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    Economía Informal
Macario Schettino
17 de mayo de 2007

Los sufrimientos del cambio

El cambio que ha sufrido la economía mexicana en los últimos 20 años es inmenso, y no lo hemos entendido a cabalidad

Lo confundimos con una crisis económica, porque efectivamente hubo serias crisis antes, al inicio y a la mitad de ese proceso, pero no se trata de una crisis, que es un fenómeno de corta duración, aunque muy profundo. Se trata de un cambio total, que no se puede revertir fácilmente (aunque tal vez ni siquiera sea reversible), que modifica permanentemente las condiciones económicas.

La diferencia entre estas dos situaciones es que en una crisis hay posibilidad de que, pasado cierto tiempo, las cosas regresen a como eran, y además puede ocurrir que el gobierno ayude en algo. En un cambio profundo como el que vivimos, las cosas nunca regresarán a como eran, y no hay que esperar mucho del gobierno. Bueno, en ningún caso hay que esperar mucho del gobierno, porque se queda uno esperando.

El cambio, decíamos el martes, puede verse con claridad en la manera en que México ha modificado su relación con el resto del mundo. Durante todo el siglo XX, oferta y demanda se cubrían en 90% con recursos internos. Si uno necesitaba comprar una liga, un lápiz, un limón o un automóvil, era nacional en un porcentaje muy alto. Durante los últimos 20 años, esta proporción se ha modificado y ahora sólo dos tercios de nuestra demanda y oferta son nacionales, el tercio restante lo comerciamos con el resto del mundo. Así, si compra usted un lápiz hoy es muy probable que no sea hecho en México. Y lo mismo ocurre con el automóvil. A lo mejor el limón sí es de aquí, pero las lechugas, zanahorias y algunas otras cosas pueden venir de Chile, Estados Unidos o incluso lugares más extraños.

Este cambio implica que regiones enteras que se dedicaban a venderle al mercado interno ya no pueden sobrevivir, porque su producción no era competitiva. Esto significa que era demasiado cara o su calidad no convencía a los consumidores, que al momento de tener otras opciones abandonaron la producción nacional. Este cambio es, sin lugar a dudas, benéfico para los consumidores, pero daña a los que producían.

El problema es que los que producían no parecen entender el problema. Para muchos, se trata de una crisis, producto de un gobierno incapaz, y viven permanentemente enojados, pero pobres. La mala noticia es que así van a seguir, porque el gobierno no podrá hacer nada por ellos. Es posible que ni siquiera lo intente. La solución, sin embargo, no es difícil de imaginar, aunque sí de implementar. Se trata de olvidar lo que se hacía y buscar algo nuevo por hacer. Es muy difícil lograr esto porque a nadie le gusta cambiar su forma de vida. Los que hacían zapatos quieren seguir haciéndolos, y los que sembraban caña, también. Si ahora los zapatos no se venden, o el azúcar, lo atribuyen a una crisis, y ahí se quedan, esperando que el siguiente año sea mejor. Pero ese año mejor nunca llega. No ha llegado en 20 años, y no llegará jamás.

El cambio necesario en todas estas regiones, reitero, no es tan difícil de imaginar. Si lo que producían ya no se vende, hay que producir otra cosa. No necesariamente para exportar, sino para cubrir necesidades del mercado que hoy no están siendo cubiertas completamente. Por ejemplo, se puede cambiar lo que se siembra, orientando la producción a lo que el mercado quiere. Más verduras, por ejemplo, siguiendo la orientación "orgánica" de los consumidores, en tamaños diferentes, con presentaciones coincidentes con lo que hoy se compra. Si la producción de zapatos ya no se puede colocar adecuadamente, esto puede deberse a infinidad de razones: precio alto para la calidad, señales insuficientes de la calidad misma, modelos demasiado generales, etcétera.

Una de las recomendaciones más comunes en estos días es la producción de nicho, es decir, orientada a cubrir sólo un pequeño segmento del mercado, al que se conoce bien y al que se le puede ofrecer algo por lo que está dispuesto a pagar un poco más.

Finalmente, la conexión con la exportación, a través de los mecanismos de subcontratación o proveeduría, es también un camino a seguir. Pero, en esto, como en los dos ejemplos previos, el elemento más importante es la calidad del trabajo. Algo que hace 20 años no tenía importancia. Hoy es determinante.

Si se quiere conseguir apoyo del gobierno, es en estas direcciones en donde ese apoyo puede ser útil. De nada sirve conseguir créditos blandos para seguir produciendo lo que ya nadie compra. En muy pocas palabras, el gran cambio que ha sufrido la economía y que todos tenemos que entender es que el mercado manda. Lo importante no es producir, es vender. Véalo así y tendrá más posibilidades de tener éxito.

macario@macarios.com.mx

 
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PERFIL
 
Doctor en Administración, candidato a doctor en Historia. Ha sido profesor investigador en El Colegio de México y el Tecnológico de Monterrey. Es director de Investigación y Programas Doctorales del Tec de Monterrey, campus Ciudad de México, y director de la sección Finanzas de El Universal. Ha publicado 12 libros. Su columna consiste en análisis sencillos de fenómenos económicos y financieros.
 
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