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    México y el mundo
Juan María Alponte
10 de mayo de 2007

Adiós tumultuoso a ese hombre: Tony Blair

Cuando Tony Blair, hace una década, llegó al 10 de Downing Street no sabía que él y su mujer, la abogada mejor pagada de Inglaterra, inauguraban un periodo laborista mágico que termina mal. Esto así porque la magia requiere al hombre de Estado para que, como Churchill, las sombras y la luz establezcan el equilibrio. Tony Blair no ha podido sustraerse a su ego infantil y ello, en una vieja sociedad cargada de historia, le ha conducido a un final triste. Merecía otro end.

Es cierto que se marcha, después de 50 años de bombas, sentándose en una mesa común con los líderes, formando un gobierno común, de la espantosa agonía que hemos llamado la masacre entre católicos y protestantes en el Ulster. Sin embargo, ha perdido, al tiempo, las elecciones municipales y regionales abriendo el camino, en Escocia, a los independentistas escoceses que, por primera vez, han tenido más diputados que los laboristas.

Inglés de la rebelión juvenil, su llegada al "número 10" -donde vi llorar un día a Bernadette Devlin que fue el alma de los católicos del Ulster- llenó de estupor y de esperanza a los socialistas europeos que, perdidos en su rosca ideológica, no sabían cómo poner rumbo a un socialismo moderno. Durante un tiempo, Tony Blair, vencedor de la vieja Dama de Hierro, Margaret Thatcher, representó una indudable mutación y, también, modernización en las maneras. Él y su mujer refundaron el modelo de una pareja que llenó de hijos los espacios sagrados y se divertían en el poder en vez de posar como estatuas presidenciales. Oscar Wilde, que intuía "que el hombre destruye cuanto ama", hubiera proporcionado gentilezas y advertencias. No lo advirtieron.

Lo cierto es que Tony Blair se encerró, olvidado de la visión de un mundo que el imperio británico conocía bien, en la trampa histórica de Irak que termina su ciclo con la tragedia burlesca de Wolfowitz (el principal "halcón", de la guerra) en el Banco Mundial y, por tanto, poniendo en evidencia las entrañas históricas de la Conferencia de Bretton Woods, donde EU impuso al mundo, en 1944, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

El periodo de Tony Blair se termina, con Wolfowitz en la picota y con su derrota electoral. Derrota, anticipada, que tuvo como fondo, el Medio Oriente: ese inmenso trapecio de religiones y culturas que, con el petróleo, la religión hebrea, la cristiana e islámica tiene que ser tratado con pinzas. No lo hizo. Se dejó arrastrar a la hecatombe por un hombre muy por debajo de su talento y de su cinismo british que es una manera de vivir en armonía, inteligente, con la existencia. Me resulta difícil de entender que un inglés refinado e irónico se dejara ir, sin más, a la aventura del Irak (territorio de Lawrence de Arabia que supo era un arenal peligroso) por un hombre como Bush que está muy por debajo de Blair en conocimiento del mundo. Tony Blair no es un hombre primario como el tejano, sino un producto elaborado de viejas andaduras que permitieron que Marx viviera, en Inglaterra, desde 1849, hasta su muerte en 1883.

Ello sin que el Parlamento le planteara una sola observación. La única vez que dijeron "no" a Marx fue cuando éste, con penurias famosas, pidió un empleo en los ferrocarriles. Le devolvieron la petición diciéndole que no habían podido entenderla. Engels, más avisado, creó una escuela de "traductores" -dada su letra- pagada por su bolsillo generoso, para que el inmenso montón de cuartillas de Marx pasaran al pensamiento moderno. Blair, curiosamente, ha resuelto el problema del Ulster y abre el de la Escocia independentista y deja como sucesor en su partido a un escocés -eso es muy british- y a los conservadores asombrados, que dicen: "Estamos aquí". Aún no se lo creen.

E-mail: alponte@prodigy.net.mx

 
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PERFIL
 
Profesor titular de la FCPyS de la UNAM, escritor y periodista. Ha colaborado en periódicos y revistas nacionales e internacionales. Ha escrito 37 libros, entre los que destacan Retrato de una Familia Babélica; las biografías de Colón y Lenin; Historias en la Tierra y Los Liberadores de la Conciencia.
 
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