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WASHINGTON.- El actual debate sobre migración y en torno al comercio sugieren por lo menos que México necesita una buena campaña de relaciones públicas en Estados Unidos y tal vez dentro de México también. De creer opiniones que parecen extendidas, o por lo menos muy vocalmente expresadas por la cadena CNN y su locutor Lou Dobbs, "el gobierno de México pelea una guerra contra los cárteles de la droga y el gobierno de México está perdiendo", lo que se complementa con la idea de que el gobierno mexicano participa de alguna forma en una gran "conspiración para la reconquista" del suroeste de Estados Unidos o domina al gobierno estadounidense para ceder soberanía en beneficio de México. Cierto que Dobbs está empeñado en lo que parece una campaña contra la migración "ilegal" y contra el gobierno mexicano por permitir o auspiciar la salida de sus habitantes y se opone categóricamente a cualquier arreglo del problema migratorio que no implique la expulsión de millones de residentes indocumentados y el cierre de las fronteras. En el peor de los escenarios, Dobbs y CNN -al igual que la cadena FOX, a la que tratan abiertamente de emular- son una expresión de tendencias racistas y chauvinistas siempre presentes en la sociedad estadounidense; en el mejor, son una señal de alarma sobre los problemas y los resentimientos creados por problemas de seguridad, percepciones económicas y sociales. Sea cual sea el escenario, para ese grupo representado por Dobbs y parte de su audiencia, México es más un problema que un posible beneficio. Para ellos, como lo definió recientemente el embajador Arturo Sarukhán, "Norteamérica no es acerca de tres países sino de dos -Canadá y Estados Unidos- y en el mejor caso México es un folklórico, desordenado y a veces incómodo vecino; y en el peor, una amenaza a la seguridad de Estados Unidos". El problema es que ese grupo es el que hace más ruido en torno a temas que interesan directamente al estadounidense medio, desde la inmigración hasta la religión, desde la seguridad física de Estados Unidos hasta su seguridad económica. Y en cada uno de esos puntos México está, para bien o para mal, en medio. Cuál pueda ser la respuesta a tal situación es algo complejo, sobre todo ante la realidad de la situación que enfrenta México, donde la violencia, la falta de legalidad y la corrupción afloran a cada paso y si bien es cierto que hay una lucha continua no es una pelea que tenga un final definitivo. Realizar el combate y divulgarlo sólo es uno de los aspectos de la ecuación. En términos de relaciones internacionales y de la imagen de México en su vecindario, valdría la pena señalar ese inagotable pozo que representa la riqueza cultural mexicana y sus vínculos con la sociedad estadounidense, donde la interrelación es de hecho visible en aspectos que van de las artesanías y los artistas plásticos a los músicos contemporáneos; del baile folklórico y el mural al "nortec". En todo caso, la imagen de México aquí juega negativamente en lo que se refiere a migración y la solución del problema en términos del combate a las drogas y seguridad, en lo que se refiere a la fuga de empleos y la inseguridad económica de muchos estadounidenses, a temas de salud y hasta de gobernabilidad. Después de todo, no es ésta la primera vez que los estadounidenses buscan culpables externos para sus problemas internos y tampoco son los únicos. Sarukhán sostiene que ante tendencias que ahora se manifiestan en los tres países de la región norteamericana y muy en especial para Estados Unidos y México, el gran desafío es probar que su alianza comercial y su creciente interrelación es positiva para todos y ayudará a sus poblaciones. "Parte del reto es cómo explicar lo que tratamos de lograr, lo que es la meta del proceso para que el público en general entienda lo que está en juego", dijo Sarukhán a la Cámara de Comercio de Estados Unidos y, para usar sus propias palabras, "México y Estados Unidos deben dejar de ser cómplices del fracaso y ser socios en el éxito". Habrá que ver lo que hace.
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