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Ricardo Rocha
19 de julio de 2007

Fu Manchú vs. Zhenli Ye Gon

Sin presencia física, aun sin las esperadas pruebas, sigue arrojando explosivas acusaciones

¡Ahí viene el chino! ¡Ya llegó el chino!, comenzaban los gritos en la vecindad, y ahí íbamos la parvada de escuincles a ver el espectáculo de aquel hombre enjuto, sin edad ni tiempo y venido desde la distancia. Llegaba en una vieja bicicleta con la canasta enorme sobre la cabeza y el grito inconfundible en la garganta: ¡Cooobata pan! ¡Cooobata pan! Zonzo de mí, al principio no le entendía, hasta que alguien me cargó para asomarme a la canasta y ver los panes de corbata que el chino vendía.

El segundo chino de mi vida fue mucho menos simpático: era el temible Verdugo Chino. Entre las brumas de la memoria juro haberlo visto junto con el Cavernario Galindo, ambos contra La Pareja Atómica de El Santo y Gori Guerrero en una lucha sangrienta en la arena Coliseo. Palabra que daba miedo hasta en los “larines” que coleccionábamos de nuestros ídolos de la lucha libre: el rostro fiero, el bigote largo, colgante; el cráneo pelón y la trenza que se salía de aquel gorrito tan peculiar. Igual era de Xochimilco, pero en el ring siempre fue El Verdugo Chino.

Pero el chino más memorable es sin duda Fu Manchú. De niño vi todas sus películas: recuerdo, como si fuera ayer, sus ojos penetrantes que taladraban la pantalla a punto de hipnotizarte; luego, al conjuro de sus manos crispadas surgía una nube de humo y apenas un instante después ya no estaba… Fu Manchú había desaparecido ante nuestros ojos desorbitados y seguido de un largo ¡Aaahhh! de asombro de todos los que atascábamos las matinés dominicales del cine Florida en el mero Tepito, dónde más. Años después, mi memoria insiste en haberlo visto en la tele con el gran Paco Malgesto, apareciendo y desapareciendo todo tipo de artilugios fantásticos. Siempre rodeado de aquel peculiarísimo halo de misterio.

La crueldad de internet me hace saber ahora que Fu Manchú en realidad nació en Inglaterra, se llamó David Bamberg y se consagró en Argentina, de donde vino a México para triunfar en el cine y en algunos teatros y centros nocturnos de los 40 y 50. Hasta que se desapareció. En compensación, Wikipedia me ilustra con que el nombre de Fu Manchú es una creación literaria de Sax Rohmer para una serie de novelas policiacas desde 1913. Sólo que ahí se trataba de un poderoso villano chino que odia a la civilización occidental contra la que emplea igual ejércitos de ninjas que ondas destructoras de radio y miríadas de serpientes, arañas y escorpiones. Un personaje tan exitoso que se llegó a escribir un libro: Fu Manchú vs. Sherlock Holmes.

Bueno, pues éste y el otro Fu Manchú se me hace que no le sirven ni para el arranque a mi cuarto personaje chino inolvidable: el ya celebérrimo Zhenli Ye Gon, cuyos actos de prestidigitación y magia superan por mucho a los de sus precursores. Con la cara imperturbable del “coobata pan”, la fiereza del Verdugo Chino y los desplantes de Fu Manchú, Zhenli ha aparecido 205 millones de dólares y decenas de toneladas de seudoefedrina para producir drogas sintéticas; un tronar de dedos y le dieron pasaporte y la nacionalidad mexicana. Y en un rasgo de originalidad, en lugar de flores o conejos sacó de la chistera fajos de millones de pesos para acabar de corromper a los forajidos que manejan las aduanas de todo el país y a otros tantos policías y funcionarios de Hacienda, Salud, PGR y anexas que han sido cómplices de “el chino”.

Lo malo para el gobierno mexicano es que Ye Gon no es un cuento. El dinero y las evidencias de una gigantesca fortuna basada en una enorme red de corrupción son pruebas irrefutables de crimen organizado que —como siempre— sólo se explica con la complicidad oficial. Mas allá de que sea o no cierta la amenaza panista de “coopelas o cuelo”, ya se va haciendo tarde para investigar no sólo a Zhenli, sino a sus cómplices en el gobierno pasado y en éste.

Por lo pronto, ayer en Washington, Ye Gon derrotó al fantasma de Fu Manchú en las artes de la magia. Y es que aun sin presencia física, aun sin las esperadas pruebas, sigue arrojando explosivas acusaciones: que los 205 millones de dólares —ahora desaparecidos— iban a la campaña presidencial panista y que el gobierno mexicano tiene videos que prueban la extorsión en su contra. En suma, nuevas descargas contra la credibilidad de las instituciones en este país.

ddn_rocha@hotmail.com

 
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PERFIL
 
Ricardo Rocha ha sido redactor, reportero, corresponsal de guerra, productor y conductor de programas. En 1977 cubrió por dos meses la Revolución Sandinista en Nicaragua, lo que le valió el premio nacional de periodismo. Diseñó y condujo los programas "Para Gente Grande" y "En Vivo". Es co-autor de "Yo Corresponsal de Guerra" y autor de "Conversaciones para Gente Grande". En el 97 creó el concepto "Detrás de la Noticia" y en 1999, al separarse de Televisa, lo consolidó con la agencia informativa.
 
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