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    México y el mundo
Juan María Alponte
01 de mayo de 2007

El vuelo ingrávido de Stephen Hawkings

Una vez en mi vida he visto, a un metro, al genio inválido: prisionero de una silla de ruedas, cargado a su vez de instrumentos científicos para poder comunicarse. Fue en el hotel Palace de Madrid, en su famoso vestíbulo redondo con su alto techo cónico. Stephen Hawkings pasó ante nosotros, admirados, con su aire de niño anguloso y diáfano que miraba a través de la gente: como si él no viera nada más que las estrellas de Galileo. No lo olvidaré nunca.

Estos días pasados Hawkings ha realizado un viaje, en un avión 727, preparado para alcanzar la gravedad cero. Unos médicos lo han tendido en el suelo para que finalmente, en el cuadro de una serie de operaciones, pudiera flotar en medio de la cabina.

El famoso científico se prepara, así, para su vuelo espacial, a bordo de la nave SpaceShipTwo, que debe producirse en el año 2009. Su libro A brief history of time, from the Big Bang to black holes (Una breve historia del tiempo. Del Big Bang a los agujeros negros) constituye una de las más fascinantes, pese a su complicación terminológica y científica (posee un valioso Glosario final que nos permite navegar por sus páginas) obras de ciencia.

Las personas que han tenido la generosidad de acompañarme en mi viaje de escritor saben de sobra mi inquebrantable decisión de defender a Galileo, condenado por la Inquisición en 1633, tildado de "hereje intratable" por mantener la teoría de que, contrariamente a la tradición eclesial, no era el Sol el que giraba en torno de la Tierra, sino al revés.

La Iglesia apoyaba la posición contraria porque partía de la hipótesis de que Dios había creado la Tierra como morada del hombre y, por tanto, los astros o el sol giraban en torno de la Tierra en señal de adoración.

En el libro citado de Hawkings se dice una cosa que a mí me conmueve: el sabio inválido se considera feliz porque nació exactamente 300 años después de la muerte de Galileo. En suma, Galileo Galilei murió el 8 de enero de 1642. Así, por ello le tiene constantemente en su memoria.

En ese corto libro de Stephen Hawkings pasan por sus páginas, descritos de una manera prodigiosa, Galileo, sin duda, que transporta consigo no sólo las ideas de Copérnico (que la Iglesia quiso que abandonara y que nunca ratificara su teoría), sino también las muy brillantes dedicadas a Einstein no sólo con una penetración científica deslumbrante, sino por su visión personal del hombre de la teoría de la Relatividad. De la misma manera podría decirse de Newton. La claridad con que desarrolla, aclara y precisa las leyes de Gravedad de Newton, así como su personalidad, no es menor que su visión total del universo.

El libro, por tanto, es un ensayo imprescindible para regresar al Big Bang, a la explosión con que inicia el cosmos y el gigantesco proceso posterior. Dado mi interés por Galileo, leo sus páginas sobre el tema con extraordinario interés. Señala algo que Juan Pablo II en 1992 subraya: "Galileo fue más avisado que muchos teólogos de su tiempo y fue un buen creyente". Hawkings lo afirma: "Galileo permaneció en la fe católica, pero su creencia en la independencia de la ciencia no fue aplastada".

Cuatro años antes de su muerte, en 1642, mientras todavía estaba bajo arresto (impuesto por la Iglesia) el manuscrito de su mayor obra fue llevado de contrabando a Holanda y publicado.

En ese trabajo, referido a las dos nuevas ciencias, Galileo hace más fuerte su apoyo a Copérnico. Ello sería la génesis de la física moderna (página 160). El discurso de Juan Pablo II ante la Academia Pontificia (31 de octubre de 1992) no es citado por Hawkings. Es la rehabilitación tácita de Galileo.

Hawkings ha vivido unos momentos ingrávidos y seguramente su cuerpo habrá tenido una experiencia memorable. Ojalá llegue en 2009 al espacio exterior.

alponte@prodigy.net.mx

 
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PERFIL
 
Profesor titular de la FCPyS de la UNAM, escritor y periodista. Ha colaborado en periódicos y revistas nacionales e internacionales. Ha escrito 37 libros, entre los que destacan Retrato de una Familia Babélica; las biografías de Colón y Lenin; Historias en la Tierra y Los Liberadores de la Conciencia.
 
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