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    Itinerario Político
Ricardo Alemán
07 de mayo de 2007

Es más lo que se gana a nivel federal que local. Total, a Xavier Abreu ya le buscarán un lugar en el gobierno de Calderón

E n recientes y sucesivos encuentros privados del presidente Calderón con los gobernadores del PAN y del PRI -y los líderes partidistas de éste-, respectivamente, quedó echada la suerte del proceso electoral que tendrá lugar el domingo 20 de mayo en Yucatán, en donde los candidatos Ivonne Ortega -del tricolor- y Xavier Abreu -del blanquiazul- disputan un gobierno que hoy está en manos del panista Patricio Patrón Laviada.

¿La suerte está echada? Sí, por increíble que parezca y por absurdo que resulte. El 23 de abril pasado, aquí dijimos que eran muchos los signos de que desde el poder federal se veía con preocupación la elección en la península, y que nadie se debía llamar a sorprendido si el gobierno federal sacaba finalmente las manos del proceso y con ello favorecía el triunfo del PRI. En efecto, pocos lo creyeron, pero las tres más recientes encuestas -EL UNIVERSAL, Milenio y Reforma- muestran que en la práctica, el PAN y el gobierno federal dejaron solo al candidato Xavier Abreu. Existe un empate técnico entre la priísta Ortega y el panista Abreu, con una clara tendencia a la baja del candidato azul que, hay que decirlo, ha cometido todas las torpezas posibles.

Más aún, en el encuentro del presidente Calderón con gobernadores del PRI, uno de los temas de fondo, de importancia capital para ese partido, fue la elección de Yucatán, en donde el tricolor sabe de sus posibilidades de recuperar para sus colores una entidad emblemática, y porque a partir de ese resultado -que sería mucho más que una señal política, acaso el pago de garantía de una alianza sexenal entre el PRI y el PAN-, sellaría su alianza con el gobierno de Calderón, al que le daría certezas políticas y un urgente margen de maniobra.

Y no se trata de una ocurrencia o de un acto de futurismo político. Lo cierto es que desde que inició de manera formal el proceso electoral yucateco -entonces con una ventaja de más de 10 puntos porcentuales para el panista Xavier Abreu-, los estrategas de la candidata del PRI, Ivonne Ortega, diseñaron junto con la presidenta del partido, Beatriz Paredes, un desarrollo táctico para detener el activismo federal y del gobierno estatal a favor del candidato de Acción Nacional. Sabían que sin ese "plus" -que marcaría la diferencia en la elección- se podía recuperar para el PRI la plaza de Yucatán. Los mensajes se enviaron y, por supuesto, llegaron a su destino.

La respuesta fue pública, pero con destino no sólo al PRI, sino con dedicatoria para todos los actores políticos. El 15 de abril, Felipe Calderón hizo público un ensayo de puño y letra, en el que elogiaba el papel de Carlos Castillo Peraza en la transición y en donde invitaba a todos a seguir esa ruta; la de los acuerdos políticos. Al mismo tiempo, en el gobierno federal se pulsó la realidad yucateca y se ponderó que sin un margen de entre 5 y 10 puntos porcentuales a favor del PAN, la elección de Yucatán se convertiría en un lastre más que en un triunfo para el gobierno federal. ¿Cuánto vale la elección de Yucatán? ¿Cuánto vale la alianza del gobierno de Calderón con el PRI? Ese era el dilema.

Se concluyó que Xavier Abreu resultó un mal candidato, que el PAN hizo la peor campaña posible -una guerra de lodo que salpicó de manera grosera la imagen de la mujer yucateca-, además de que el mal gobierno de Patrón Laviada hizo perder las tradicionales reservas de votos del PAN en las zonas urbanas -Mérida y otras ciudades medias-, mientras que sus fortalezas se concentraron en las zonas rurales -otrora reserva del PRI-, pero de escasa producción de votos. En tanto, la candidata del PRI le dio la vuelta a la guerra sucia -la capitalizó para su causa, al convertirse en la mujer victimada y agredida por el macho, contra la imagen negativa, de mujer obesa y corriente que le endilgaron los spots del PAN-, al tiempo que se metió a todos los rincones de Yucatán en busca del voto.

Desde hace por lo menos 40 días, desde el primer círculo del poder presidencial se decidió cancelar todo activismo federal y se le ordenó al gobernador Patricio Patrón Laviada sacar las manos del proceso. Esa fue la señal para que aquí se preguntara: ¿Yucatán para el PRI? Todo indica que sí porque para el gobierno de Calderón la prioridad es sacar adelante su proyecto de reformas, más que mantener para su partido una parcela de poder que, en efecto, es de un profundo simbolismo para el PAN además de la tierra del desaparecido Carlos Castillo Peraza, pero de un elevado costo político para sostenerla. Es más lo que se gana a nivel federal que local. Total, a Xavier Abreu ya le buscarán un lugar en el gobierno federal.

En el fondo, y más allá de Yucatán, parece que el presidente Calderón está dispuesto a jugar en un tablero que conoce y cuyas fichas ha pulsado desde hace años: el tablero de los acuerdos políticos, los pactos de poder y las negociaciones. Y eso lo conoce bien. Hace no muchos años, cuando inició su gestión como presidente del PAN, un cartón de La Jornada -al parecer de Helguera- mostraba a un bebé, Calderón, jugando con cubos de madera. "Ya aprendió a hacer su primera concertacesión", decía el título. Y sí, desde entonces aprendió.

aleman2@prodigy.net.mx

 
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Apasionado del periodismo, así explica el autor su dedicación de más de 10 años a este espacio donde se afana en traducir, aclarar y revelar los entretelones de críptico ámbito que es la política. Su trabajo requiere análisis, conocimiento y paciencia para poner en su lugar las piezas del acertijo. Le intriga también la literatura, aunque asegura que ninguna novela es más interesante que la realidad política.
 
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