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    Crónicas neuróticas
Rafael Pérez Gay
04 de junio de 2007

En el altar del Sargento Pimienta

Viernes 6:30 a.m. Me entero en una sobremesa con amigos de que precisamente hoy se cumplen cuarenta años de la aparición del Sargento Pimienta en el año de 1967. Hablamos de Sgt. Pepper´s Lonely Hearts Club Band , el disco clásico de Los Beatles que incluye entre otras fantasías enloquecidas With a Little Help from my Friends , Lucy in the Sky with Diamonds, Getting Better y A Day in the Life , por mencionar algunas canciones de ese paquete con la portada más famosa de la historia de la música, ochenta y tantos personajes alrededor de uno de los grandes iconos del siglo XX.

Durante la plática interrumpida por un coro, Yes I get by with a little help from my friends, me pregunto cómo éramos cuando ese sonido se adueñó de la privacidad mexicana e invadió las atmósferas públicas del Distrito Federal.

Desde luego, no diré que ese año cargaba las nubes de la tormenta del movimiento del 68 porque sería una mentira vergonzosa. Según mi memoria, el disco de Los Beatles se podía conseguir bajo el sello de Mussart o Capitol en la primera tienda Aurrerá o en los almacenes Minimax.

La ciudad abandonaba la era de Ernesto P. Uruchurtu y se preparaba para los planes del subsuelo de Alfonso Corona del Rosal. En radio Capital o Radio Éxitos se podía oír When I´m Sixty Four mientras los taladros neumáticos rompían el asfalto en avenida Chapultepec y Bucareli para iniciar las obras de nuestro primer tren subterráneo.

La obra pública del departamento del Distrito Federal terminó la construcción del anillo Periférico en el sur e inició la locura supongo que no del todo desinteresada de fraccionar Acoxpa, Jardines del Sur, Bosques de las Lomas. El Distrito Federal aún tenía un eje, el monumento a Cuauhtémoc, atravesado de norte a sur por la avenida Insurgentes.

Sábado 12:00 p.m. Me quedé enchufado al recuerdo del Sargento Pimienta. Pongo el disco. Suena y sueña la voz de Lennon: I read the news today oh boy/About a lucky man who made the grade. A Day in the Life la escribieron John y Paul y se empezó a grabar en los estudios de Abbey Road en enero de 1967.

Ese mes nevó en la ciudad de México. Como en una estampa de lo imposible, los coches circulaban por Reforma y avenida Chapultepec con muñecos de nieve derritiéndose en el cofre. Vivíamos en una casa de la colonia Condesa y debíamos tres meses de renta. Yo tenía diez años, asistía a una escuela pública y pasaba el día entero en el Parque España inventando el arte mayor del bote pateado. Enero de 1967. Mis padres tenían cincuenta años, la edad que ahora llevo conmigo, y fuerza para herirse sin compasión en el borde del abismo, como si fueran eternos.

En esos días supe que los hombres y las mujeres hacen siempre lo contrario de lo que quieren. Todo esto lo pensé y lo recordé oyendo una sola canción. Si oigo el disco completo voy a hundirme en el pasado y en un manantial de melancolía, mejor lo quito.

Sábado 1:20 p.m. No hice caso a la voz de mi inconsciencia y seguí oyendo el disco. With a Little Help from my Friends se grabó el 29 de marzo de 1967. Desde luego la escribieron Lennon y McCartney y la cantó Ringo en los estudios de Abbey Road. No sé si he dicho aquí o en otra página que la historia de la familia está contenida en un ahuehuete. Una mañana mis padres me llevaron a conocer el árbol. Corría precisamente el año de 1967 y descubrí la ciudad a los diez años. Ese día había sol, las cosas parecían simples como el volantín, claras como el arte del columpio, rápidas como el descenso de la resbaladilla. Desde luego esa ciudad ya no existe, ocurre sólo en la memoria. Transcurre en el recuerdo fijada para siempre al Parque España. Me tomaron una fotografía detrás de la placa de inauguración y delante del ahuehuete. La placa ha sobrevivido del otro lado de la fuente que le inspiró un gran poema a José Emilio Pacheco. Transcribo tres líneas: El surtidor se vuelve una columna del aire /pero la tierra llama, y el agua / vuelve a su semejanza.

De una forma extraña, esa mañana yo volví, como el agua, a mi semejanza:

-Este parque lo hizo tu abuelo- me dijo mi madre con el orgullo de quien sólo posee el patrimonio de la memoria.

Se los dije. Si no quitaba el disco me hundiría en una extrañas aguas termales. Ahora estoy insufrible.

 
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