engañar a alguien como a un chino”, como sinónimo de aprovecharse de su credulidad, según lo consigna también el DRAE? Yo me pregunto si el chino Zhenli Ye Gon no nos estará queriendo engañar como a un chino. Sea como fuere, y más allá de chinos y cuentos, las autoridades nos deben una explicación sobre la red de complicidades que ese señor tejió para reunir, por lo menos, los 205 millones de dólares que las autoridades mexicanas le confiscaron en una residencia de Las Lomas el pasado 15 de marzo. Porque para cualquiera es evidente que si ese dinero tuviera un origen legal, sería lógico que hubiera sido depositado en algún banco. Nadie corre el riesgo de tener dinero en su casa; vamos, sin siquiera llegar a esos montos, por supuesto. Como quiera que sea, las autoridades nos deben dar cuenta y razón de los vínculos de cooperación que generó este mexicano de origen chino para hacer sus fechorías con total impunidad. Habrá que estar muy atentos, no vaya ser que nos quieran engañar como a un chino.
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