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Casi en el fondo
Seguimos colgados de la industria de Estados Unidos, y lo que ocurra allá se reflejará en México, si acaso con unas pequeñas diferencias Los datos de crecimiento de la economía mexicana van en línea con lo que hemos platicado en esta columna desde hace un rato. Se esperaba un bache al inicio de este año, y así ha ocurrido. El crecimiento del PIB durante el primer trimestre fue de 2.6%, frente al promedio de casi 5% del año pasado. De hecho, es menos de la mitad del crecimiento del primer trimestre de 2006, que arrojó 5.5%. Pero la verdad es que no es tan malo como podría haber sido. La industria de Estados Unidos ha venido cayendo también en este período, promediando un crecimiento de 2.4% en el primer trimestre. La industria nuestra, en ese mismo periodo, apenas creció 0.4%. Para el mes de abril, la industria vecina ha llegado a un crecimiento anual de 1.9%, su nivel más bajo en tres años. Sin embargo, todas estas cifras oscuras lo son menos de lo que parecen. Tal vez usted recuerde que la mayor preocupación con respecto a la economía del norte no tenía tanto que ver con el comportamiento de su industria como con la posibilidad de una caída abrupta del mercado de bienes raíces, que había formado una burbuja especulativa a partir de 2000. Eso era lo que nos preocupaba más, y no ha ocurrido. Más aún, parece que se ha logrado un aterrizaje suave de ese sector de la economía, lo que implica que el mal panorama en la industria será pasajero, y no se convertirá en una recesión. Eso, al menos, piensa la mayoría de los analistas de Estados Unidos. El mismo Alan Greenspan, anterior responsable de la Reserva Federal de ese país, que había sido particularmente pesimista en los últimos meses, aunque sigue pensando que puede haber una recesión en la segunda mitad del año, ha reducido la probabilidad de que esto ocurra. Un dato alentador, del lado mexicano, es que la industria automotriz, que es uno de los motores más importantes de nuestra dinámica económica, por fin logró un dato positivo en el mes de abril. En el primer trimestre, la producción de vehículos había sido inferior a la ocurrida en el mismo período del 2006. En abril, las cosas cambiaron. Sin duda esto se reflejará en un dato más agradable para la industria nacional dentro de tres semanas. Sin embargo, en el fondo no cambia nada en la economía mexicana. Seguimos colgados de la industria de los Estados Unidos, y lo que ocurra allá se reflejará en México, si acaso con unas pequeñas diferencias. Esto se esperaba que ocurriera a partir del Tratado de Libre Comercio, y no es malo en sí. El problema es que prácticamente desde entonces dejamos de modernizar nuestra economía, de manera que no podemos avanzar más rápido. Para poder dejar atrás este crecimiento subordinado, es necesario que modifiquemos varias cosas que todavía tenemos muy atrasadas en México. En primer lugar, la cuestión fiscal, que no nos permite crecer, porque no estamos invirtiendo suficiente en la educación y salud de los mexicanos, ni en seguridad y justicia, por cierto. En segundo lugar, la energía, que cada día es menos segura. Sin una reforma que nos permita mejorar la producción de electricidad y asegurar el abasto de petróleo, vamos a tener problemas serios en muy poco tiempo, como ya hemos analizado en otras ocasiones. Pero no sólo en esas áreas necesitamos cambios. El sistema financiero mexicano es el peor del mundo que conocemos. Es necesario buscar en países africanos, de esos que nunca encuentra uno en el mapa, para encontrar un sistema financiero más débil. Ésta es una falla histórica del país, pero no por ello es menos importante. Como puede usted ver, mientras no tomemos en serio el cambio estructural del país, lo único que nos queda es esperar que Estados Unidos tenga suerte, para seguir pegados a ellos. Es una paradoja: quienes más se oponen a las reformas son también quienes mas vociferan en contra de Estados Unidos. No se percatan de que, sin esas reformas, no tenemos forma de separarnos, económicamente hablando, del país vecino. Esperemos que, como todo indica, estos opositores sean cada vez menos y podamos ya tomar decisiones serias en México. No olvidemos que el tiempo sí importa, y mientras más tardemos en reaccionar, más difícil será competir. macario@macarios.com.mx
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