|
Con la presentación del proyecto denominado ley de protección del sexoservicio, diputados del PRD en la Asamblea Legislativa de la ciudad de México han vuelto a encender la mecha de las discusiones sobre temas de interés general. Le pregunto a usted lector, a usted lectora: ¿cree usted que sea necesario regular la prostitución? Y otra cuestión ligada pero diferente: ¿le parece que hay condiciones reales para regular esa actividad conocida como el oficio más antiguo? Como decía el ciempiés, vamos por partes. La propuesta busca, en primera instancia, anular el vigente artículo 24, fracción VII, de la Ley de Cultura Cívica del D. F. que castiga la acción de "invitar a la prostitución o ejercerla, así como solicitar dicho servicio". La violación a esta disposición se sanciona con una multa equivalente entre 11 y 20 días de salario mínimo, o con arresto que va de 13 a 24 horas. Estas sanciones se aplican, como usted podrá ver, tanto a la persona que ofrece el sexo-servicio como a quien lo solicita. La prostitución está prohibida en la ciudad de México, como está prohibida en todos los estados de la República. y sin embargo, se ejerce. Aquí como en el resto del planeta. Ese es un hecho que, nos guste o no, nos parezca deleznable o no, estético o no, existe; y si existe es mejor que esté realmente regulado por la ley y sea supervisado por autoridades de salud. Tome usted en cuenta que la prostitución está prohibida, reglamentada o tolerada en los distintos países. En México, como en tantas otras cosas, seguimos un régimen de simulación, pues si bien está proscrita, también es tolerada por las autoridades. Y es que, fíjese en este dato: a pesar de la revolución sexual que se inició en la célebre década de los años 60, y a pesar de la terrible epidemia del SIDA (que llevó a la tumba a un buen número de prostitutas y clientes en el mundo), la prostitución no ha perdido clientela. Los investigadores sobre sexualidad, Masters y Johnson, proponían que la prostitución esté bajo control médico para prevenir no sólo enfermedades venéreas sino para prevenir trastornos sexuales de muchos individuos. Ya sabe usted, nunca falta un loquito en la familia que no encuentra cómo satisfacer sus "particulares" necesidades sexuales y anda por ahí causando problemas más o menos graves. Y es que, nos guste o no, nos parezca moralmente correcta o no, la prostitución cumple objetivos en nuestras sociedades. En diferentes estudios sobre las motivaciones que llevan a buscar ese servicio, se encuentran los siguientes resultados: acuden a ella jóvenes que desean ser iniciados en el sexo (suelen ser tímidos o tienen demasiados barros en la cara); también buscan servicios sexuales algunos hombres sin pareja (feos, acomplejados o ambas cosas a la vez); maridos aburridos de la miseria erótica de sus esposas, o que buscan un erotismo especial que se avergüenzan de proponérselo a sus mujeres; turistas que compran aventuras sexuales con parejas que consideran "exóticas"; aunque también están los casos de hombres inseguros (¿a poco hay?) que no quieren ser comparados con otros varones de su ambiente; y no faltan los perversos que requieren de servicios "específicos"; y, por último, también requieren de los servicios de una prostituta ciertos hombres adinerados que quieren demostrar que con su dinero pueden comprar cualquier cosa (¿se acuerda usted de películas como Arturo, el millonario seductor o Una propuesta indecorosa?) Frente a esta realidad, están los puntos de vista morales que, desde luego, no pueden ser desoídos. Y es que estamos hablando de un negocio cuya finalidad es la ganancia a partir de la venta de servicios sexuales. Un servicio que, además, a veces va aparejado con otros problemas sociales como el alcoholismo, las drogas o cosas peores como la prostitución impuesta a menores de edad, por no mencionar el lenocinio y el turismo sexual. Bueno, y uno diría, precisamente porque existe todo eso, es mejor que la prostitución se ejerza con control legal y vigilancia médica. Además, la propuesta de los legisladores del PRD contempla seguir modelos que ya se aplican en Uruguay y Holanda (aunque no me imagino la Zona Rosa convertida en lugar para "escaparates" como los de Ámsterdam) y propone la existencia de ciertas restricciones, como por ejemplo, que los perímetros para solicitar el sexo-servicio se sitúen a no menos de 300 metros lineales de unidades habitacionales, escuelas, hospitales, centros de salud, parques e iglesias. Eso me parece bien, pero el problema es que si esta iniciativa prospera, habrá sitios definidos, ciertas calles o avenidas (hoy, nada más hay que ver Insurgentes y Viaducto después de las de la noche) que necesariamente van a toparse con ciertos vecinos y esos vecinos no van a querer tener semejantes "espectáculos" afuera de sus hogares. Usted como yo, seguramente considerará que se trata de un problema muy complejo, con muchas aristas difíciles de manejar porque también se cruzan intereses de todo tipo. Es evidente, por ejemplo, que el policía que esquilma a una prostituta no quiere que las cosas cambien: se le acabaría el negocio. ¿Será la ley la que elimine la explotación y los abusos de las prostitutas? Así, así de golpe, no lo creo. Como quiera que sea, tal vez usted coincidirá conmigo en que es preferible tomar estos asuntos como problemas de salud y no problemas de moral. Yo creo que los temas de salud son generales, mientras que los morales dependen de grupos y personas. La salud pública es el tema, y no otro.
|