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    La ciudad de ayer
Homero Bazán
20 de mayo de 2007

Dicen que comenzó a aparecerse en 1965, después de la toma del hospital 20 de Noviembre por los granaderos enviados por Díaz Ordaz para sosegar el llamado "movimiento blanco". Algunos la llamaron la Dama de blanco ; otros, Lupita . Pero el sobrenombre con el que se le conocería por muchos años sería el de la Enfermera fantasma .

En próximas ediciones de esta columna, nos ocuparemos de esos mitos urbanos poco conocidos que nuestros amables lectores nos han narrado en sus valiosas contribuciones vía e-mail a lo largo de casi ocho años de publicar este espacio. Algunas de estas historias se han enriquecido con la tradición popular y otros que prometían desbancar a las más famosas (como la del duende de los viveros de Coyoacán, que comentamos el año pasado) quedaron inexplicablemente en el olvido.

En el caso de la llamada Enfermera fantasma, fue un mito que poco a poco cobró versiones en otros hospitales capitalinos, curiosamente todos parte de la red del IMSS y el ISSSTE, ¿será que a los espectros benignos les caen gordos los convalecientes de hospitales privados?

No obstante, Lupita, nombre de pila con el que se identificaba la misteriosa enfermera del 20 de Noviembre, mantuvo cautiva por mucho tiempo la imaginación tanto de médicos y residentes como de sus propias colegas enfermeras y pacientes.

Se dice que meses después de la invasión militar al hospital, y luego de que muchos de los internos regresaran a laborar casi bajo amenaza, la Dama de blanco tuvo su primera aparición con una anciana que entraba en fase terminal a causa de un tumor inoperable. Sus dolores eran insoportables y las enfermeras de guardia no se daban abasto con las inyecciones de calmantes.

Una noche, la anciana pidió un vaso de agua a una de las residentes, quien sólo asintió de forma automática atareada por terminar su ronda. La anciana, quien no tenía familiares que la proveyeran de encargos, se conformó con esperar un largo rato hasta que alguien calmara su sed.

Al poco rato, una enfermera desconocida entró con una charola llevando el vaso de agua. Su piel era muy blanca, sus ojos verdes, llevaba el cabello de un castaño un tanto inusual y recogido con un listón blanco.

Según la leyenda, su voz era angelical y nunca dejaba de sonreír. Mientras peinaba los blancos cabellos de la paciente con sus manos, le dijo que se llamaba Guadalupe y le contó algunas anécdotas de un barrio donde la anciana había crecido.

-¿A poco usted también creció ahí?-, preguntó la mujer a la enfermera, quien acentuó su sonrisa y le contó detalles sobre la panadería que se encontraba cerca de una plaza, el zapatero olvidadizo que confundía las entregas, sobre aquella recaudería atendida por una viuda con hijos.

-Pero si esa recaudería cerró cuando yo era joven, -usted no está tan viejita, -comentó la anciana. Ante lo cual recibió un beso en la frente y fue arropada por la amable enfermera, quien le dijo que debía continuar su ronda.

Cuál no sería la sorpresa de la enfermera de guardia (bastante rolliza y malencarada, según se cuenta) cuando llegó poco después con el vaso de agua solicitado por la anciana.

-No se preocupe, ya me trajo uno su compañera Guadalupe. muy amable, por cierto. Resulta que crecimos en la misma calle.

-¿Cuál compañera? Si sólo estoy yo, el recepcionista y el médico internista en todo el piso.

Desde entonces las apariciones de Lupita se hicieron frecuentes. A veces con pacientes que acababan de recibir malos diagnósticos. Otras, con niños que libraban duros tratamientos. Lo curioso es que a cada uno le platicaba sobre cosas familiares, acerca de ese parque en el que habían crecido, de aquel cine a donde acudían a ver las matinés de aventuras o esa escuela donde pasaron sus mejores años. La Enfermera fantasma parecía no tener edad y a la vez tenerlas todas.

Se dice que a finales de los años 60 los internos estaban tan acostumbrados a su presencia que cada vez que se topaban con un paciente latoso y grosero comentaban: "Que lo atienda Lupita".

Poco después se sabría de otras apariciones de enfermeras amables y angelicales en el Hospital General y el Centro Médico. La leyenda urbana siguió transformándose en los años que siguieron e incluso cobró nuevos bríos después del temblor de 1985.

Según nos comentan varios lectores, las últimas apariciones del "ángel blanco" (quien ha vuelto a identificarse con su nombre original), han sido en la gran clínica del Seguro Social ubicada en Xola y Gabriel Mancera. ¡Qué bueno que Lupita no ha dado su brazo a torcer con la iniciativa privada!

homerobazan_df@hotmail.com

 
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PERFIL
 
Presentar a la sociedad una manera diferente de ver los barrios y la gente que habitó en ellos desde el siglo XIX hasta 1960 es el principal objetivo de Homero Bazán, quien es columnista de EL UNIVERSAL desde julio de 1999 y cursó la carrera de Filosofía y Letras.
 
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