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El terrorismo ante el sucesor de Blair
El heredero en Downing Street 10 de Tony Blair estrena su mandato como primer ministro con actos terroristas que han anunciado, en Londres y Glasgow, que la guerra continúa. Digo “guerra” no irresponsablemente. Empleó esa definición el 15 de septiembre de 2001 el presidente Bush. Señaló: “Aquellos que hacen la guerra a EU han elegido su propia destrucción”. Añadió que EU respondería “sin campos de batalla ni cabezas de puente”. Reconoció que “el conflicto será largo”. Los talibanes de Afganistán se negaron entonces a entregar a Bin Laden y ello supuso, finalmente, la intervención militar contra Afganistán. Lo previó Al-Qaeda. En efecto, dos días antes del atentado contra las Torres Gemelas, dos marroquíes con pasaporte belga, bajo la apariencia de periodistas, pidieron una entrevista al líder afgano Masud, que era un aliado del mundo occidental. Fue asesinado por los dos marroquíes en un atentado suicida. Nadie advirtió que era una anticipación previsora si, como se intuía, la responsabilidad recaía sobre Bin Laden fielmente guardado por los talibanes. Que yo sepa, sólo una mujer en Suiza, que había estado casada con un hermano de Bin Laden (uno de los 53, ya que su padre tuvo varias esposas), creyó que algo grave se avecinaba. Escuchó la noticia del asesinato de Masud en el radio de su automóvil. Así lo declaró a Paris Match y en esa revista lo leí. La organización Al-Qaeda en Afganistán (invadido por la URSS, y por ello se creó un movimiento islámico en defensa del Afganistán que contó con la ayuda de la CIA que armó, organizó e instruyó a sus componentes, entre los cuales se encontraba Bin Laden, hijo de una familia de millonarios saudíes) estuvo protegida por un líder talibán, Mullah Omar, que, como Bin Laden, ha eludido todos los intentos de captura. La intervención de una coalición internacional dirigida por EU contra el régimen talibán lo derrocó y se organizó un gobierno provisional bajo el apoyo militar de la OTAN. Hoy ese gobierno vive seria crisis y se han reorganizado las fuerzas talibanes. Esa situación aumenta la tensión política y religiosa en Paquistán que, aun siendo aliado privilegiado de EU, no ha podido (o no ha querido) impedir que su frontera y su zona montañosa sean un área “porosa” inquietante. Cada día que pasa el gobierno militar de Paquistán tiene más problemas. Al-Qaeda ha reorganizado sus proyectos y actúa a escala con atentados que tienen una clara dimensión política. Atentados que buscan crear un claro desorden institucional en los países atacados. Los casos de España, en vísperas electorales, y los atentados en Londres tuvieron resonancias más graves socio-políticamente que las terribles consecuencias mismas de los atentados. En el caso de Londres la tragedia se amplió al saberse que los suicidas pertenecían a la generación instalada ya en las universidades inglesas y que, por tanto, parecían perfectamente integrados. Uno de ellos era campeón universitario de un deporte tradicional inglés. Ese inmenso golpe moral destruyó las bases mismas de la convivencia en una ciudad, Londres, que había sido bautizada ya Londonistán. Los atentados actuales, aunque medio desmantelados, son un claro aviso al sucesor de Tony Blair. Para que no hubiera duda, uno de los atentados se ha producido en Glasgow, Escocia, espacio natal de los dos, esto es, de Blair y de Brown. No se sabe aún si la ausencia de precisión de los atentados se ha querido que sea así o la urgencia de enviar un “aviso” estuvo por debajo ya de la capacidad policiaca en sociedades cada vez más entrenadas en el proceso antiterrorista. De lo que no hay duda es que Al-Qaeda marca los territorios y plantea a escala un desafío a occidente cuando Irak y su derredor están en el caos. alponte@prodigy.net.mx
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