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Aritmética e impuestos
La colaboración anterior provocó un alud de comentarios, los cuales agradezco. La mayoría de ellos se concentraba en las últimas líneas del texto, en donde presentaba un ejercicio muy simple que mostraba que el IVA en alimentos es benéfico para los pobres Y decía que cuando no se puede con la aritmética, pues menos con los impuestos. Esta frase fue la causa de los correos. Hubo muy diferentes críticas al texto. Unas insistían en que el IVA es malo, y ya, por lo que no creo que merezcan mayor atención. Otras decían que muy poca gente come caviar, como decía el ejemplo, lo que también es una crítica muy errada, porque el argumento no depende de lo que se compra, sino de cuánto se paga. Finalmente, hubo opiniones acerca del gasto público y de casos específicos que vale la pena comentar. Antes de todo eso, le haré un ejemplo real del asunto del IVA, esperando que esto muestre con toda claridad las ventajas del impuesto. De acuerdo con los datos de INEGI, en 2005 los mexicanos tuvimos, en promedio, un ingreso de poco menos de 10 mil 400 pesos mensuales por hogar, de los cuales 8 mil 400 fueron en efectivo (lo demás es un ingreso que no es corriente: renta implícita, autoconsumo, regalos). En promedio, los mexicanos gastamos 2 mil pesos por hogar al mes en alimentos, bebidas y tabaco, dentro y fuera del hogar (en adelante diré alimentos, para no repetir). Pero los promedios son engañosos, así que veamos cómo se distribuye tanto el ingreso como el consumo para los grupos llamados deciles, que agrupan, cada uno, a 10% de la población. El decil I es el que tiene menor ingreso. En 2005, cada hogar en ese decil tuvo un ingreso de mil 755 pesos mensuales, de los cuales destinaron 764 pesos a alimentos. Si hubiesen tenido que pagar 10% de IVA sobre ese consumo, habrían pagado 76. Del otro lado del extremo, en el decil con más dinero el promedio de ingreso fue de casi 38 mil pesos, de los cuales 4 mil 160 se destinaron a alimentos. Si hubiesen pagado IVA, habría sido de 416 pesos. En promedio, como veíamos, el gasto en alimentos fue de 2 mil pesos por hogar. Si imaginamos un hogar promedio de cada decil, veremos que en el decil con menos ingresos el IVA pagado fue de 76 pesos, mientras que el gasto público adicional que podría recibir (si se distribuyese igual entre todos los hogares mexicanos) sería de 202 pesos, 10% del dinero destinado a alimentos. Esto significa que cada hogar del decil más pobre incrementaría sus ingresos en casi 126 pesos (un incremento de 7% sobre su ingreso total). En el otro extremo, el decil con más ingresos pagaba 416 pesos de IVA, pero recibe un incremento en gasto público de 202 pesos. Es decir, cada hogar de ese decil acaba pagando 214 más de impuesto de lo que recibe como gasto. Es un pagador neto de impuestos. De hecho, los que acaban pagando más de lo que reciben son el 40% más rico de la población. Aunque eso de rico es un decir, porque para estar en el decil VII, que es en donde se empieza a pagar más de lo que recibe, el ingreso es de 9 mil 500 pesos mensuales. Quedan algunos temas. Uno es si el gasto se distribuye efectivamente de manera equitativa entre los hogares mexicanos. Otro es de qué tamaño es la corrupción e ineficiencia. Esto porque puede ocurrir que acabemos pagando impuestos que nunca regresan en forma de bienes públicos. Pero estos dos temas son de gasto público, no de impuestos, y no serán mejores o peores porque se cobre IVA en alimentos. Déjeme decirle que hay una parte importante del gasto que sí se reparte más o menos igual entre todos (educación y salud es un ejemplo), y hay otra parte que se reparte pésimo, la educación pública superior, las pensiones y buena parte de los subsidios al campo, que son más desiguales que la misma distribución del ingreso. Ojo: los subsidios que tanto se defienden no sólo no reducen la desigualdad, la incrementan. Un último asunto de los lectores, que vale la pena comentar: las medicinas. El gasto en medicinas es desproporcionado entre los mayores, que además tienen menores ingresos y, en muchos casos, no tienen pensión. Cobrar IVA en estas medicinas podría ser un problema de vida o muerte para muchos de ellos. En esto hay dos soluciones. En el corto plazo, no cobrar IVA en las medicinas que más se utilizan, o repartirlas gratuitamente en las instituciones de salud (pero sin robos ni ineficiencia, como es costumbre). La otra solución tiene que ver con la planeación. No sólo la del gobierno, sino la de cada quien, ahorrando desde jóvenes para no vivir de limosnas en la vejez. Como puede ver, el IVA no sólo no daña a los más pobres, les ayuda. Lo que sí daña a los pobres es la estructura de subsidios hecha para sostener haraganes corporativos que mantenían en el poder al viejo régimen, y que quieren seguir viviendo igual. Que no lo engañen. macario@macarios.com.mx
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