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Violencia: ¿poder o sufrimiento?
El sufrimiento se contagia por la cercanía y nos reconforta cuando lo vemos lejos de nuestra realidad. Que no haya más armas en el mundo porque ya está plagado de corrupción. El héroe identifica la malicia y junto con el villano, usan la violencia; el primero para combatirla y el segundo para satisfacer sus ambiciones personales. Para explicar el lado del poder y el del sufrimiento, citaré a tres autores que fueron testigos de la guerra como acto de exterminio: Simone Weil Escribe un ensayo sobre la guerra en el que plantea dos perspectivas opuestas. La primera, reprueba la acción bélica: "La violencia convierte en cosa a quien está sujeto a ella". De esta frase podemos deducir que la fuerza que ejerce la agresión (física o sicológica) es el verdugo que somete al esclavo para manipularlo. La segunda postura no ve otra alternativa en el conflicto armado: "La violencia puede exaltar a alguien subyugado y convertirlo en mártir o en héroe", esto quiere decir que los que mueren en el campo de batalla ofrecen su sangre a la patria. Susan Sontag En su ensayo Ante el dolor de los demás, explica el impacto que las escalofriantes imágenes de la guerra producen en cualquier espectador. La cuestión gira en torno al principal medio de noticias, la televisión y de la frecuencia de repeticiones, con la que agota la fuerza de una imagen. La televisión está organizada para incitar y saciar una atención inestable, por medio de un hartazgo de imágenes. La saturación mantiene la atención del consumidor de manera superficial, relativamente indiferente al contenido. El receptor necesita ser estimulado una y otra vez para que no se canse, aburra y cambie de canal. Si la conexión se enfocara en el análisis de la información, requeriría más de su atención la cual disminuye gracias a las imágenes que transmite el medio. Ernst Jünger El filósofo alemán vivió 103 años y fue soldado en la Gran Guerra de 1914. Escribió Tempestades de acero, donde dice que una persona se conoce verdaderamente hasta que se enfrenta al peligro. También narra un relato autobiográfico que me conmovió: "Por fin me había atrapado una bala. Parecía que aquella vez había cambiado todo. Sin embargo, aunque parezca extraño, fue aquel uno de los poquísimos instantes de los que puedo decir que han sido felices de verdad. En él capté la estructura interna de la vida, como si un relámpago la iluminase. Notaba un asombro incrédulo, el asombro lleno de alegría. Luego oí cómo el fuego se debilitaba: parecía que me hundía bajo la superficie de un oleaje furioso. Allí no había ni guerra ni enemistad". Vivimos en un planeta sobrepoblado en el que hasta los elefantes en la India atacan a los humanos para defender su hábitat. Parece que para ganar hay que lastimar a quien se ponga enfrente; comenzando por la lucha libre y el box; la rivalidad entre los partidos políticos, el combate a la delincuencia y la diferencia de clases sociales. La discordia familiar entre los cónyuges, por ejemplo, daña sicológicamente a los hijos; incluso en los videojuegos, los niños saben que si matan más "monitos", reciben puntos y vidas extra. Procuremos asimilar desde nuestra propia perspectiva, los acontecimientos que ocurren diariamente y hacer una reflexión que nos ayude a fortalecer nuestra sensibilidad; evitando que la saturación de imágenes a la que estamos expuestos nos consuma. lahojaenblanco@gmail.com
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