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Matrimonio irreconciliable
Aun ganando el control del PAN en el congreso de León, Manuel Espino entrará en la última fase de su unipoder en el partido Por más perfume que se quieran rociar y más civilidad que quieran imprimir, la larga pugna entre el presidente Felipe Calderón y el líder nacional del PAN, Manuel Espino, no tiene solución. No es nueva. Tiene varios años gestándose, exacerbada por el carácter duro y testarudo de ambos en el que uno, aun perdiendo el control del partido este sábado en el congreso que elegirá a su Consejo Político, no va a perder, y el otro, aunque mantenga al partido, no va a ganar. No hay que hacerse bolas: Manuel Espino está derrotado de antemano en el congreso, cuyos resultados sólo definirán los plazos que tiene su unipoder en el PAN. La carrera meteórica de Espino no ha ido acompañada por educación política. Barro crudo, avanzó entre las coyunturas sin que la curva de aprendizaje jamás se completara. Ingeniero mecánico que nació en Durango y que desde Ciudad Juárez comenzó a hacer política partidista, ha ido remando contra la corriente con un éxito que no se debe tanto a sus méritos florentinos, que no los tiene, sino por funcional. Diputado federal cuando Vicente Fox llegó a la Presidencia, fue invitado a trabajar en Los Pinos por su primer secretario particular, Alfonso Durazo, quien le ofreció cualquier puesto que deseara. Escogió ser el coordinador de giras presidenciales, donde tuvo su primer acercamiento real a Fox. Pero la cercanía que tiene hoy con el ex presidente es nueva. En Los Pinos lo enfrentó a través de las presiones del entonces líder del PAN, Luis Felipe Bravo Mena, para que dejara de apoyar a Carlos Medina para dirigir el partido que él también deseaba. Espino se quedó finalmente con el partido porque trabajó en la estructura mientras Medina, que sentía en el bolsillo la Presidencia, se confió en su prestigio y sus apoyos. Los errores tácticos de los panistas, que por contar con el apoyo de Fox pensaban que el futuro sería de ellos, fueron una constante en el avance de Espino. Al quedarse como líder del PAN, la extrema derecha que alcanzó una sobrerrepresentación en el gobierno foxista pactó su candidato a la Presidencia. Ramón Muñoz, el superasesor foxista que se convirtió en el jefe de colocaciones de la extrema derecha, y la ambiciosa Marta Sahagún respaldaban al secretario de Gobernación, Santiago Creel, para la candidatura, y aunque no pocos le dijeron a Fox que Creel no sería un buen candidato, el entonces presidente respondía que iba tan alto en las encuestas que no sólo alcanzaría la candidatura sino que hasta ganaría la elección. "¿Cómo puedo tirar al puntero?", decía. Fox no entendió que Creel era aire puro, apoyado por una campaña mediática y apostando, a cambio de concesiones de juego, al amor de Televisa. Creel tampoco entendía. En una ocasión comentó que la contienda con Calderón por la candidatura presidencial "era un mero trámite", y que su campaña era presidencial. Al desplomarse Creel, Espino volvió a crecer en el entorno radical de Fox y se convirtió en uno de los principales enemigos de Calderón durante la campaña, frenando los apoyos de la maquinaria del partido, y cuando no le parecía suficiente el bloqueo, saboteándolo. No fueron pocas las veces que la campaña de Calderón se quejó que Espino llegaba a las plazas después del candidato para desmontar los ofrecimientos y las alianzas que había tejido. Pero la afrenta más grave se dio en la larga campaña postelectoral, donde mientras Calderón lidiaba con la embestida de Andrés Manuel López Obrador, Espino se fue con la plana mayor del PAN a un largo retiro a España. Una vez presidente electo, Calderón trató de zanjar las diferencias con Espino. Le ofreció ser secretario de Medio Ambiente, pero lo rechazó. Le pusieron en la mesa la embajada de España, y tampoco la aceptó. Le ofrecieron ser embajador ante El Vaticano, pero se negó. Decía en privado que Calderón pretendía dejarlo un tiempo en el cargo y después despedirlo, una vez que su fuerza política estuviera disminuida. Espino, que es un toro buscando permanentemente el capote de Calderón, lo embistió continuamente. Acusó a su equipo de querer sabotear su nombramiento como líder de una organización de extrema derecha panamericana, creando un nuevo conflicto dentro del PAN, y después generó tensiones internacionales criticando ácidamente al presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, quien había sido uno de los primeros en regalarle legitimidad a Calderón, y después fustigando al presidente venezolano Hugo Chávez, cuando el gobierno se esmeraba en restaurar los puentes demolidos durante el foxismo. Se acercó a Fox para revivirlo políticamente y se usaron mutuamente. Uno para seguir acorralando a Calderón y el otro para revivir tiempos pasados y tratar de mantenerse activo. Mucha de la racional que inspira a Espino se sustenta en un contrasentido político, derivado de un pensamiento rudimentario sobre el papel del partido en el poder. Al alegar que el PAN no es el partido en el poder, dice que sólo emanó de él. En esa misma línea de pensamiento, el PAN sería sólo la placenta del poder de Calderón. Espino considera que esa placenta no desaparece sino que tiene vida propia, lo que es absurdo, pues su lógica ubicaría al PAN como una entelequia. La llegada de panistas de todos colores al gobierno federal muestra que, contra lo que dice Espino, sí están actuando como partido en el poder. El no entenderlo entorpece aún más la relación de Espino con Calderón, como sucedió recientemente en Yucatán, donde el candidato panista Xavier Abreu decía en privado que cuando pidió el apoyo a Espino éste no le hizo caso, y cuando de México le enviaron a un asesor de imagen, Espino estalló y acusó al superasesor de Calderón, Juan Camilo Mouriño, de entrometerse en la elección estatal. Desde entonces, Espino ha tratado de salirse del hoyo en que se metió y hasta un spot de respaldo a Calderón empezaron a difundir por televisión. Muy tarde ya. El matrimonio es irreconciliable. Había sido uno forjado por compromiso, en aras de la unidad del partido frente a sus adversarios, pero ni siquiera dio tiempo Espino a que madurara y se fueran entendiendo. De principio a fin jugó en contra de Calderón, se enfrentó, lo desafió y lo ha provocado continuamente. Hace menos de dos semanas, en una reunión en Los Pinos con los líderes de casi todos los partidos, Espino fue el primero en tomar la palabra. Lejos de arroparlo, lo fustigó, y le exigió, y lo volvió a descobijar. Calderón no es una persona que olvida fácilmente, y uno supondría que aún menos cuando, quien piensa como aliado, le pone tantas piedras para que se tropiece. Este sábado jugarán su primer gambito en el congreso en León. Los números no le favorecen a Espino y sí a Calderón. Pero aun si Espino lograra remontar la desventaja, será sólo un tanque de oxígeno que prolongará la agonía de un líder nacional del PAN que, como Fox en la Presidencia, no entendió a tiempo su papel, responsabilidad y destino. rriva@eluniversal.com.mx r_rivapalacio@yahoo.com
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