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    Itinerario Político
Ricardo Alemán
05 de julio de 2007

Va la reforma fiscal

Abre gobierno amplio margen de maniobra para aceptar enmiendas de PRI y PRD

Se podría dar una sorpresa sobre Pemex, ya no sería una empresa estatal, sino social

Está claro que nadie sabe lo que pasará, al final de cuentas, con la iniciativa que presentó el gobierno de Felipe Calderón Hinojosa a manera de reforma fiscal —proyecto que está muy lejos de lo que muchos esperaban, pero que rebasa por mucho lo que otros tantos suponían—; sin embargo, con una propuesta como la anunciada tampoco se produjo la confrontación que muchos pronosticaban entre la derecha y la izquierda partidistas.

De igual manera, todos hemos visto que, en la respuesta mediática a la propuesta del gobierno federal, tanto el PRD como el PAN cuestionaron desde distintos frentes y en diversos tonos la reforma fiscal, pero en los hechos, los dos partidos decidieron sentarse a negociar con el PAN dicha reforma.

¿Por qué ese doble rostro entre el discurso y la práctica política? La respuesta es muy simple; porque en el diseño de la reforma fiscal los estrategas del gobierno de Calderón abrieron un amplio margen de maniobra para aceptar las enmiendas que pudieran venir de PRI y PRD.

En pocas palabras, que en la práctica los estrategas de Calderón le apostaron a jugar con las armas del adversario, lo que algunos entendieron como un claro rebase “por la izquierda”, mientras que otros vieron como un intento por arrebatarle a su más importante adversario, el PRD, y su ex candidato presidencial las banderas de su proselitismo callejero. Por eso se abren posibilidades reales de que con enmiendas de PRD y PRI esa reforma sea aprobada.

Como todos saben, el gobierno de Calderón no incluyó en su reforma fiscal los ingredientes que provocarían una suerte de guerra civil impulsada desde el PRD y su “legítimo” contra la odiada administración panista. No incluyó IVA en medicinas y alimentos, por lo que no grava directamente a los más pobres; propuso gravar a los que más tienen, a los empresarios medianos y grandes si bien no en los montos que muchos quisieran; aplica un impuesto de control, como el CETU, para impedir la elusión fiscal; faculta a los estados para el cobro de impuestos especiales, grava al comercio informal y propone fiscalizar los recursos en los tres órdenes de gobierno.

En términos generales —con matices que hacen la diferencia con lo propuesto por el PRD y por el PRI—, se camina en la misma dirección que lo planteado con los opositores. Pero acaso lo más interesante de la propuesta del gobierno federal es que dejó un amplio margen de negociación; se guardó bajo la manga espacios para ceder y, con ello, tener capacidad de negociación.

En este margen se localiza la respuesta a una pegunta fundamental que muchos se hacen respecto de la respuesta que dará el partido amarillo a la reforma: ¿por qué a pesar del llamado que hizo en la plaza pública el líder del PRD para no negociar nada sobre la reforma fiscal con el gobierno de Calderón, las representaciones de ese partido en el Congreso y la mayoría de sus gobernadores decidieron mantenerse en la negociación?

Y es que en los primeros encuentros que han sostenido legisladores de los tres principales partidos políticos, el llamado Grupo de los Tres, “G-3”, tanto el PRI como el PRD han encontrado buena disposición por parte del PAN a sus reclamos, a sus contrapropuestas y a cambios fundamentales, como el de incluir en la reforma un nuevo esquema fiscal y de propiedad de Pemex. Lo más interesante del asunto se localiza precisamente en lo relativo al destino de la paraestatal petrolera mexicana, en donde PRD y PRI han trabado en un esquema novedoso —para algunos hasta delirante—, que no implica la privatización de Pemex, que podría ofrecer una salida a su descapitalización y, sobre todo, garantizaría la propiedad social de la petrolera.

En los hechos se ha establecido una sólida alianza entre PRI y PRD en el Congreso, que busca impedir que el gobierno de Felipe Calderón se lleve las palmas sobre la reforma, que modificaría la reforma en aspectos sustanciales, y que le permitiría a los opositores aparecer como los grandes artífices de esa reforma. A su vez, en el gobierno federal y en su partido, más que reclamar la paternidad “del chamaco”, el interés está centrado en dos aspectos fundamentales; el técnico financiero y el político. Es decir, en contar con un instrumento de finanzas públicas que permita mayor margen de maniobra presupuestal, por un lado, y lograr lo imposible; sacar un acuerdo fundamental con el partido que niega la legitimidad del gobierno de Calderón.

¿Hasta donde está dispuesto el presidente Calderón a ceder en las propuestas y presiones político-presupuestales de PRD y PRI? De manera pública nadie lo ha dicho, en realidad pocos lo saben. Pero lo que sí se sabe es que el propio Presidente lleva las negociaciones —y algo sabe del tema, luego de su experiencia parlamentaria—, y sus cercanos dicen que su capacidad de maniobra y de negociación es muy amplia, tanto como sea necesario para que la reforma salga adelante, si bien no con el voto público del PRD, sí con el acuerdo político de ese partido. Son muy pocas las posibilidades de que podamos ver en los medios la imagen de los legisladores del PRD levantando la mano en favor de la reforma. Pero sí son muchas las posibilidades de que en el terreno político la aprueben y hasta metan sus propuestas.

Por lo pronto se podría dar una sorpresa sobre la nueva propiedad de Pemex, que ya no sería una empresa del Estado, sino social, de todos y cada uno de los mexicanos. Y habrá quienes digan que es lo mismo, pero ese es el secreto del asunto. Al tiempo.

En el camino

Si de antidoping a escolapios de primaria y secundaria se trata, ¿por qué no ampliarlo a todos los servidores públicos?

aleman2@prodigy.net.nx

 
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Apasionado del periodismo, así explica el autor su dedicación de más de 10 años a este espacio donde se afana en traducir, aclarar y revelar los entretelones de críptico ámbito que es la política. Su trabajo requiere análisis, conocimiento y paciencia para poner en su lugar las piezas del acertijo. Le intriga también la literatura, aunque asegura que ninguna novela es más interesante que la realidad política.
 
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