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    Itinerario Político
Ricardo Alemán
14 de junio de 2007

Como presidente del tricolor, RMP impulsó a su amigo a la alcaldía de Tijuana

José Guadalupe Osuna Millán, del PAN, va a la cabeza por ocho puntos porcentuales

E l próximo 5 de agosto los habitantes de Baja California acudirán a las urnas para elegir a su nuevo gobernador, cinco alcaldes y 25 diputados locales, en una contienda que nuevamente enfrentará al bipartidismo PRI-PAN, ante la inexistente alternativa de izquierda.

Baja California tiene el nada despreciable estandarte de ser la primera entidad federativa en la que arrancó la alternancia en el poder estatal —hace 18 años, en 1989—, ya que fue el primer gobierno que el PAN le arrebató al PRI, con lo que se dio origen a la alianza histórica entre esas fuerzas políticas, que en el terreno electoral fue bautizada como “concertacesiones”, porque mostró todas las características de una entrega pactada del poder.

Pero las peculiaridades de la elección que el domingo 5 de agosto se llevará a cabo en Baja California van más allá. En efecto, el PAN ha gobernado esa entidad en los últimos 18 años —no siempre con los mejores resultados y en muchos casos de manera cuestionable—, pero en todo ese tiempo el PRI se mantuvo vivo, sobre todo, luego de que en su gestión al frente del Revolucionario Institucional, Roberto Madrazo impulsó a su amigo Jorge Hank Rhon como alcalde de Tijuana, en una estrategia encaminada a llevarlo al gobierno del estado.

El señor Hank Rhon —un poderoso empresario de apuestas al que desde siempre se le acreditan presuntos nexos con el crimen organizado— ganó de manera apretada la alcaldía de Tijuana y antes de concluir su gestión ya buscaba la gubernatura, luego de someter al PRI estatal a golpe de dinero. Jorge Hank Rhon no sólo es heredero de la dinastía que fundó su padre en el estado de México —el mítico Carlos Hank González, que encabezó el llamado Grupo Atlacomulco—, sino que ha formado su peculiar imperio económico a partir de una personalidad propia, asociada a la riqueza insultante, la frivolidad y el gusto por los animales salvajes, que lo han convertido en una personalidad en cuyo diccionario no existe a palabra “derrota”.

“Voy a ganar con un margen de tres a uno”, alardeó Hank Rhon desde el momento en que anunció que se postularía como candidato del PRI al gobierno de Baja California. Y en efecto, ese símbolo de frivolidad y riqueza que ofende, y de la pasión por el juego, tiene todo para ganar el gobierno de una entidad donde el PAN ha sido incapaz de ofrecer resultados a una sociedad atrapada por la violencia, las drogas, el tráfico de indocumentados y la vecindad con Estados Unidos.

Pero se equivocan quienes pretenden encontrar, por ejemplo, líneas paralelas entre Baja California y Yucatán. Y es que el PRI bajacaliforniano no es el PRI de Yucatán. O si se quiere, los acuerdos políticos entre el gobierno de Felipe Calderón y Beatriz Paredes —como ocurrió en el caso yucateco—, no son lo mismo entre Calderón y Madrazo. ¿Por qué esa comparación? Por una razón elemental: porque detrás de Jorge Hank Rhon —más allá del PRI— está el señor Roberto Madrazo, el ex candidato presidencial perdidoso que comulga muy poco —o a casi nada—, con la actual dirigencia del PRI.

El PAN y el gobierno de Calderón ya pagaron —en el caso de Yucatán— la factura de la alianza PRI-PAN, que se traducirá en importantes reformas en el Congreso. Por eso, en Baja California el PAN no cederá ni un milímetro sus esfuerzos por mantener una plaza que consideran estandarte de su acceso al poder. Acción Nacional apoyará con todo a su candidato, José Guadalupe Osuna Millán, cuya ventaja sobre Jorge Hank Rhon es de por lo menos ocho puntos porcentuales, según las más recientes encuestas.

No hay duda de que Jorge Hank Rhon es un buen candidato a gobernador —sobre todo, porque convirtió su cultura de éxito y su imagen de adinerado todopoderoso, en un mensaje de eficacia y éxito—; no hay duda de que tiene consigo a uno de los más eficaces y reconocidos publicistas —a Carlos Alazraki, también publicista de Madrazo—, y que dispone de los recursos económicos necesarios para sostener una fuerte campaña mediática.

Pero resulta que se enfrentará a un voto duro panista que apenas fue probado en la pasada elección de julio de 2006. Vale recordar que hace casi un año, el PAN y su candidato Calderón se llevaron 47.35% de los votos, contra 21.38% del PRI de Madrazo, y 23.59% de la alianza izquierdista de AMLO. Hoy, según las más recientes encuestas, el panista José Guadalupe Osuna Millán tiene 51% de las preferencias, en tanto que el priísta Jorge Hank Rhon alcanza 43% de los potenciales electores.

¿Cómo se deben interpretar esas cifras? Queda claro que el voto duro del PAN no sólo se mantiene en la elección a gobernador —respecto a la presidencial—, sino que creció en cuatro puntos porcentuales. Al candidato del PRI prácticamente se transfirieron los votos que en el año 2006 habría captado la alianza del PRD, hasta llevarlo a sólo ocho puntos de diferencia del PAN. El problema con una elección tan cerrada como la que parece que se dará en Baja California, es que ya no existen muchos votos en disputa —ya no hay votos libres—, y será muy difícil —que no imposible— que Jorge Hank Rhon le arrebate votos duros al PAN o el PAN al PRI. Por eso la elección se ha convertido en una guerra sucia, en donde lo que cuenta es el desprestigio del adversario, no las capacidades propias. Hasta hoy no hay nada para nadie.

aleman2@prodigy.net.mx

 
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Apasionado del periodismo, así explica el autor su dedicación de más de 10 años a este espacio donde se afana en traducir, aclarar y revelar los entretelones de críptico ámbito que es la política. Su trabajo requiere análisis, conocimiento y paciencia para poner en su lugar las piezas del acertijo. Le intriga también la literatura, aunque asegura que ninguna novela es más interesante que la realidad política.
 
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