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Bajo el volcán
El calor político de mayo siempre es intenso, y sobre todo cuando hay rencor y ánimo de revancha aprovechando la insatisfacción Dentro del gobierno federal existe preocupación por este mes de mayo. Arrancó bajo los peores augurios con plantones y protestas frente a varias dependencias federales desde el lunes en la ciudad de México, y continuó con beligerancia explosiva durante las conmemoraciones del Día del Trabajo. A partir del miércoles escalará la protesta, con movilizaciones en todo el país y las amenazas de paro magisterial organizado por la Coordinadora Nacional, que es disidente del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación el cual, a su vez, prepara sus propias manifestaciones, coincidentes con la etapa crítica de la negociación salarial con la Secretaría de Educación Pública. Pero no hay que quedarse en el árbol. El bosque está seco para que se oiga bien la voz de los sindicatos agrupados en la Unión Nacional de Trabajadores, o los barzonistas por problemas en el campo, o más de 75 mil derechohabientes del ISSSTE que han iniciado una lucha legal contra las recientes reformas en la institución. El viejo corporativismo sindical y sus aliados tácticos en los movimientos sociales y populares están en pie de lucha. El gabinete de seguridad ya tuvo en su última reunión semanal de los jueves un anticipo de lo que venía. Les preocupa lo que puede ser el detonante, las negociaciones salariales con el magisterio, ante la debilidad de la secretaria Josefina Vázquez Mota que, sin embargo, ya recibió un tanque de oxígeno de Los Pinos. Calculaba que el SNTE pagaría con su ponderación la reforma del ISSSTE que fue hecha a su modo, pero está visto que no será suficiente, en buena parte porque existen problemas que están desencadenados de tiempo antes que ella imaginara ocupar esa cartera en el nuevo gobierno. Hace casi un año, el conflicto con el magisterio se desbocó en Oaxaca, cuando una mala operación política del gobernador Ulises Ruiz y un abandono presupuestal en la administración de Vicente Fox convirtieron la protesta de los maestros oaxaqueños, que habían acudido puntualmente a ella durante 26 años, en una insurrección popular y un desastre político, económico y social. Oaxaca es uno de los focos neurálgicos de alarma, que comenzó a sonar desde finales de marzo cuando la capital del estado vio una rápida y vasta operación militar. Tropas de la 28 Zona Militar respondieron a un llamado de urgencia de la Comisión Estatal de Agua que, cuando estaba desazolvando una alcantarilla en la zona de Brenamiel, que se encuentra sobre la carretera que conduce a la ciudad de México, encontró una buena cantidad de explosivos. Según la prensa oaxaqueña, lo que descubrieron los militares fueron 64 cargas de Tovex, que es un hidrogel que se utiliza en la construcción por ser de mucha efectividad en explosiones de alta dificultad. De acuerdo con esos reportes de prensa, el Tovex pudo haber sido parte del material robado a una constructora en una comunidad oaxaqueña precisamente en el momento en que comenzaba el movimiento popular de apoyo a los maestros. Brenamiel fue la última trinchera que cayó en el largo conflicto que rebasó al magisterio y se convirtió en una lucha insurreccional encabezada por la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), que llegó a tener una fuerza en ese vecindario de cuando menos 3 mil personas. Los explosivos encontrados en los bastiones de la APPO el 29 de marzo pasado apenas si reflejan hasta dónde estaban dispuestos a llegar sus contingentes. La APPO fue infiltrada por células del EPR, que se valió de esa coyuntura para ensayar, en tiempo y escenarios reales, tácticas de guerrilla urbana. Pero focalizar en esa guerrilla el núcleo de la insurgencia y la beligerancia sería muy reduccionista. La molestia política y social tiene a personas y grupos dispuestas al quiebre legal y constitucional. Un capítulo que refleja ello es el poco conocido de la negociación con el PRD para que Felipe Calderón pudiera tomar posesión como Presidente el 1 de diciembre. La disyuntiva que tenía el PRD era aceptar que se diera la ceremonia y se cumpliera el plazo constitucional o saltar a la ilegalidad. El coordinador de la bancada perredista, Javier González Garza, fue pieza clave en la negociación, que incluyó el que decomisara entre su bancada, en la puerta de entrada al salón de sesiones, más de 70 explosivos -incluidas algunas granadas- que llevaban sus correligionarios de partido, y en especial tres legisladores que estaban listos para generar lo que hubiera sido un principio de asonada. La violencia del México bronco está emergiendo. Hay vasos comunicantes entre la Oaxaca sometida por la APPO y el escenario de crisis constitucional el 1 de diciembre, pero también hay correas de transmisión entre las intentonas insurreccionales bajo la cubierta de indignación por los resultados de la elección presidencial, y la molestia de los agricultores por el abandono del campo, y de los derechohabientes por la percepción de que se quedarán sin jubilaciones o que los están despidiendo para evitar las pensiones, o de los sindicatos que están viendo el nuevo orden laboral mediante nuevos tipos de contratos basados en la productividad. México no se encuentra entre los países con mayores problemas en el mundo. Aunque en 2002 unos 50 millones de mexicanos vivían en pobreza y unos 20 millones en extrema pobreza, sólo entre 4% y 9%, de acuerdo con el Banco Mundial, vive con menos de un dólar al día. No significa que el país se encuentre bien, sino que las cosas, estadísticamente hablando, no están tan mal. Sin embargo, los números son eso, no seres humanos, y la percepción es más poderosa y motivadora que la realidad. La molestia generalizada puede entenderse como una fuerza a la que alimenta la desigualdad. Las crisis de los 90 y el estancamiento económico entre 2000 y 2003 redujeron paradójicamente la desigualdad en México, con lo cual dejó de ser un protagonista ominoso en América Latina y se colocó por debajo de la media. Sin embargo, si 10% de la población que tiene más ingresos obtiene 40% de los ingresos totales, mientras que 10% que menos tiene recibe 1.1% del ingreso, y sus plutócratas son figuras en la lista de los multimillonarios de Forbes, y los monopolios dominan la vida cotidiana de los mexicanos, ¿cómo no entender la ira de los que no tienen y de los que se sienten desplazados y marginados de las oportunidades? Existen dos niveles de molestia y protesta, la orgánica con fines políticos específicos y la inorgánica de todos aquellos que se sienten justificadamente agredidos por la sociedad en la que viven. Su combinación es una mezcla peligrosa, más allá de la agenda que puedan tener los sectores políticos o los movimientos populares, legales o ilegales. Se juntan el hambre y las ganas de comer, literal y figurativamente hablando, lo cual es un sedimento revolucionario al que el gobierno de Calderón tiene que encontrar respuestas prontas y salidas no violentas en el corto plazo. rriva@eluniversal.com.mx r_rivapalacio@yahoo.com
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