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    México y el mundo
Juan María Alponte
29 de abril de 2007

En 1637 apareció un libro que transformó las formas de pensar y planteó una vía nueva y superior del razonamiento: el método cartesiano. El libro se tituló El discurso del método . Su autor, René Descartes, liquidó, a la vez, el modelo aristotélico de razonar y, por supuesto, el de la Iglesia medieval. Frente al silogismo tradicional Descartes estableció el "criterio de la verdad". Consideró que la evidencia era el supuesto central del conocimiento científico. Insistió en ello: no juzgar antes de que el juicio se nos aparezca como evidente; no juzgar con ideas preconcebidas; no juzgar más allá de lo que nos aparece como claro y distinto.

Otro René, en este caso el profesor René Frydman, jefe del Servicio de Ginecología y Obstetricia del hospital Antoine-Beclere de París, en una entrevista a L´Express (22 de febrero de 2007) dice "que 3 millones de franceses han llegado a la vida por la fecundación in vitro y que uno de ellos, Amandine, una mujer, estudia, en estos momentos, Medicina". Un mundo de evidencias nuevas, al margen de toda idea preconcebida. Evidencias que son mutaciones en el marco tradicional del juicio de valor.

Dice que la Academia Pontificia de Ciencias del Vaticano (donde en 1992 Juan Pablo II devolvió a Galileo, declarado "hereje intratable", en 1633 por la Inquisición, su noble fama de científico y de creyente) le invitó a explicar esa situación. "Discutió -dice- durante tres días con el cardenal Ratzinger (hoy Benedicto XVI) sans réussir a le convaincre, es decir, sin poder convencerle". No obstante, según el criterio de evidencia cartesiana esa confrontación no impide que 3 millones de franceses hayan entrado en la vida por vía de la fecundación in vitro o la procreación asistida. Dice más, que no sólo no convenció al cardenal, sino que tiempo después se publicó una Instrucción vaticana (1987), Donum Vitae, que condenaba toda procreación "fuera del cuerpo de los esposos". El doctor Frydman señala que es un sentimiento profundo de mujeres y hombres de tener un hijo cuando no es posible tenerlo por vía del "cuerpo de los esposos", pero la ciencia ha hecho posible que sean padres por una vía que no niega, sino agranda las capacidades humanas, trascendentes, del antropos, del ser humano: la fecundación in vitro.

Para Descartes, una de las reglas que el criterio de verdad establece son las Reglas (quaestiones) que convierten las razones como formulación para el esclarecimiento de la realidad. El esclarecimiento es el centro, pues, de todas las quaestiones. Le señalan a Frydman que Francia "parece un país demasiado rígido en materia bioética y con más prohibiciones que en otros países". Contesta: "Las mentalidades han evolucionado mucho. La ley de 1994 ha oficializado la fecundación in vitro y el diagnóstico preimplantatorio que permite seleccionar embriones ´indemnes´ en caso de enfermedad grave de los padres".

Ante esa lectura, fundida en el modelo cartesiano del criterio de verdad, la despenalización del aborto en el Distrito Federal es, ante esa inmensa mutación de la vida humana, no sólo un derecho legítimo de la mujer, sino una obligación jurídica (en el sentido de despenalización) del Estado que no puede excluir los derechos, sino limitarlos racionalmente, para que no sean una banalización (que es, siempre, una transgresión grave) del trance traumático que implica el aborto. El criterio de verdad nos obliga a reconocer que el aborto se realizaba en condiciones no sólo abominables, sino horribles. Ante ello se cerraban los ojos o, como decía el presidente Valery Giscard d´Estaing, "él sólo sabía que las mujeres de las clases elevadas, cuando tenían problemas, realizaban rápidos viajes a Inglaterra u Holanda donde el aborto estaba autorizado por la ley". Cristiano y obediente a las normas de la Iglesia sólo se planteó, como hombre de Estado, si la Ley del Aborto (1974) representaba la realidad social o no y, no dudó en decir, como jefe de Estado que la nueva ley conformaba la realidad social y negó, al Papa, la posibilidad de discutir más un tema que su pueblo había aprobado según el marco legal.

El criterio de verdad cartesiano -la praxis- conduce al doctor Frydman a subrayar que, previamente a la votación de la Asamblea, después de debates tormentosos -hoy son pasado- él y 120 médicos más hicieron pública declaración, como varios centenares de mujeres de la élite, que ellos habían realizado abortos (y ellas lo habían decidido) para señalar al sistema legal que tenían que someterlos a juicio, por violación de la ley, o admitir que niveles muy altos de las clases más ilustres de la Medicina sopesaban, éticamente, el dilema y estaban dispuestos a ir a la cárcel. No olvidemos que Víctor Hugo, con la voz luminosa del poeta, fue luchador incansable contra la pena de muerte. Cuando su hijo fue encarcelado por lo mismo, Víctor Hugo pidió que se le permitiera defenderle. Dijo: "Señores jueces, el responsable del alegato contra la pena de muerte soy yo. Yo soy el que debe ir a la cárcel y preso o libre seguiré luchando por lo mismo". El criterio de verdad nos vincula al sufrimiento humano y nos permite admitir, como hace el doctor Frydman, "que las mentalidades han evolucionado mucho". Añade: "La primera bebé-probeta es, hoy, una bella mujer que protege su vida privada".

-¿Tiene usted -le interroga L´Express- noticias de Amandine?

-Vive -contesta- una existencia normal. Ha sabido preservar su vida privada. Sus padres la protegieron mucho al principio. Querían que ese nacimiento fuera lo más natural del mundo.".

Esa lectura, serena, no separable del camino recorrido por el presidente cristiano de Francia -su posición ante el Papa la ha dejado escrita- hasta llegar, después, sí, claro está, a extensos debates en Francia ("Hija predilecta de la Iglesia" según Roma) a la Ley del Aborto y a la Ley de la Procreación Asistida. La despenalización en México implica un derecho y la asunción ética de la responsabilidad. Implica asumir la evidencia y la realidad trágica, para las más desasistidas, que no podían ir ni a Inglaterra ni Holanda. ni a Francia o España.

alponte@prodigy.net.mx

 
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PERFIL
 
Profesor titular de la FCPyS de la UNAM, escritor y periodista. Ha colaborado en periódicos y revistas nacionales e internacionales. Ha escrito 37 libros, entre los que destacan Retrato de una Familia Babélica; las biografías de Colón y Lenin; Historias en la Tierra y Los Liberadores de la Conciencia.
 
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