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En muy pocas ocasiones me he topado con un hombre que abiertamente acepte su misoginia y su consecuente sufrimiento. Por lo regular se oculta tras el rostro de la soberbia y la fanfarronería. La misoginia es el odio a las mujeres. Se les ve como inferiores, se les cuestiona y critica por todo, se les ridiculiza, ofende, se les culpa de todo lo malo que sucede alrededor de los varones. Se les reta y hasta se les mata. ¿Cómo se vive odiando a la mitad del mundo? Nuestro amigo lector, expuso sinceramente su problemática y espera una respuesta. La historia "Tengo 38 años, soy casado, tengo dos hijos (niña de 7 y niño de 2 años). Me declaro misógino por diversos tests que me he aplicado y porque así me educaron. Eso fue lo que aprendí de mis padres. Mi papá es alcohólico, mi mamá extremadamente sumisa, en ocasiones siento que son un lastre en mi vida, indirectamente buscan que les resuelva su vida económica, no quiero hacerlo, pero el sentimiento de familia es más fuerte. A raíz de escucharte y leerte intento día a día luchar con ese misógino interno, no sabes cómo me cuesta. La bestia en ocasiones despierta sin avisar y al final, la mayoría de las veces termino con el sentido de culpa, pero como dicen, el daño está hecho. "Nací y crecí prácticamente pobre en una familia de 6 hermanos, con un padre obrero y alcohólico. Vivíamos en una vecindad donde fui violado por un familiar como a los 7 años. Yo no tenía conciencia de ello hasta que crecí y supe lo que me había pasado. Esto, como es obvio, no lo pude contar a mis padres. Fui un niño golpeado, crecí solo. Mis padres trabajaban y yo era el único que iba a la escuela por las mañanas. Todas las tardes aprendí a estar solo. Me la pasaba en la calle con mis amigos, lo único que me salvó de ser vicioso fue el miedo a mi padre, a que no me encontrara en casa cuando regresara, el precio era una golpiza. En la calle aprendí a no depender de nadie, a no confiar en nadie, a luchar solo. Estas viejas ideas hoy en día me hacen daño. "No tengo un grupo de amigos con el cual convivir e integrarme; cuando lo he intentado fracaso porque no acepto las ideas de los demás, me parecen equivocadas. Tengo un conflicto existencial, no me gusta pedir ayuda; no me gusta visitar ni que me visiten, no soy bueno en las relaciones humanas. La comunicación en mi relación de pareja no es buena. Las pocas veces que intentamos platicar, se toma conciencia pero no se ven acciones. La lucha de poder e ideas no la podemos superar; jugamos a que no pasa nada y se evita volver a tocar el tema, pero en el fondo no se resuelve nada. Jugamos a la casita, a ser buenos padres y hacer nuestra parte. Mi esposa a las labores de ama de casa y yo a trabajar y proveer dinero. El aspecto sexual se está convirtiendo en "cumplir", ella casi siempre tiene sueño y yo he recurrido a la masturbación obsesiva. "Sé que tengo un problema; sé que mi proceder es negativo, no quiero seguir descargando mis frustraciones e ira con mi pareja, hijos, familiares y compañeros. Quiero aprender a vivir y disfrutar el presente, arrancar el pasado. Es bueno recordar, pero lo mío es una nostalgia obsesiva y compulsiva". Lector del estado de México. Le agradezco la sinceridad de sus palabras y el valor que tuvo para enviarlas. Como lo decía al principio del texto son muy pocos son los varones que se reconocer misóginos, con todo lo que esto implica; pero es todavía más difícil que acepten que esta manera de ser y de pensar les lleva al sufrimiento. La misoginia es una cultura, y esto quiere decir que además de la familia, otras instituciones se encargan de respaldarla y difundirla: las escuelas, las religiones, los estados. Y vuelvo a preguntar ¿cómo se vive odiando a la mitad de un país, a la mitad del mundo? Lo que usted vivió en casa se complicó más todavía con la enfermedad del alcoholismo. Esta no solamente afecta a la persona que bebe, sino también a los que le rodean. Usted describió muy bien algunas de las características de los hijos de alcohólicos: no sentir, no confiar, no hablar. El hostigamiento emocional o la violencia abierta contra la mujer y los hijos que llega a ejercer un alcohólico, dejan una huella indeleble. Su padre no escogió la enfermedad, pero sí tenía que haberse responsabilizado de ella, de igual manera que usted no eligió la casa en la que nació ni su familia, pero tiene la responsabilidad de transformar lo que vivió. Quedarse con "así me educaron y así soy", es negarse la posibilidad de buscar y experimentar nuevas formas de vida que le permitan ser mejor persona. La sexualidad de los misóginos también es muy limitada. La constante es dominar, ganar, someter; son incapaces de abandonarse al placer porque siempre están a la defensiva. Les cuesta trabajo sentir, disfrutar plena y amorosamente de "eso que odian". La vida de pareja no corre mejor suerte, es muy desgastante tratar de establecer un diálogo con alguien que "siempre tiene la razón", "que sabe más que las mujeres". No todas las mujeres del mundo son su madre, ni todos los hombres su padre, ni usted tiene por qué vivir atrapado en la soledad y el resentimiento. Tiene mucho que trabajar con usted y sus emociones. Me queda claro que la manera de pensar que tiene hasta ahora le impide imaginar siquiera que se puedan expresar emociones y mucho menos hablar de ellas, entiendo que su entrenamiento emocional le ha llevado a callar por años, pero lo felicito porque ya se cansó. Contrario a lo que muchos de sus congéneres pensarían, considero que su sinceridad lo puede llevar a conectarse con otro tipo de pensamiento, a una manera distinta de vivir su masculinidad. Con una experiencia de muchos años de trabajo con varones, el grupo de Hombres por la Equidad puede ser una muy buena alternativa para usted. Este equipo de profesionales y especialistas en la conflictiva masculina puede brindarle un panorama distinto. Hay grupos de trabajo, talleres y terapia individual. No se trata de hacerlo a usted sumiso ni obediente, se trata de ayudarlo a desarrollar las herramientas necesarias para que tenga una mejor calidad de vida y usted mismo vaya eliminando las conductas que le dañan. Para lograr un cambio real en nuestras vidas no existen varitas mágicas, al contrario, se necesita de una gran necesidad de cambio y el compromiso para hacerlo. Sé que la mayor parte de su vida la pasa fuera del Distrito Federal, pero también sé que puede darse un tiempo para venir a buscar una solución. Contacte a estos hombres que también decidieron dejar de sufrir: 1107-7797. www.hombresporlaequidad.org.mx y at@hombresporlaequidad.org.mx A reserva de su trabajo terapéutico, no estaría mal que leyera el libro Eso no me sucederá de Claudia Black, Editorial Pax. Este texto nos acerca a la problemática que viven los hijos de familias alcohólicas cuando son adultos, sus miedos, sus alternativas. Es vasta la literatura sobre el tema, pero muy pocos se acercan a los hijos adultos que como usted sabe enfrentan una vida compleja. Tiene un capítulo pequeño en el que habla de la sexualidad, que por cierto no es su principal problema. Usted requiere de una atención integral y espero que la encuentre muy pronto. Ánimo. patricia.kelly@eluniversal.com.mx
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