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Lo previsible es, lo imprevisible queda
Lo previsible, la victoria de Sarkozy, líder conservador de Francia, se ha ratificado. Las encuestas, sin fallos. Dicho eso, cabe hacer algunas proposiciones. La primera es relevante: lo imprevisible está ahí. Una mujer, prácticamente sola, abandonada por los "elefantes" del Partido Socialista, ha sido capaz de borrar la vergüenza histórica de 2002. Entonces, uno de sus "elefantes", Lionel Jospin, fue eliminado de la segunda vuelta por el líder de la extrema derecha, Jean-Marie Le Pen (que ahora prácticamente ha sido enviado a la jubilación), al perder en la primera vuelta por 16.18% frente a 16.86% de Le Pen. Otro elemento importante, y sirva de meditación. Horas antes de definirse oficialmente los resultados, la candidata socialista, sin tirarse de los pelos, reconoció la victoria del candidato conservador. De la misma manera, justo es reconocerlo, el "elefante" Lionel Jospin en 2002 admitió sin dudas la victoria de Le Pen, pese a que Jospin, primer ministro saliente, obtuvo 16.18% y Le Pen 16.86%. La actitud de Jospin fue absolutamente honesta, reconocer los votos de Le Pen sin una sola protesta y retirarse de la política activa asumiendo errores que les correspondían a él y a su partido. Menos honesta ha sido, sin embargo, su oposición a la candidata socialista. La calle, el pueblo, el demos, ha sido más inteligente proporcionando a Segolene Royal -la mujer- un voto notablemente alto que conforta a una democracia, es decir, a cualquier democracia que crea que la mujer está absolutamente capacitada para gobernar. Sobremanera en ejércitos que ya han abierto sus columnas fálicas a las mujeres. Ni san Pablo en sus epístolas, en griego, a los corintios estuvo en esa posición, ya que insistió en que tenían que estar "tapadas" y obedeciendo a la "cabeza" que era el varón y sin poder enseñar en la ecclesia (asamblea en griego) y, por tanto, reducida al silencio. En ese sentido, Segolene Royal ha probado lo contrario: que el silencio se ha quebrado. Hasta tal extremo, sin más, que Sarkozy lo primero que ha hecho es reconocer que muchos millones de franceses (que incorpora a las mujeres sin necesidad del artículo "las") han votado por ella y que, por tanto, merecen respeto y atención en la democracia. No es el "sí pudimos" que todavía duele por su ineficacia ética, es decir, por su no reconocimiento público y expreso de la existencia de millones que opinan lo contrario. Más relevante, esa explícita afirmación de Sarkozy, ya que se le había señalado como un "enemigo público". En suma, existen en su discurso de victoria y reconciliación algunas de las leyes democráticas que no se deben incumplir nunca: que el "otro", es decir, que la "otredad" es parte esencial de nosotros mismos. Añádanse, a esas actitudes morales (antes he señalado la prontitud de Royal a reconocer que había sido derrotada y celebrar su participación) algo que no he visto en ningún medio europeo en las primeras horas: que Segolene Royal ha tenido tantos votos como Lionel Jospin en la segunda vuelta de 1991 (47.36% frente a 52.64% de Chirac) y, desde luego, más votos que Jospin en la primera vuelta de las presidenciales de 2002: 16.18% de Jospin frente a 25.87% de Segolene Royal en 2007. En suma, al Partido Socialista una mujer (que todavía, cierto, tiene mucho que aprender a sus 53 años) le ha devuelto el papel significativo que perdió con los "elefantes" en 2002. Sarkozy tendrá que demostrar ahora que no es el "gendarme de Francia", sino un ciudadano representativo de la primera generación de inmigrantes (su padre era húngaro), que tiene que resolver el problema que implicarán en junio las elecciones para la nueva Asamblea: el demos al poder. Lo previsible es, lo imprevisible queda. alponte@prodigy.net.mx
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