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    Economía Informal
Macario Schettino
29 de junio de 2007

Reforma en tres actos

La propuesta de reforma fiscal del Ejecutivo dista mucho de resolver el problema de recaudación que tenemos

Si usted ha tenido la amabilidad de seguir esta columna en los últimos tiempos, sabrá que nuestra propuesta es triplicar la recaudación en un periodo razonable de tiempo, es decir, al menos 10 años.

Hay dos razones para ello. Primero, si no recaudamos al menos 25% del PIB, no estaremos en posibilidad de competir seriamente en el mundo global. Con lo que hoy cobramos, apenas 10%, ni siquiera podemos pagar la educación y salud que hoy tenemos, que es bastante miserable. Para completar el pago a profesores y médicos, y para pagar todo lo demás, dependemos del petróleo, que aporta más de siete puntos del PIB al gasto del gobierno. Pero el petróleo se acaba, y recuperar una plataforma de exportación importante exige no sólo inversiones del orden de 3% del PIB cada año, sino además esperar seis años a que los nuevos pozos empiecen a producir. Si además le suma usted que tenemos que empezar a pagar los pidiregas (los proyectos de inversión que se financiaron por fuera de las cuentas públicas y que, nada más en Pemex suman 60 mil millones de dólares, 6% del PIB) y cubrir el crecimiento de las pensiones, que no es pequeño, entenderá usted la urgencia de recaudar más y pronto.

Pero un incremento en recaudación muy elevado puede ser muy dañino para la economía, porque los impuestos son como el ahorro, quitan recursos. Uno piensa que ahorrar es bueno, pero no es así. Lo bueno es invertir, y para eso se ahorra. Lo mismo ocurre con los impuestos, que por sí mismos no son buenos para la economía, sino cuando regresan a través del gasto público. Si de pronto incrementara usted la recaudación en, digamos, cinco puntos del PIB, eso implicaría que la sociedad perdería 5% de sus ingresos. Si no regresaran rápido y de manera eficiente a través del gasto, el resultado sería una caída de la economía.

Por eso, un incremento en recaudación debe ser paulatino, y por eso el tamaño del incremento debe ser bastante elevado, en el mediano plazo. México debió haber incrementado su recaudación cuando lo hicieron todos los países occidentales, es decir, en la posguerra, sobre todo hacia los años 60. Pero acá el régimen autoritario requería del apoyo de los empresarios, a los que no les cobraba impuestos, y del apoyo de los sindicatos, a los que les ofrecía pensiones impagables, y del apoyo de los campesinos, a los que daba subsidios sin sentido. Y así con cada grupo de la población. Incluso, en los 70 este fenómeno se trasladó a las universidades, que ampliaron su matrícula y las prestaciones de los profesores, incluyendo pensiones, de manera que hoy tenemos varias universidades estatales en insolvencia absoluta. Desde mediados de los 70, México ha vivido en un cuento, financiado primero con deuda, después con petróleo, y siempre a través de la simulación: "Hacemos como que pagamos, y el gobierno hace como que presta servicios de calidad".

El resultado es el país de miseria que hoy tenemos. Uno de los 10 más grandes del mundo, pero con un sistema educativo en el lugar 50, con investigación y desarrollo en el lugar 70, y así con la variable que usted quiera.

Frente a esta situación, debería ser perfectamente claro que es necesario recaudar más, pero no lo es. Existe todavía un segmento de población que no cree que el gobierno deba tener más dinero, porque a sus ojos ya tiene suficiente y el problema es que lo gastan mal. Esto es un error, el gobierno mexicano no tiene suficiente dinero. Puede ser que lo gasten mal (de hecho, no dudo que así es), pero de cualquier manera falta.

En esa dirección se entienden dos de las medidas de la reforma fiscal propuesta. Una, orientada a mejorar el gasto público (su control y transparencia), y la otra pasando parte de la responsabilidad recaudatoria a los estados. Este punto es clave porque los gobiernos estatales prácticamente viven del federal, y lo único que hacen es estirar la mano. Entre las medidas de corresponsabilidad, una fundamental es la vigilancia del dinero que se transfiere del gobierno federal a estados y municipios, que suma decenas de miles de millones de pesos al año, y que nadie sabe en dónde están.

Si usted cree que en el gobierno roban, apunte sus baterías a los gobiernos estatales y municipales.

De hecho, busque usted cuánto se transfirió a su municipio y verifique si se usó en algo. No dudo que lo encuentre en camionetas de lujo para los funcionarios, entre otros detallitos.

Además de estas dos medidas, el gobierno propone dos nuevos impuestos, que le comentaré en la próxima colaboración, pero espero que hoy quede usted convencido que es necesario cobrar más, y que urge hacerlo.

macario@macarios.com.mx

 
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PERFIL
 
Doctor en Administración, candidato a doctor en Historia. Ha sido profesor investigador en El Colegio de México y el Tecnológico de Monterrey. Es director de Investigación y Programas Doctorales del Tec de Monterrey, campus Ciudad de México, y director de la sección Finanzas de El Universal. Ha publicado 12 libros. Su columna consiste en análisis sencillos de fenómenos económicos y financieros.
 
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