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A un año del 2 de julio
Dice la voz popular que las calabazas se acomodan conforme avanza la carreta. A un año del 2 de julio, Felipe Calderón ejerce el poder y su conducción ha significado la recuperación de algunos de los ingredientes de la Presidencia de la República que abandonó su antecesor. No más pareja presidencial ni botas de charol ni gabinete Montessori.
Sin embargo, el crecimiento económico y la generación de empleos siguen siendo mediocres; las Fuerzas Armadas asumen tareas cada vez más delicadas y sus extravíos cuestionan la estrategia y desgastan a la institución militar; a pesar de su condición de tercera fuerza política y ante el retraimiento del PRD, el PRI se ha convertido en un factor decisivo en la gobernación, y aunque la conflictividad social ha declinado, permanece la resistencia a la nueva Ley del ISSSTE y el conflicto social en Oaxaca muestra rebrotes.
El 2 de julio dejó en evidencia los déficit de nuestro sistema electoral, insuficiencias que se acentuaron por los errores del árbitro en momentos definitorios. Estuvo también la “mano negra” del presidente Fox y del Consejo Coordinador Empresarial. Al final, un porcentaje sustancial de los electores perdió la confianza en el árbitro. Hoy el IFE es parte del problema, no de la solución, y no se ve cómo podrá organizar y sancionar las elecciones federales intermedias sin el respaldo de tres partidos políticos: PRD, PT y Convergencia, con el recelo de más de un tercio de los electores y con las mismas reglas claramente insuficientes.
La decisión de López Obrador de impedir la toma de posesión de Calderón y, al no conseguirlo, hacerle la vida imposible, ha dado paso al reconocimiento de la autoridad presidencial por parte de figuras clave del PRD: gobernadores, legisladores y líderes sociales. Al mismo tiempo, la necedad de cerrar todo espacio al diálogo con el presidente Calderón sólo ha servido para convertir al PRI en el gran protagonista de este tiempo.
Aunque López Obrador sigue sin asumir sus propios errores, poco a poco y cada vez con menor timidez, los perredistas han pasado del infantilismo de atribuir la derrota a “los otros” (el IFE, Fox, el magisterio) al reconocimiento de sus propios errores, particularmente de la estructura paralela: las redes ciudadanas y los operadores de Andrés Manuel.
Después de aquel 2 de julio atípico, el PRD ha regresado a sus niveles marginales, casi testimoniales, en algunas entidades, como ocurrió en Yucatán; para colmo, hoy es el partido con mayor número de referencias negativas y a pesar de ser la segunda fuerza en la Cámara de Diputados y la tercera en el Senado, ha cedido protagonismo político frente al PRI y al PAN.
En su interior, el partido del sol azteca no ha resuelto de una manera institucional la relación con quien, a pesar de todo, es su principal activo político: Andrés Manuel López Obrador. Por eso es importante lo que ocurra el 15 de julio, cuando sean elegidos los mil 500 delegados al Congreso Nacional que definirán la nueva correlación de fuerzas. Como sea, Andrés Manuel no está muerto ni mucho menos: derrotó a la familia Cárdenas en su propia tierra y, con un antiguo colaborador suyo, Leonel Godoy, y otro de sus alfiles, Alejandro Encinas, puede ganar la presidencia del partido.
El PRI, por su parte, se ha convertido en pieza clave, pero sigue siendo el mismo. Beatriz Paredes parece atrapada en la curva de lento aprendizaje y defendiendo lo indefendible: Ulises Ruiz y Mario Marín. En tanto, los coordinadores parlamentarios fijan la línea y los gobernadores no responden a nadie.
El tercer protagonista, Roberto Madrazo, se desvaneció y con él el “madracismo”. Su última aparición fue para dar a conocer su libro “autobiográfico”: La traición.
A un año de distancia aparecen nuevos actores y se muestra el protagonismo inédito de otros: las Fuerzas Armadas y la Suprema Corte de Justicia. Un nuevo protagonista es el kindergarten, ese núcleo de jóvenes que rodean al Presidente y cumplen tareas estratégicas. Otros actores recientes son la Convención Nacional Democrática y el FAP, esa alianza del PRD con el PT y Convergencia, que podrían ser la simiente del partido del “presidente legítimo”.
Director de Grupo Consultor Interdisciplinario, S.C.
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