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Ricardo Rocha
21 de junio de 2007

El día D

No hay exageración alguna. Hoy es un día histórico para nuestro país. Y por supuesto que "lo que se está juzgando es mucho más que una violación a los derechos humanos de una periodista que dio voz y protección a niñas y niños abusados. Lo que está en juego es saber, de una vez por todas, si las y los mexicanos comunes tenemos alguna posibilidad de que el Estado nos proteja de los criminales que se alían con servidores públicos. Esos que desde los poderes Ejecutivo y Judicial utilizan el sistema de justicia penal para proteger redes criminales de todo tipo, incluyendo redes de pornografía infantil y corrupción de menores. Porque las autoridades poblanas involucradas no necesitaron participar en algún acto de pederastia para convertirse en cómplices. Bastó llevar a cabo una concertación antijurídica para enviar el mensaje público: se protegen los derechos de los victimarios y se castiga a las víctimas y a periodistas que se atrevan a revelar los hechos verdaderos y comprobables".

Por ello, lo que decida hoy el Pleno de la Corte en el caso Lydia Cacho-Mario Marín marcará un precedente fundamental en la vida de nuestra incipiente y maltrecha democracia. Creer o no creer, he ahí el dilema. Creer que en este país todavía hay justicia para los más débiles. Y no creer nunca más que es absolutamente normal que los poderosos abusen desde sus cargos políticos siempre aliados al otro poder corruptor del dinero, todos bajo la zalea protectora de la más absoluta impunidad.

Nunca como ahora se habían combinado y evidenciado tantas atrocidades como en este caso de abuso de poder. Todas las agravantes están ejemplificadas: desde aquel monumento a la abyección que fue la conversación entre el textilero Kamel Nacif y Marín, el gobernador de Puebla; el ultramillonario, jugador compulsivo y explotador laboral elevado a la categoría de "héroe" por el mandatario estatal; el alarde cobarde de haber castigado a "la vieja cabrona" y el mensaje inequívoco de las "bellísimas botellas de coñac". Pero hay mucho más: la probada confabulación del góber precioso no sólo con Nacif, sino con -entre otros- el presidente del Tribunal Superior de Justicia de Puebla, Guillermo Pacheco, y la juez local Celia Pérez González, y muchos otros policías y funcionarios que tramaron cada detalle del secuestro, tortura y amenazas de violación y de muerte contra Lydia Cacho. Todos ellos deberían ser castigados por sus actos.

De hecho, vale aclarar que si bien el trabajo del ministro Juan Silva Meza -más de mil fojas- está debidamente investigado y documentado, los resolutorios que de él deriven no tienen carácter vinculatorio. Tocará entonces a otros órganos como el Congreso y la PGR juzgarlos y castigarlos; vamos a ver de qué están hechos. Lo que desde ahora está probado es que hay responsabilidades políticas, administrativas y penales que no pueden ser eludidas dado el peso moral que tendrá el fallo de la Corte. Y es eso precisamente lo que está en juego: la moral pública. Ahora tan mancillada por los crímenes horrendos de Zongolica, Castaños, Nocupétaro y La Joya.

Por eso el de hoy es un día D en esta larga batalla entre los criminales oficiales y los ciudadanos de a pie que excepcionalmente, como ha hecho Lydia, tienen el inmenso valor para denunciar el abuso y confiar en la justicia. No hay mejor definición en este trance que lo expresado en el comunicado que orgullosamente firmamos varios miles: hasta ahora, las repercusiones sufridas por las víctimas de Jean Succar Kuri -el pederasta de Cancún- y la persecución en contra de Lydia Cacho parecerían dar la razón a ocho de cada 10 mexicanos que consideran inútil denunciar un delito porque las instituciones del Estado no les darán protección. Si las autoridades poblanas son eximidas de su responsabilidad, si no se reconoce la evidente existencia de redes de pornografía, abuso y trata de menores en México, será muy difícil que algún otro ciudadano se atreva a desafiar en un tribunal a hombres que utilizando el poder público corrompen a la sociedad y fortalecen la criminalidad en México.

De esa dimensión es lo que hoy se decidirá en la Corte.

ddn_rocha@hotmail.com

 
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PERFIL
 
Ricardo Rocha ha sido redactor, reportero, corresponsal de guerra, productor y conductor de programas. En 1977 cubrió por dos meses la Revolución Sandinista en Nicaragua, lo que le valió el premio nacional de periodismo. Diseñó y condujo los programas "Para Gente Grande" y "En Vivo". Es co-autor de "Yo Corresponsal de Guerra" y autor de "Conversaciones para Gente Grande". En el 97 creó el concepto "Detrás de la Noticia" y en 1999, al separarse de Televisa, lo consolidó con la agencia informativa.
 
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