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El “mea culpa” de Creel
Más de un año después de aprobada la llamada Ley Televisa, Santiago Creel Miranda tuvo un ataque de honestidad. Denunció que esa legislación fue aprobada mediante “presiones” y fue una “imposición” de las empresas televisivas a los candidatos presidenciales y al Congreso. Las críticas y cuestionamientos al mea culpa del coordinador senatorial del PAN no se hicieron esperar: ¿por qué tardó tanto para denunciar lo que debió saber y conocer primero como secretario de Gobernación, y luego como precandidato presidencial del blanquiazul?
La incongruencia y el cinismo fueron los primeros calificativos que analistas y detractores lanzaron a Creel, que respondió con otra declaración pública en la que hablaba de un “compromiso con la democracia” y explicaba que las presiones fueron “al calor del momento electoral” y de las campañas presidenciales, sin dar mayores datos ni ponerle nombres a sus acusaciones.
En momentos en que la Suprema Corte de Justicia analiza la constitucionalidad de las reformas a las leyes federales de Radio y Televisión y de Telecomunicaciones, los señalamientos del senador panista acrecentaron la polémica y el intenso debate que desde siempre rodeó a esas reformas.
Pero, ¿cuáles fueron las verdaderas razones que tuvo Santiago Creel para lanzarse contra la legislación que involucra los millonarios y poderosos intereses de los principales consorcios televisivos del país y los influyentes concesionarios de radio?
Dos pueden ser las motivaciones de la tardía expiación. Primero, está su relación personal con Televisa, empresa que durante su frustrada campaña presidencial participó en la promoción y la estrategia de su fracasada candidatura. Desde Gobernación, Santiago construyó una alianza estratégica no sólo con la empresa de Emilio Azcárraga, sino también con otros grupos y magnates de la comunicación, entre ellos Grupo Imagen.
La entrega de 206 permisos para casas de apuesta otorgados por Creel antes de abandonar la Segob, se reflejó después en el trato que las aspiraciones del panista tuvieron en las televisoras. De hecho, a través de un esquema de asesoría, el vicepresidente de Televisa, Alejandro Quintero, envió un equipo de estrategas a la campaña de Creel.
Los enviados de Quintero fueron bloqueados por el grupo de panistas cercanos a Santiago e ignorados por el propio precandidato; la relación se fue desgastando a tal grado que en agosto de 2005, a unas semanas de la elección interna del PAN y cuando ya había señales de la debacle que se avecinaba, los estrategas ligados a las empresas de Quintero se retiraron abruptamente del equipo de Creel.
Cuando vino la estrepitosa derrota de Santiago a manos de Felipe Calderón, la alianza y los millones que había invertido el ex secretario de Gobernación no evitaron que la empresa televisora se olvidara de Creel y buscara al ganador. Esa podría ser una factura que hoy esté cobrando el senador del PAN con sus comentarios.
El otro motivo detrás del mea culpa tiene que ver con la lucha de poder en el PAN. Y una versión que manejan asesores de Los Pinos es que, ante señales de que senadores ligados al calderonismo amenazan al liderazgo de Creel en la fracción panista, Santiago quiso protegerse lanzando su confesión de parte y agitando las olas televisivas, con intención de afectar la buena relación existente entre Televisa y la casa presidencial.
De ser así, Creel no sólo estaría defendiendo su posición de poder, sino que, en el enfrentamiento entre el presidente Calderón y Manuel Espino y los foxistas, estaría tomando partido del lado de los ultraconservadores. Creel había mantenido hasta ahora cierta neutralidad y a pesar de sus conocidos nexos con Espino, se había acercado a Calderón y había tendido puentes con Los Pinos. Su cambio de posición ¿será puro nerviosismo o de veras vio venir una asonada contra su liderazgo?
En todo caso, Santiago Creel decidió jugar una carta riesgosa. Y para jugar su mano buscó el respaldo de Manlio Fabio Beltrones, quien ayer salió a decir que el Senado apoya los planteamientos del panista. Las apuestas están hechas, y como en todo juego habrá ganadores y perdedores.
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