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Educación e investigación, inseparables
Se llama, la bella mujer de 40 años (y meses) Valérie Pécresse. Hija de universitario, ha realizado su enseñanza superior (Francia) en la Escuela de Altos Estudios Comerciales y ha pasado por la ENA, la Escuela Nacional de Administración de la que proceden, casi siempre, los técnicos y especialistas del Estado. Nicho educativo donde coinciden las élites de la derecha y la izquierda, la burocracia del Estado. Ella, Valérie Pécresse, con su melena rubia (a la vera de dos secretarias de Estado hijas de inmigrantes africanos) ha sido nombrada por Sarkozy ministra de Educación e Investigación. Hoy es imposible separar la educación superior de la investigación y el desarrollo. La globalización exige una mutación no sólo científica, sino biogenética, a los países que quieran sobrevivir. Dígalo si no la Chrysler, que el 4 de julio ha firmado un acuerdo con una empresa china de automóviles para ser la vendedora mundial de un pequeño automóvil chino (A1) que ya se vende en China y cuyo precio será la mitad que el prototipo menos caro de la Chrysler: el Dodge Caliber. Ya en el 2006 la fábrica china (Chery) ha vendido 305 mil automóviles y ha exportado 50 mil. Ello acontece cuando Chrysler, en Estados Unidos, ha tenido una pérdida, en el 2006, de mil 100 millones de dólares y sus ventas disminuyen en su propio mercado ante el impulso, incesante, de las marcas japonesas Toyota y Honda. Ser el vendedor de automóviles chinos no deja de ser una afrenta para la Chrysler que, sin embargo, no va tan mal como la General Motors y la Ford, derrotadas, in situ, por las japonesas. ¿Quién se acuerda de Hiroshima y Nagasaki cuando se produce, en el área sacral del automóvil, una situación de ese talante? Los pueblos no tienen otro “petróleo” real que su capital humano. El nuestro, progresivamente, en Estados Unidos. Emigración incesante y cada vez más preparada. Por lo demás, la bella de la melena rubia sabe que es en las universidades donde se plantea el porvenir. Es seguro que tiene, ante sí, el Ranking of World Universities 2007 que define el poder de la innovación en las 100 mejores universidades del mundo. Ese palmarés se ha definido en cinco campos del saber: 1) Ciencias Naturales y Matemáticas; 2) Ingeniería-Tecnología y Ciencia de la Computación; 3) Ciencias de la Vida y la Agricultura; 4) Medicina Clínica y Farmacia (estamos en la edad de los embriones, las células madre); 5) Ciencias Sociales, Artes y Humanidades. Cada uno de esos departamentos se expresa por el número de premios Nobel que han generado las universidades; los Premios Field y las citaciones en las grandes revistas científicas con aportaciones fundamentales. Se añade, a esas definiciones, el número de alumnos inscritos en esas instituciones del saber. Valérie Pécresse se encuentra con los hechos. En el área de las Ciencias Naturales y Matemáticas, entre las 100 primeras Universidades del mundo, Francia aparece en el lugar 24, en el lugar 31, en el 51 y en el 76. En el capítulo de Engineering-Technology and Computer, Francia está en el lugar 51 y nada más. En el capítulo de Vida y Ciencias de la Agricultura, entre las 100, Francia sólo tiene una universidad en el lugar 77 de la lista. En el quinto examen, Medicina Clínica y Farmacia (la farmacia vive ya su revolución biogenética) Francia no está representada entre las 100 primeras Universidades; en Ciencias Sociales Francia es el lugar 42. Sólo una vez. Francia es un país rico y desarrollado con 41 mil 200 dólares per cápita, cuyas élites investigadoras cruzan, sin embargo, el Atlántico en busca de los laboratorios estadounidenses, pero en Ingeniería-Tecnología y Computación las Universidades muestran nuevos niveles y nuevas regiones: Singapur es el lugar 31; China-Hong Kong el 37; China-Taiwán el 49; China, otra vez, el 51, entre Japón y Francia. También China-Hong Kong reaparece en el 77. En suma, si Francia posee ese bajo nivel de participación ¿qué se puede pedir en América Latina y otras regiones de la desigualdad histórica y reproducida con la pobreza? Gobiernos, además, desinteresados en la investigación. Estados Unidos mantiene las primeras 14 universidades de Ciencias Naturales y Matemáticas (entre las 100) salvo en el octavo, que está representado por una universidad japonesa. En relación con las universidades de Ingeniería, Tecnología y Computación, las universidades norteamericanas ocupan los primeros 15 lugares y, entre el lugar 15 y el 24 sólo el puesto 16 es ocupado por una universidad inglesa, el 17 por una japonesa y el 19 por una canadiense. Respecto a las primeras 15 universidades dedicadas a las Ciencias de la Vida y la Agricultura las 15 en cabeza son estadounidenses; la 16 es sueca y entre la 16 y la 22 vuelven las universidades de EU a ser dominantes. La 24 es una universidad inglesa. En un tema capital para nuestro tiempo, la enseñanza de la Medicina Clínica y Farmacia que sufre una inmensa revolución cuyo alcance es, todavía, imprevisible, pese al veto de Bush sobre las células madre y la clonación terapéutica, las primeras ocho Universidades son norteamericanas; la novena es sueca; los lugares 11 y 12 vuelven a ser estadounidenses; la universidad 13 entre las 100 primeras es Oxford, de Inglaterra. Suiza aparece cuatro veces en Ciencias Naturales y Matemáticas (7.6 millones de habitantes); Israel tres veces y Holanda (15.5 millones) dos veces. Suecia, que atesora los premios Nobel, está presente (9.1 millones) en casi todos los departamentos del Academic Ranking of World Universities 2007, al igual que los grandes países desarrollados, pero la concentración sistémica y epistémica de la Sociedad del Conocimiento refleja la concentración del saber (aunque no siempre se identifique con verdaderas mutaciones humanísticas) en 20% de la población del mundo. Si Alemania o Japón tienen papeles dignos, los casos de Holanda, Suiza, Suecia, Israel y Canadá en verdad impresionan.
. alponte@prodigy.net.mx
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