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¿Qué hay después de un aborto?
La disputa entre la moralidad y la legalidad del aborto no explora los trastornos sicológicos y emocionales. Lo anterior, sin contar los cargos de conciencia que sufre la mujer que decide practicarlo, independientemente de sus razones. Interrumpir voluntariamente el proceso biológico de la gestación es un acto antinatural pero también una realidad humana. Se realiza en hospitales de lujo con médicos especializados o de manera clandestina en lugares siniestros. En el Distrito Federal, la práctica del aborto dejó de ser penalizada bajo las siguientes condicionantes: Si el embarazo es producto de una violación, si la vida de la madre está en peligro o por alguna malformación evidente del embrión. Actualmente se discute la despenalización total del aborto en México, a pesar de que la Iglesia católica esté en contra y amenace con excomulgar a quien lo haga. Quien opte por no asumir la maternidad, buscará la forma de impedir el nacimiento aunque esté prohibido. Si la persona es cristiana, se verá obligada a no confesarse en caso de conservar su fe; de lo contrario, cambiará de religión. No creo que infundir miedo en los creyentes sea la solución para afrontar este dilema, sino la responsabilidad para prevenir o asumir las consecuencias con valor. Dictaminar lo que está bien y lo que está mal es un juicio que pertenece al Creador pero la condena se sufre aquí en la Tierra. Antes o después del arrepentimiento, siempre quedará un cargo de conciencia, una duda de cómo hubiera sido nuestra vida decidiendo lo contrario o hubiéramos pensado en otras alternativas. Hay mucha información acerca de eficaces métodos anticonceptivos. Sería una verdadera irresponsabilidad, por no llamarle estupidez, no tomar precauciones sólo porque las consecuencias sean reversibles y dejen de considerarse un crimen ante la ley civil. ¿A quién le gustaría someterse a tan agresiva y riesgosa cirugía? Ni a un delincuente o asesino a mano armada le gustaría perder a su hijo, pero la desesperación manipula los más bajos instintos del hombre. Algunas mujeres recurren al aborto ante la imposibilidad económica y afectiva de afrontar el futuro solas y también por el miedo a no ser buenas madres. Ciertos métodos para realizar el aborto entrañan el riesgo de sufrir un daño irremediable en la matriz y lamentarse por haber desperdiciado la oportunidad de convertirse en madre. Para un aborto se necesitan dos: una víctima y un villano. Muchas mujeres quedan traumadas, rechazan tener relaciones sexuales o no las disfrutan. La paranoia de quedar embarazadas nuevamente les provoca vacío al pensar en la posibilidad de otro aborto. Si las parejas tienen intimidad deseada, pero embarazos no deseados, entonces los abortos deben ser voluntariamente aborrecidos. Abortar es la forma extrema de enterrar el egoísmo y la cobardía; dejando sembrada una culpa vitalicia y desolación, para cosechar melancolía y profundo dolor. Piénselo 20 veces antes de tomar esta determinación, una vez que se desprenda del ser que lleva su sangre, no podrá verle el rostro jamás. Pida ayuda y recibirá apoyo de quien menos lo espere. La inocencia de un recién nacido puede ser un aliciente para abandonar malos hábitos, equilibrar nuestra vida, luchar intensamente por el bienestar común y conocer el significado de un amor incondicional. lahojaenblanco@gmail.com
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