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Ahora la leche
La semana pasada crecieron los rumores y anuncios acerca del precio de la leche. Según se dice, hay presiones para que suba, porque el mercado internacional se queda corto frente al crecimiento de la demanda Algo así ocurrió con el maíz recientemente, y fue aprovechado para subirle el precio a la tor tilla. En ese caso digo que se aprovechó, porque, aunque el precio del maíz se ha duplicado, hacer tortillas no sólo requiere maíz. Pero el tema de ahora es la leche. El consumo internacional, sin duda, ha crecido. Pasamos de consumir, en todo el mundo, 350 millones de toneladas en 1990 a poco más de 510 millones en 2005. Como ocurre con todos los alimentos, su consumo es muy variable por país, desde países europeos como Irlanda, Francia, Suecia, Islandia, Suiza y Finlandia, en donde se toman un litro diario por cabeza, hasta países africanos como Mozambique, Burundi, Malawi, Liberia y el Congo, o asiáticos como Laos y Camboya, en donde el promedio diario no llega siquiera a 15 gramos de leche por persona. Por el tamaño de la población y el consumo diario de este alimento, los primeros 10 países consumidores de leche son Estados Unidos, la India, Rusia, Alemania, Pakistán, Brasil, Francia, China, Inglaterra e Italia. México es el país número 11, para que no se sienta usted mal. Los primeros 10 consumían, en 1990, 68% de la leche del planeta, pero para 2005 apenas alcanzan 60%. Se distribuye mejor este alimento. La India, Brasil y México han incrementado su consumo de leche en esos 15 años en más de 50%, que no es poca cosa. Sin embargo, Pakistán lo ha hecho en más de 90% y China en casi 130%. Hay otros países que han incrementado todavía más, pero son relativamente pequeños en población y consumo por habitante, de manera que no han llegado todavía a la lista de los más grandes: Honduras, Vietnam, Laos, Ghana, el Congo, por ejemplo. México consume casi 12 millones de toneladas de leche al año, que corresponden a cosa de 300 mililitros diarios por persona. Un poco más de un vaso de leche diario, lo que nos coloca en el lugar 71, muy lejos del litro diario que veíamos que consumen los habitantes de varios países europeos. Pero también, afortunadamente, lejos de las cucharadas que les corresponden a los habitantes de otros países. Como de costumbre con nuestro país, somos de media tabla. Efectivamente el incremento de demanda no se ha seguido con un crecimiento similar de la oferta, lo que ha llevado a precios mayores. Pero no tanto. El alza de precios ocurrió más bien a inicios de los 90, cuando pasó de 250 dólares por tonelada importada a casi 450 dólares en 1997. Desde 2000 hasta 2003, el precio se mantuvo ligeramente arriba de los 400 dólares la tonelada (de leche líquida, para no confundir con la leche en polvo). En estos días, el precio de la leche para importar está llegando a los 440 dólares por tonelada, que si bien es superior a los 400 que vimos a inicios de esta década, tampoco es como para que haya grave crisis. Claro que cuando uno se acostumbra a inflaciones de 3% anual, un incremento de 10% se siente feo. Y cuando se suma a alzas similares, o mayores, de otros bienes agropecuarios, empieza la preocupación. Todavía tenemos en mente las inflaciones de los años 80, así que hasta al jocoque le soplamos, como dice el refrán. Lo que debemos tener muy claro es que no vivimos solos en el mundo, y que por más que nos sintamos pobres y miserables, hay países en condiciones mucho peores que nosotros, y que están trabajando en serio para dejar de serlo. Conforme avanzan sus economías, sus habitantes comen mejor. Pero la producción de alimentos en el mundo no crece al mismo ritmo, así que los precios internacionales van ajustando los mercados. China, la India y Pakistán incrementan su consumo de leche, y son muchos millones de seres humanos. Los primeros dos países seguirán incrementando su consumo, no sólo de leche, sino de una gran cantidad de alimentos. Mientras nosotros no hagamos lo mismo, es decir, no crezcamos, ellos sí lo harán y empezarán a mover el comercio hacia allá. No crecer no significa quedarse igual, sino empobrecer. Si no nos ponemos a trabajar en serio, vamos a ser en verdad un país pobre. Y lo seremos, en buena medida, gracias a los demagogos que quieren impedir los cambios. Y es que no entienden cómo es el mundo del siglo XXI. macario@macarios.com.mx
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