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    Itinerario Político
Ricardo Alemán
05 de junio de 2007

Marcelo: ¿a quién responde?

En el DF cualquiera puede hacer lo que quiera, en el lugar que le plazca, ante la nula respuesta de la autoridad

Hoy se cumplen los primeros seis meses de la gestión de Marcelo Ebrard al frente del Gobierno del Distrito Federal, el ex priísta-salinista que luego se cobijó en los partidos Verde y de Centro Democrático, y que al final de cuentas alcanzó la más importante posición de poder bajo las siglas del PRD, gracias al cobijo de su promotor, el ex jefe de Gobierno.

¿Qué ha cambiado en el Distrito Federal en los últimos seis meses? Si nos atenemos a los problemas cotidianos de los habitantes del Distrito Federal, en realidad el cambio ha sido mínimo, si no es que nulo: similares índices de violencia e inseguridad, los mismos problemas de tránsito vehicular, de agua, basura y las mismas calles despedazadas, los mismos bloqueos y plantones, y la misma respuesta de la autoridad, que cuida a manifestantes y descuida el derecho de terceros afectados. Cualquiera puede hacer lo que quiera, en el lugar que le plazca, ante la nula respuesta de la autoridad.

Pero si nos atenemos a las decisiones espectaculares, de fuerza y con un claro objetivo mediático, el saldo resulta positivo para el jefe de Gobierno. El uso de la fuerza en Tepito y en Iztapalapa -en un intento por contener al crimen organizado- le reportó a Marcelo Ebrard una importante cauda de simpatías y preferencias que contrastaron, el inicios de su gestión, con la inactividad de su antecesor. Luego vinieron las acciones populacheras, como las "playas" y el "chambelán" de un centenar de quinceañeras. Apenas en días pasados el regalo de uniformes escolares. Pan y circo. Más circo que pan.

Y si de talante se trata, también son visibles los cambios, claro, si se compara al actual con el anterior gobierno. Marcelo reconoció que el problema de la deuda y las finanzas capitalinas no es menor, y por ello contrató al también ex salinista Pedro Aspe, al tiempo que restableció una desastrosa relación con la Comisión de Derechos Humanos del DF, y derribó los diques que entorpecían la transparencia. El jefe de Gobierno Ebrard también estuvo al tanto de la excarcelación del incómodo Carlos Ahumada, y contra las concepciones bananeras de gobernar, recuperó la importancia que tiene un alcalde como el de la capital mexicana en el mundo. Los viajes ilustran y promueven.

En el terreno político -ese que no se ve pero que se siente, que se pulsa y hasta se huele- es donde se han producido los más importantes cambios. Como todos saben, Marcelo Ebrard llegó al gobierno del DF con sólo el apoyo de su promotor. En el mundillo de las "tribus" que dominan al PRD, el jefe de Gobierno encontró formidables obstáculos que lo obligaron al acuerdo, el pacto y la negociación. Sin acuerdos con los grupos que detentan el poder real, el de Marcelo Ebrard estaba condenado a convertirse en un gobierno paralizado, primero, y fracasado después.

Frente a esa disyuntiva, no le quedaba mucho margen de maniobra en temas candentes y de un fuerte impacto en el territorio de la izquierda partidista -como los de las sociedades de convivencia, el aborto y la eutanasia que satanizó su antecesor-, a los que debió entrarle no sin hacer los cálculos políticos de rigor -los acuerdos y pactos-, y sobre la nada despreciable tajada de popularidad. La realidad política del partido al que pertenece Marcelo, el peso de las "tribus" que mantienen la hegemonía del poder real, y la orfandad partidista de su gestión lo han obligado a moverse en sentido contrario al de su promotor.

Por eso también se debe tomar en cuenta los cambios operados en cuanto a las lealtades. En efecto, el señor Ebrard se ha mantenido firme en cuanto a su distanciamiento del gobierno de Felipe Calderón, el "espurio" al que combate desde las calles de la ciudad de México el señor "legítimo" -a través de esa farsa en que han convertido a la CNTE-, pero día con día son más las evidencias de que las derrotas, igual que los triunfos, no son para siempre, y que el jefe de Gobierno aparece cada día más cerca del gobierno federal.

Una perla, que reportaron diversos medios hacia el final de la reciente gira de Marcelo Ebrard por Nueva York (La Crónica, 19 de mayo de 2007), y que no fue desmentida, reproduce la siguiente declaración: "El jefe de Gobierno de la ciudad de México, Marcelo Ebrard, expresó hoy su disposición a trabajar con el gobierno federal y afirmó que el Partido de la Revolución Democrática (PRD), que lo postuló, lejos de presionarlo lo apoya. El funcionario señaló en el último día de su gira de trabajo por Nueva York que si bien en materia política no coincide con el gobierno federal , esas diferencias deben quedar de lado ´para trabajar por la gente (porque) hay que saber deparar las posiciones políticas con lo que es el trabajo cotidiano´".

Y es que en tanto responsable del Gobierno del Distrito Federal -lo que lo obliga ante los ciudadanos, antes que las lealtades políticas-, Marcelo Ebrard deberá decidir entre la calidad y eficacia de su gestión, entre la responsabilidad que tiene frente a los mandantes y frente al pago de los favores políticos. Seis meses es muy poco tiempo, pero suficiente para saber hacia dónde se mueve el jefe de Gobierno. Y todo indica que va por la libre. Al tiempo.

aleman2@prodigy.net.mx

 
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Apasionado del periodismo, así explica el autor su dedicación de más de 10 años a este espacio donde se afana en traducir, aclarar y revelar los entretelones de críptico ámbito que es la política. Su trabajo requiere análisis, conocimiento y paciencia para poner en su lugar las piezas del acertijo. Le intriga también la literatura, aunque asegura que ninguna novela es más interesante que la realidad política.
 
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