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Felipe de Borbón y el "cordón umbilical"
En su primer encuentro con la prensa, para informar del nacimiento de su segunda hija, Felipe de Borbón, sucesor de la corona española, con absoluta naturalidad, hizo saber que se habían reservado el cordón umbilical y dos bolsas de sangre que se habían enviado a un laboratorio privado, una de ellas, y la segunda a un laboratorio público para ser utilizadas, en caso de enfermedades específicas de la Infanta Sofía (lleva el nombre de su abuela la reina Sofía) porque, señaló, confiaba, plenamente, en la ciencia. En suma, un tipo de comunicación fundado en expresar a las sociedades, que vivimos en otra edad, sin duda, revolucionaria. La posibilidad de efectuar un trasplante de células madre, obtenidas del cordón umbilical, en caso de ciertas enfermedades es, quizá, menos importante que la afirmación, ante la Sociedad Civil, de las transformaciones, en el sistema de valores, de una vieja familia, como la Borbón, señalando en público su fe en la ciencia. Cuando nació, hace año y medio, la anterior hija de Felipe de Borbón y Doña Leticia, su esposa, el cordón umbilical, también en declaración pública, se envió a Estados Unidos. Entre nacimiento y nacimiento, la legislación española se ha modificado y, por tanto, ya existen en España bancos privados para guardar esos depósitos biológicos. Lo realmente significativo es que Felipe de Borbón a la hora de anunciar a la prensa el nacimiento de su segunda hija haya revelado a su país las decisiones que ha tomado la familia, en ese aspecto, bajo la puntualización expresa de su confianza en la ciencia y en la nueva medicina. Hace no muchos días, en L´Express de París, el doctor René Frydman, Jefe de los Servicios de Ginecología y Obstetricia de un importante hospital de París anunciaba, igualmente, que la primera mujer nacida in vitro, en el laboratorio, es, hoy, una bella joven que estudia medicina y que sus padres, que la han tenido por el procedimiento de la procreación asistida, han hecho todo lo posible por situarla fuera de la publicidad. En esa entrevista, el doctor René Frydman anunciaba que tres millones de franceses han nacido, en los últimos años, por vía de la procreación asistida transformándose así, la tragedia de los matrimonios que, por sus circunstancias (como se ve por el número, nada excepcionales) no podían tener familia y lo han logrado por vía del nacimiento in vitro o procreación asistida, en el marco de la plena legalidad, es decir, al modificarse el sistema jurídico. Decía el doctor Frydman, y ya he relatado sus confesiones en otra ocasión que, hace unos años, la Universidad Pontificia de Roma le invitó a plantear el tema. Señala Frydman que conversó, durante tres días, con el cardenal Ratzinger, hoy Benedicto XVI, sin poder convencerle de que la ciencia ayudaba a las familias. El Cardenal insistió en que sólo aceptaba la procreación "por vía del cuerpo de los esposos". La Instrucción Vaticana Donum Vitae lo confirmó posteriormente. No sabemos qué pensará la primera bebé-probeta que estudia, hoy, medicina. Lo que sí sabemos es que, en 1992 (el 31 de octubre) Juan Pablo II, ante la misma Academia Pontificia al rehabilitar, tácitamente, a Galileo, condenado por la Inquisición en 1633 como Hereticus Relapsus (Hereje Intratable) advierte, en ese discurso (poco leído) algo como esto: "Paradójicamente Galileo, creyente sincero, se mostró más perspicaz, sobre ese punto (si el sol giraba alrededor de la Tierra, como decía la Iglesia, o al revés como Copérnico y Galileo) que sus adversarios teológicos". Por esa causa, y otras más, es bueno que los que están a la cabeza de los pueblos digan en qué mundo viven. También es positivo saber que Felipe de Borbón señale a los demás que cree en la ciencia y en la nueva medicina. alponte@prodigy.net.mx
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