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Estar atentas de lo que enfrentan las mujeres de otros países, nos permite valorar los terrenos en que nuestro país ha avanzado, pero al mismo tiempo, nos invita a no olvidarnos de aquellas otras que necesitan apoyo porque les falta mucho camino por recorrer. Entre otras, esta es una de las conclusiones a las que se puede llegar al terminar de leer Nacer mujer en China de Xinran Xue, editado por Booket. El libro nos narra las historias de 15 mujeres que enfrentaron diferentes etapas de la historia contemporánea de ese país. Mujeres que vivieron durante la Revolución Cultural y sus consecuencias, mujeres que obedecieron ciegamente lo que mandaba su partido, mujeres que vieron esfumarse su vida en nombre de las tradiciones, la política o su nulo valor en la sociedad china. Xinran Xue fue una de las primeras mujeres periodistas que lograron tener acceso a los medios de comunicación, ella se decidió por la radio. Allí se ganó minuto tras minuto el derecho a hablar de los temas relativos a las mujeres; creó un espacio que se hizo necesario. En muchas ciudades de ese país, escuchaban el programa de Xinran: Palabras en la brisa nocturna. La censura era muy estricta, los lineamentos oficiales terroríficos, pero aún así, dio voz a muchas mujeres que parecía se habían quedado detenidas en el tiempo. El primer contacto que le estrujó fue el que le anunció una carta de un radioescucha que denunciaba que muy cerca de su casa una niña de 12 años estaba atada de la cintura con una cadena que laceraba su piel. Había sido obligada a casarse con un anciano que temía lo abandonara. Luego vino “la trapera” que decidió desaparecer de la vida de su hijo para dejar que este tuviera éxito; “en la muchacha que tenía a una mosca como mascota” descubrimos a una joven que prefirió morir antes de regresar a sufrir los abusos sexuales de su padre; o la mujer “cuya boda fue concertada por la revolución”. Años de silencio enterraron las historias y las vidas de estas mujeres que a lo largo de sus entrevistas nos hicieron ver que la sexualidad era un tema vedado. Aquí algunas afirmaciones: “Para las mujeres chinas, el cuerpo desnudo es motivo de vergüenza, no de orgullo, no se considera bello. Lo mantienen tapado. Pedir a las mujeres que me permitieran entrevistarlas sería lo mismo que pedirles que se quitaran la ropa”. “Muchas de las cuestiones que me planteaban tenían que ver con su sexualidad. Una mujer quería saber por qué su corazón se aceleraba cuando chocaba por accidente con un hombre. Otra me preguntó por qué empezaba a sudar cuando un hombre le tocaba la mano. Hacía demasiado tiempo que se había prohibido toda discusión acerca de cuestiones sexuales, y cualquier contacto físico entre un hombre y una mujer que no estuvieran casados conducía a la condena pública o incluso al encarcelamiento”. Ejercer la homosexualidad estaba totalmente prohibido, abordar el tema en la radio era imposible, a pesar de que en la historia china había antecedentes en algunas dinastías. Xinran recorrió muchos lugares de China, en donde las familias vivían en cuevas, ese fue el caso de “Las mujeres de las colinas de los gritos”, en el que los hombres compartían “el uso de ellas”, sin el menor pudor, o llegaban a intercambiar una o dos niñas por una mujer joven de otra aldea. Pero en su viaje que recogía historias de mujeres, la autora se topó con otras como las planteadas en “La estudiante universitaria” que se negaba a reproducir las añejas tradiciones chinas, pero que todavía no entendía muy bien su nuevo papel. Habló de las secretarias personales, aquellas jóvenes académicamente preparadas que buscan un estatus como acompañantes de grandes empresarios, o llegar incluso a ser acompañantes que se prostituyen. La historia no cambió Esto podría pasar, y de hecho pasa en muchos lugares del mundo, el asunto aquí es que la milenaria cultura china, sí, la de la creciente economía, no permitió que sus mujeres crecieran y mucho menos que tuvieran derechos. Durante el periodo que va de 1949 a 1988 el criterio del partido y sus dirigentes tampoco dio opciones de desarrollo. Siguieron repitiéndose sentencias como : “No pienses jamás en un hombre como un árbol a cuya sombra puedes descansar. Las mujeres no son más que abono descomponiéndose para fortalecer al árbol”. “La carrera de mi marido”, afirmó una entrevistada, “es todo para él; la mujer sólo cumple una función física, nada más. El suele decir ‘si no usas a una mujer, ¿por qué preocuparse por ella?’”. Tres sumisiones y cuatro virtudes rigieron a las mujeres de China: sumisión a tu padre, luego a tu marido, y después de su muerte, a tu hijo. Las virtudes eran: fidelidad, encanto físico, hablar y actuar correctamente, y ser diligente en los trabajos de la casa. En realidad existen 36 virtudes, pero, no tener herederos es una maldición que las niega todas, dice un viejo proverbio, al que se suma otro: “Las mujeres que no han dado a luz, dan mala suerte a los recién nacidos”. Para rematar con esta otra: “Las mujeres son incapaces de hacer algo grande”. Esta escalofriante misoginia rigió los destinos de miles de mujeres en la China de los últimos siglos y el libro de Xinran Xue, nos lleva a conocer este mundo que creímos desaparecido. La autora emplea una dulce narración que intenta suavizar el dolor de sus entrevistas, que pretende como poner ante ella misma una barrera para no sentirse culpable de ser ella, precisamente, tan diferente a otras. Por momentos su trabajo periodístico fue sofocante, y la llevó hasta Inglaterra para seguir criando a su hijo como madre soltera, y para escribir el libro de Las voces silenciadas. Si exploramos un poco por la historia contemporánea de otros países, nos encontraremos con ejemplos igualmente dramáticos. Hace unas semanas, la muerte de una joven iraquí que fue lapidada por sus propios hermanos por haberse vinculado con un novio de otra religión, o la noticia que anuncia que por fin las mujeres de ese mismo país podrán andar en bicicleta siempre y cuando vayan protegidas por una jaula que impida que sus formas corporales se evidencien. En la India, cinco estados se han negado a aceptar la educación sexual en las escuelas, porque la consideran un tema ofensivo, sin tomar en cuenta que son el país con mayor tasa de infectados por el VIH en el mundo. Y tengo una pregunta para usted: ¿algunos de los temas expuestos en los últimos párrafos le llevaron a pensar en lo que sucede en México? patricia.kelly@eluniversal.com.mx
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