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Santillana acaba de reeditar, bajo el sello de Alfaguara y en formato de bolsillo, la antología Casa tomada y otros cuentos (México, 2007, Serie Roja), de Julio Cortázar (1914-1984), con prólogo de Luisa Valenzuela y un breve estudio epilogal de Aníbal Jarkowski. Aunque en la contraportada del libro no se dice, este volumen y esta Serie Roja están destinados a los lectores jóvenes, y con este mismo propósito de llegar a ese nicho específico Alfaguara ha publicado también, en dicha serie, Los jefes, de Mario Vargas Llosa, y Puentes como liebres y otros cuentos, de Mario Benedetti. Asimismo, Crimen y misterio: antología de relatos de suspenso; Historias pasadas: antología de cuentos hispanoamericanos, y Noches de pesadilla: antología de cuentos de terror, con narraciones de Stevenson, Wilde, Ambrose Bierce, Bram Stoker y H. G. Wells, entre otros. La idea de allegar materiales clásicos y amenos a los lectores jóvenes es algo digno de reconocerse, y hay ciertas temáticas (como las de suspenso, misterio y terror) que los adolescentes y los jóvenes tienen entre sus preferidas. Igualmente, los relatos fantásticos pueden atraparlos con mucha facilidad. Por ello, Cortázar es una opción más que acertada. Lo que no se dice en ningún lado es quién eligió los 14 cuentos que, en un orden cronológico, corresponden a los siguientes libros: Bestiario (1951), Final del juego (1956), Las armas secretas (1959), Historias de cronopios y de famas (1962) y Todos los fuegos el fuego (1966). Al parecer no fueron ni Valenzuela ni Jarkowski, quienes sólo prologan y epilogan el volumen. Y si bien se dice, en la contraportada, que esta antología está compuesta por una serie de relatos clásicos de la obra de Cortázar, lo cierto es que la selección no parece tener un hilo conductor o un sentido temático o de atmósfera narrativa, sino más bien cronológico. En este volumen los lectores podrán hallar cuentos que son fundamentales en la narrativa cortazariana, tales como “Casa tomada”, “Lejana”, “Los venenos”, “La noche boca arriba”, “Las armas secretas”, “La salud de los enfermos” y “El otro cielo”, así como algunas muestras de las secciones “Manual de instrucciones”, “Ocupaciones raras” y “Material plástico” de Historias de cronopios y de famas, pero hay otros relatos no menos paradigmáticos que, publicados en los libros que van de 1951 a 1966, están ausentes de esta antología y que son tan o más antológicos que los incluidos, como “Carta a una señorita en París”, “Ómnibus”, “Cefalea”, “Circe”, “Las puertas del cielo”, “Las ménades”, “Axolotl”, “Final del juego”, “Cartas de mamá”, “Las babas del diablo”, “El perseguidor”, la sección “Historias de cronopios y de famas”, del libro homónimo, y “La autopista del sur”, entre otros. Desde luego, con Cortázar pueden hacerse múltiples antologías, según el gusto de cada cortazariano, y siempre serán antologías dignas de leerse y disfrutarse. Por ello tiene razón Luisa Valenzuela, cuando dirigiéndose, en su prólogo, a los potenciales lectores jóvenes, les dice: “Chicas, chicos, yo ahora los envidio un poco porque van a lanzarse con suerte a la magna emoción de descubrir por primera vez a un maestro del cuento, a un mago que de la simple galera que es la vida cotidiana, rutinaria, saca sorprendentes tesoros, muchas veces inquietantes y siempre deslumbrantes. Espero que la antología que tienen ahora entre manos les abra el apetito. Y entonces les sugiero que busquen más cuentos de Cortázar”. Ojalá que este volumen consiga su propósito y logre que los jóvenes descubran y lean la maravillosa cuentística de Julio Cortázar.
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