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Más de uno salió espantado a principios del siglo XX de las funciones del Teatro Arbeu, otrora centro de reunión de la sociedad porfiriana y luego escenario de los más fastuosos y animados espectáculos de teatro y carpa. Muchos afirmaron haber visto a una monja plañidera sentada en alguna de sus butacas, otros la identificaban como una mujer con rebozo, de esas que se contratan para llorar a los difuntos con pocos amigos y dolientes. Por algunos años la creencia de que una mujer fantasma habitaba en aquel recinto cobró alas propias, y más de uno, durante las funciones miró de reojo a su alrededor temeroso de estar en su cercanía. En las semanas reciente hemos recordado algunas de las leyendas urbanas poco conocidas en el Distrito Federal. Agradecemos la avalancha de correos de nuestros amables lectores, quienes animados por el tema nos han hecho llegar sus experiencias o narraciones de las historias que escucharon a sus padres y abuelos. Precisamente este mito ha sido muy mencionado. La historia de la monja de Teatro Arbeu se difundió incluso en los folletines ilustrados que algunas empresas tabacaleras publicaban para promocionar su producto, y en los dibujos se le plasmó como la mismísima muerte vestida de religiosa, la cual ocultaba sus huesos bajo los gruesos ropajes. Muchos coinciden en que la leyenda no surgió precisamente en el Teatro Arbeu, sino en el templo de San Felipe Neri, en cuyo interior fue construido este foro y donde se tejieron muchas historias truculentas y fantásticas del tiempo de la Colonia. En pocas palabras, el teatro heredó los fantasmas chocarreros del siglo XVIII, quienes quizá entretenidos por las funciones, llevaban sus artes hasta las mismas butacas. Entre las versiones sobre el origen de las presencias, figura la de una bella monja que sufría de mal de amores. Se dice que los padres de la desdichada, señores de alcurnia muy amigos del virrey, se escandalizaron cuando su hija se enamoró de un caballerango. El remedio para tal osadía fue confinarla a las filas del convento donde pasó muchos años expiando sus calenturas. Un día, durante un paseo con sus compañeras religiosas, la aún bella monja vio al caballerango en compañía de su esposa y un bebé de brazos. Devastada porque aquel destino pudo haber sido el suyo, la mujer lloraba todos los días en el confesionario del templo de San Felipe Neri. Se cuenta que enfermó de tristeza y que aún después de su muerte su llanto se escuchaba en los rincones de la antigua construcción. Según la leyenda, los encargados del Teatro Arbeu recibieron en numerosas ocasiones reclamos del público con respecto a que "una monja latosa y llorona" no los había dejado concentrarse en el espectáculo. Debido a que las quejas se multiplicaron a lo largo de los meses y como los hábitos no son una vestimenta que pase precisamente desapercibida, se puso sobre aviso a los porteros para que no dejasen pasar a ningún religioso a menos que viniese en grupo o con algún acompañante influyente. Pero ni así pararon los incidentes. Con el tiempo algunos asistentes sintieron en sus nucas el famoso frío espectral, que según dicen, causa también un cosquilleo en la pelambre, similar al de la electroestática. Los más imaginativos afirmaban que al estar en su butaca, alguien les había soplado en las orejas numerosas veces, y que al voltear, esperando encontrarse a un niño latoso, sólo habían visto a una mujer con ropajes alejarse por el pasillo. Se cuenta incluso que la monja fantasma gustaba de jalar los pies y hasta patearlos, al estilo de los espectros gandallas de muchos mitos de provincia. Preocupado por esta situación, el encargado del teatro mandó poner grandes trampas para ratas, temeroso de que fueran estas las causantes de aquel efecto en los pies del respetable. La leyenda terminó con el cierre del Teatro Arbeu. Se habla de exorcismos con agua bendita y de que en sus últimos tiempos ya hasta había un botiquín con sales para atender a los más asustadizos e incluso una caja chica para devolver la entrada a todo aquel quejoso al que la monja le había aguado la función. Debido al cúmulo de correos que ha generado esta serie dedicada a los mitos, estrenamos nuevo correo electrónico. Nuevamente gracias a nuestros amables lectores. ciudadeayer@gmail.com
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