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Francia y la selección de las especies
Francia no ha querido repetir la catástrofe de 2002. Supuso, sin más, que no existiese un candidato del Partido Socialista en la "segunda vuelta". Segolene Royal, valerosa, ha logrado salvar la lamentable actitud fálica de los elefantes del Partido Socialista y está, con Sarkozy, en la segunda vuelta del 6 de mayo. Los días que faltan están llenos de una incógnita: ¿qué pasará con 18.34% de los votos que fueron al centrista Bayrou y 11.20% de los sufragios que obtuvo, en 2002 (16.86%), votos que hicieron posible que Le Pen, líder de la extrema derecha, estuviera en la segunda vuelta? La primera lectura, darwiniana, de las elecciones del domingo es clara: selección de las especies. Le Pen es liquidado. Transfiere a su hija el Frente Nacional, "para que lo haga respetable". Buena noticia. Es más delicada la desaparición práctica del Partido Comunista y de los pequeños partidos de la extrema izquierda que acorralan al Partido Comunista en un proyecto sin sociedades. La derecha, con Sarkozy, se esfuerza, de un lado, en identificarse con la "identidad" de Francia que había sido, frágil por la crisis de Francia, uno de los "modelos" de Jacques Chirac. Termina, en estas elecciones, su largo viaje por la política francesa. Cuando el presidente Mitterrand perdió unas elecciones "intermedias" y, de acuerdo con la nueva Asamblea, se vio obligado a elegir un primer ministro (gobiernos de "cohabitación" dicen en Francia) que representara a la nueva mayoría en la Asamblea, Mitterrand, socialista, hizo esta afirmación: "Elegiré a mi mayor adversario". Se refería a Chirac, alcalde de París. Fue una colaboración difícil, pero los dos, Mitterrand y Chirac, eran animales políticos y se plantearon una coalición ríspida, pero civilizada. Esa virtud republicana de pactar con el adversario y asumir la significación del voto de la sociedad es de enorme interés público y revela, a la vez, la capacidad de los partidos y, sin duda, de sus líderes. Mitterrand, en sus 14 años (entonces el periodo presidencial era de siete años) se encontró, en otra ocasión, con la misma situación: que la Asamblea tenía una mayoría no socialista y gobernó con otro de sus adversarios. Lección necesaria. Aún así, en esta "selección de las especies", la derecha ha tenido que aceptar un candidato que no era el de Chirac y el Partido Socialista una candidata no aceptada por los "elefantes" fálicos. Sin embargo, Royal les ha evitado la vergüenza de 2002 cuando el líder socialista, Lionel Jospin, no pudo ir a la segunda vuelta porque, por milésimas, Le Pen fue a la "segunda". Todas las fuerzas políticas votaron por Chirac dándole una mayoría inmensa. Fue un voto avergonzado contra Le Pen. Pase lo que pase en la segunda vuelta, Francia ha sabido el costo inmenso que tiene, en una democracia, la abstención. En el 2002 fue un récord y en 2007 lo ha sido, al revés, la participación. Es de confiar que eso suceda el 6 de mayo, pero las elecciones no terminan ahí. En junio, a dos vueltas, Francia elegirá la nueva Asamblea Legislativa, es decir, el poder del pueblo. En 2002, en la segunda vuelta legislativa hubo otro récord de abstenciones: 39.71%. Posibilitó que Chirac o que la derecha tuviera la mayoría absoluta y que Le Pen no tuviera ni un solo diputado. En suma, la derecha global, 399 diputados; socialistas 141; comunistas 21. La izquierda, derrotada el 21 de abril sufrió, en junio, una derrota mayor en la Asamblea. Las elecciones, en una sociedad madura, obligan a lecturas lúcidas que nos expliquen, en un contexto no gobernado por la simplificación, los elementos, complejos, de la representación popular. En caso contrario se vive en banderías, reparto de "comisiones" y olvido de las prioridades. La rapiña, es la muerte de una sociedad. alponte@prodigy.net.mx
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