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El cambio en México
Es más correcta una crítica más amplia a la economía mexicana que no se centre en el gobierno y sus programas de apoyo, sino en las graves fallas que tenemos entre gobierno y sociedad Aunque es un tema que ya hemos comentado en varias ocasiones, me parece que vale la pena regresar a él. México ha cambiado de manera muy importante durante los últimos 20 años, en prácticamente todos los aspectos. No cabe duda que la política de hoy es totalmente distinta a la que vivíamos a mediados de los 80, y lo mismo ocurre con la economía. Puesto que aquí hablamos sobre todo de lo segundo, permítame darle algunas cifras de qué tan grande es el cambio, porque creo que si seguimos sin entender este proceso, seremos cada vez más anacrónicos. Y cuando uno no está en sintonía con lo que pasa afuera, pues es más difícil que tenga éxito. En lo que sea. Para comentar sobre esto, voy a utilizar los datos de oferta y demanda agregadas, que hace unas semanas se publicaron para el 2006. En el año pasado, la oferta de bienes en México estuvo compuesta por dos tercios producidos en México y un tercio que vino de fuera. Algo parecido ocurrió con la demanda, poco más de dos tercios provino del país y poco menos de un tercio vino del resto del mundo. Esto es totalmente distinto de lo que conocimos durante prácticamente todo el siglo XX. De 1939 hasta fines del siglo, los bienes que se vendían en México provenían de aquí mismo en casi 90%. Sólo 10% venía del exterior. Con la demanda ocurría lo mismo, nueve de cada diez pesos se vendían en el país. Este cambio puede verse de maneras muy distintas. Hay quienes consideran que esto es muy malo, porque ahora se importa más y porque ya no se compran cosas hechas en México. Otros lo ven al revés, y creen que es muy bueno, porque ahora pueden comprar cosas mejores que antes. Como es común con las grandes cifras, uno siempre puede conseguir ejemplos en contra. Por un lado, puede uno citar innumerables casos de productos del exterior que son malísimos. Ahora está de moda criticar la calidad de los que vienen de China, y con bastante razón. Pero en los años setenta esa crítica era para los productos japoneses, y hace 20 años, para lo que venía de Taiwán y Corea. Pero en cosa de una década cada uno de los países mencionados mejoró significativamente su producción, de forma que hoy un producto japonés es sinónimo de calidad, a diferencia de lo que pasaba hace 30 años. Y algo parecido ocurre con Corea. Los cambios siempre son difíciles. Más cuando uno no está preparado para ello. Las empresas mexicanas han sufrido mucho desde fines de los 70, cuando el esquema de desarrollo de ese entonces finalmente se hundió. Sin embargo, para muchos, era un camino correcto que debería continuarse. Y no importa cuántas cifras les presente uno, nunca aceptarán que era un modelo condenado al fracaso desde su inicio. De nada sirve mostrar que ningún país, de los que seguían ese modelo, tuvo éxito. El problema de no entender este cambio de fondo es que se sigue trabajando como se hacía en los setenta, y esto siempre lleva al fracaso. Entonces, pero más ahora. Y lo normal es que, frente a ese fracaso, las quejas sean por falta de apoyo, de fomento, de protección gubernamental. No tengo duda de que los programas de gobierno son, en lo general, malos y mal aplicados, pero eso es así en prácticamente todo el mundo. Es más correcta una crítica más amplia a la economía mexicana, que no se centre en el gobierno y sus programas de apoyo, sino en las graves fallas que tenemos entre gobierno y sociedad. Por ejemplo, el marco normativo anticuado y creado para extraer riqueza a las empresas a través de corrupción. Pero no olvidemos que este mismo marco normativo le ha permitido a muchos empresarios acumular fortunas considerables, precisamente corrompiendo. Dicho de otro modo, es un marco construido para beneficiar a unos pocos a costa de los demás. Pero no nos enfrentamos a él como deberíamos porque, en el fondo, hemos aprendido a vivir con él. Algo similar se puede decir del sistema financiero, uno de los más deficientes del mundo. Y no hablaré del sistema educativo hoy, porque es día del maestro. Éstas son las fallas que nos impiden competir, no los programas de apoyo y fomento. Bueno, regresando a las cifras, este gran cambio tiene implicaciones muy grandes en toda la economía, que tenemos que analizar con detalle. En 20 años, hemos triplicado nuestra relación con el resto del mundo, lo que significa que el flujo de producción se orienta más hacia fuera del país que hacia su interior. Esto provoca que las regiones con mejor comunicación con el exterior hayan crecido mucho, mientras que las que están apartadas prácticamente no lo hayan hecho. Esto no parece tan importante, pero cuando ocurre durante veinte años, es un mundo de diferencia. Regiones que hasta hace 20 años producían y crecían, llevan dos décadas de miseria. En esas dos décadas, ha cambiado una generación completa. Así, familias que vivían bien ahora tienen hijos mayores, muchos de ellos ya en plena madurez, que apenas sacan para mantener a su familia. Para estas personas, este cambio es incomprensible, pero brutal. De niños lo tenían todo, y ahora no pueden darle ni la mitad de eso a sus hijos. Pero déjeme seguir con esto el próximo jueves, porque ya nos acabamos el espacio. macario@macarios.com.mx
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