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    Itinerario Político
Ricardo Alemán
09 de mayo de 2007

Ahumada, preso político

La existencia de una extensa videoteca en la que registraba todos sus acuerdos deja ver a un empresario maquiavélico

Quienes mantuvieron relaciones empresariales con el señor Carlos Ahumada saben, a partir de su experiencia, que no es precisamente el mejor ejemplo de rectitud. Aquellos que jugaron el papel de "puente" entre el poder del dinero y el poder político -y que llevó al señor ahumada hasta los "cuernos de la luna" como hombre de empresa- conocen del juego poco limpio y nada escrupuloso que practicaba el señor Ahumada.

Más aún, la exhibición de los videos en los que el señor René Bejarano recibe pacas de dólares, y la existencia de una extensa videoteca en la que el señor Ahumada registraba en video todos sus acuerdos, pactos y negocios, dejan ver a un empresario maquiavélico, capaz de cualquier cosa para lograr sus objetivos, habilidades que, por cierto, muy pronto lo convirtieron en un poderoso capitán de empresa.

De Carlos Ahumada se puede decir mucho, casi todo ello poco gratificante para la imagen del empresario, y en la mayoría de los casos se estaría hablando con verdad. Pero también es cierto que los supuestos delitos por los que fue llevado a prisión desde el 28 de abril de 2004 no fueron más que una invención ordenada desde el gobierno de Andrés Manuel López Obrador para cobrar venganza contra Carlos Ahumada, quien desafió al entonces poderoso jefe de Gobierno y presidenciable más aventajado.

En efecto, el señor Ahumada se asoció con panistas y priístas para debilitar y destruir, si era posible, las aspiraciones presidenciales de Andrés Manuel López Obrador -mediante la difusión de los videos de Bejarano recibiendo paquetes de dólares y de Gustavo Ponce jugando fortunas fabulosas en Las Vegas-, en una suerte de venganza política contra el ex jefe de Gobierno. Y es que Ahumada, que había patrocinado los afanes electorales de AMLO, entre muchos otros, se dijo traicionado por el tabasqueño cuando fue metido en "el mismo paquete" en el que López Obrador metió a su adversaria política Rosario Robles, a la que se propuso destruir como parte del "parricidio político" emprendido contra Cuahutémoc Cárdenas.

En esa lucha descarnada por el poder al interior del PRD y del gobierno capitalino quedó atrapado el señor Ahumada, no tanto por sus reprobables prácticas político-empresariales, sino como resultado de una venganza ordenada desde la jefatura de Gobierno del DF, y operada de manera ilegal, consigna política de por medio, por el entonces procurador capitalino, Bernardo Batis, un respetado político y abogado, de origen panista, y que fue arrastrado al vergonzoso papel de verdugo de una venganza política, con pruebas fabricadas, ordenada desde la jefatura de Gobierno.

Pero la desproporcionada venganza política -propia de políticos ambiciosos, inescrupulosos, al más puro estilo de la vieja clase política creada por el PRI- terminó en una vergonzosa aberración política, pues un gobierno como el de López Obrador, surgido de las siglas de la llamada izquierda mexicana -esa izquierda que fue perseguida y víctima del autoritarismo de los regímenes priístas-, convirtió al señor Carlos Ahumada en el primer preso político de un gobierno de izquierda.

Y el asunto resultó aún más penoso, cuando la justicia del gobierno izquierdista como el de López Obrador fue benévola con los suyos, con el señor René Bejarano -al que se le asignó una celda de lujo durante el poco tiempo que pasó en prisión-, mientras que Carlos Ahumada fue denigrado y vejado en sus derechos humanos, desde el momento de su encarcelamiento, cuando se permitió a un diario vocero del gobierno capitalino tomar fotografías de Ahumada en ropa interior y burlarse de su condición.

Luego de un largo y amañado proceso, en donde tanto el señor López Obrador como su sucesor, Alejandro Encinas, usaron todo el poder del gobierno capitalino para fabricar una acusación que sabían inexistente, el señor Ahumada fue absuelto de los cargos por los que fue acusado. Quedó claro que su encarcelamiento no fue más que una decisión política, una venganza, y que se le convirtió en un preso político.

Pero el asunto no terminó ahí. La madrugada del martes pasado, una vez que Carlos Ahumada fue exonerado y liberado, otra autoridad capitalina, en forma arbitraria, prepotente y con lujo de fuerza, prácticamente secuestró a Carlos Ahumada para llevarlo, sin explicación de por medio a sus familiares y abogados, ante un agente del Ministerio Público, dizque para declarar en otros supuestos delitos. Las autoridades responsables de la Procuración de Justicia en el Distrito Federal dieron toda clase de explicaciones a la arbitrariedad cometida, pero al final de cuentas no convencieron a nadie.

Y es que ya exonerado, Carlos Ahumada recibió otro mensaje del gobierno de Marcelo Ebrard, que podría ser detenido en cualquier momento si se le ocurre continuar con sus venganzas. Hay que insistir, el señor Ahumada no es el mejor ejemplo de empresario, y las prácticas vincularon al poder público no son las más aplaudibles. Pero el gobierno de López Obrador, del izquierdista PRD, lo convirtió en preso político, en víctima de una venganza política, venganza que se pudo extender a muchos otros si el resultado del 2 de julio hubiera sido otro. ¿Y quién sancionara al gobierno de AMLO?

aleman2@prodigy.net.mx

 
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Apasionado del periodismo, así explica el autor su dedicación de más de 10 años a este espacio donde se afana en traducir, aclarar y revelar los entretelones de críptico ámbito que es la política. Su trabajo requiere análisis, conocimiento y paciencia para poner en su lugar las piezas del acertijo. Le intriga también la literatura, aunque asegura que ninguna novela es más interesante que la realidad política.
 
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