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Francia y Europa esperan el mes de junio
Lo previsible, decía ayer, se ha cumplido. En efecto, Nicolas Sarkozy, hijo de un inmigrante húngaro de buena familia y rumbo ruidoso, es el nuevo presidente electo de Francia. El porcentaje de sus votos en la segunda vuelta (53%) concuerda con las mayorías "moderadas" de los últimos comicios presidenciales: 55.2% de Charles de Gaulle en 1995, frente a 44.8% de Francois Mitterrand; 58.2% de Georges Pompidou y 41.5% de Alan Poher en 1969; 50.8% de Valery Giscard d´Estaing en 1974, frente a 49.2% de Mitterrand; 51.7% de Mitterrand en 1981, ante Valery Giscard d´Estaing, en reelección, que obtuvo 48.3%. En la siguiente votación presidencial en 1988 (periodo de siete años entonces) Mitterrand se situó en 54.0% y Jacques Chirac en 46%. En el cuadro, hasta nuestros días, las elecciones presidenciales se han caracterizado por un margen democrático, evidente, pero no hiriente, es decir, la democracia plantea al gobernante la existencia del otro y la advertencia de que la "otredad" política tiene una función histórica precisa: que toda mayoría posee el derecho a decidir si considera, asume, respeta y entiende el papel de una minoría que representa, por su dimensión, una advertencia política. Sólo en dos ocasiones, entre 1958 y 2002, un periodo largo que nos permite no un juicio de valor, sino una reflexión pertinente, se produjo en las urnas una mayoría "desproporcionada". En las elecciones presidenciales de 1958 Charles de Gaulle tuvo un respaldo rotundo: 78.5%. El año fue decididamente anormal. En efecto, se realiza esa postulación en el cuadro del levantamiento de Argelia pidiendo la independencia y la rebelión de los "coroneles" en Argel que amenazaban "invadir" Francia si se aceptaba la insurgencia. En aquellos días, André Malraux, el novelista legendario de China y la Guerra Civil de España, estuvo "levantando" a París para hacer frente a los posibles "sublevados". Se lo dijo a De Gaulle, que apenas alzó sus enormes y pesados párpados de elefante para decirle: "Está bien, pero yo me voy a dormir. Los coroneles no harán nada sin órdenes y nadie dará una orden para que el Ejército traspase el Mediterráneo y aparezca en Francia". Malraux se quedó de piedra. No ocurrió nada, pero cuando Francia pidió que De Gaulle se hiciera cargo del país en crisis, se produjo un hecho novedoso. En efecto, los coroneles y los colonialistas franceses pensaban que De Gaulle estaría contra los argelinos. Pero en el primer consejo de ministros De Gaulle afirmó sin más lo que sigue: "Los franceses de Argelia no representan, necesariamente, a Francia". Esas condiciones históricas explican el 78.5% de 1958. De Gaulle reconoció y entendió la independencia de Argelia. En el caso de Chirac, en 2002, también se dio una circunstancia anómala: que, en la primera vuelta el candidato socialista fue derrotado por Le Pen, líder de la extrema derecha y, por tanto, en el "Chirac contra Le Pen" existió un voto de vergüenza y, para evidenciar su rechazo a Le Pen, Chirac obtuvo 82.2%. Fenómeno electoral que nada tenía que ver con Chirac y la prueba es su descrédito en ese quinquenio. En consecuencia, con Nicolas Sarkozy la democracia francesa concede una mayoría suficiente, pero revela que muchos millones de franceses están en otro lado; la derecha gana con 53% -plena legitimidad aunque fuese por un voto-, pero Sarkozy ha reconocido la existencia del "otro". A sus 52 años, Sarkozy, quien representa la generación de la posguerra (al igual que Segolene Royal) tendrá que pensar que la elección de la Asamblea en junio será realmente el punto de partida para su gobierno y para Europa. En síntesis, el pueblo tendrá su papel como legislador. En 2002 dio la mayoría a Chirac. Queda, pues, esa etapa.
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