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Las torpezas de Josefina
Como nadie, absolutamente nadie en el gabinete de Felipe Calderón, Josefina Vázquez Mota es quien se vende mejor ante los medios de comunicación. Bonachona y afable, tiene el preciado don del rollo. Siempre lista para cualquier entrevista radial; siempre atenta para lanzar su discurso mareador; siempre firme, diciendo todo en tono de doctorado, para impresionar a sus audiencias. Pero está llena de helio. O, políticamente mejor dicho, está hueca. La secretaria de Educación Pública que no pudo ser ni jefa de gabinete presidencial ni secretaria de Gobernación tuvo que conformarse con un cargo que pensaba pequeño para su estatura. Lo que no contaba de ese entorno que veía pigmeo es que la está devorando.
Vázquez Mota no fue secretaria de Gobernación por una sencilla razón: el trabajo de armar las negociaciones con los actores políticos en el difícil tránsito de la postelección lo incumplió. No hizo nada de fondo por resolver las diferencias con los perredistas, y los priístas se cansaron de ser, para sus intereses, buena para nada, como interlocutora inútil. Poco necesitaba este ambicioso personaje para que sus antagonismos con el kitchen cabinet de Calderón se exacerbaran. El principal consejero del entonces presidente electo, Juan Camilo Mouriño, la desplazó con facilidad. Convertido hoy en el número dos político de Los Pinos, Mouriño ha aumentado su desprecio por ella, o cuando menos es lo que se puede interpretar por la forma como la maltrata.
La secretaria de Educación está congelada en Los Pinos. Está aislada del kitchen cabinet calderonista y tiene problemas hasta para conseguir ver al Presidente. La ven mal por ineficiente, y peor en ocasiones, por imprudente. En las últimas semanas le han pasado facturas dolorosas. Primero la ignoraron para encabezar la organización del bicentenario de la Independencia, cuando después de que renunció Cuauhtémoc Cárdenas al encargo, se designó al presidente de Conaculta.
En 1910, en los festejos del primer centenario, el responsable fue el ministro de Educación, Justo Sierra. Hoy pareciera que Vázquez Mota no daba el perfil. Más aún, en el acto de la Fundación Telmex donde el invitado de honor fue el Presidente, ni siquiera fue contemplada dentro de la comitiva oficial, cuando por el cargo que ostenta su presencia era casi de trámite. Pero Vázquez Mota, de grandes vuelos y alas cortas, pensando quizás en la maratón del 2012, no aprende, como cuando en una reciente ocasión provocó cejas fruncidas en Los Pinos, cuando en vísperas del arranque de la semana temática sobre educación, adelantó un programa en primarias que iba a anunciar en menos de 24 horas el presidente Calderón. Pero no debería extrañar. Vázquez Mota está dando fuertes señales de no enterarse de muchas cosas. Desde principios de abril, el secretario general del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), Rafael Ochoa, le envió un oficio con la lista de los representantes del magisterio para la negociación salarial. Esa comunicación, que es vital para el vínculo en las negociaciones, fue respondida 40 días después. Cuando Ochoa se lo recriminó cortésmente el sábado pasado en la instalación de las comisiones negociadoras, ella ignoraba la lentitud de tan estratégica respuesta. Tampoco había sido la primera vez que tenía un problema con Ochoa.
Tan pronto como fue designada secretaria de Educación, Ochoa esperó que le llamara para tener su primer acercamiento. Pero pasaron uno, dos, tres y hasta cuatro días, cuando por fin recibió la llamada. Pero no era de ella, sino de su secretario particular. Obviamente, el secretario general del sindicato no le tomó el teléfono. Vázquez Mota creía que la relación no iba a ser con él, que no veía de su tamaño político, sino con la líder Elba Esther Gordillo. Mal cálculo. La maestra Gordillo ha dejado muy claro que ella se entiende con el presidente Calderón, para bien o para mal. Vázquez Mota tendría que hablar con Ochoa. A eso se ha resignado, pero no a mucho más.
La secretaria tuvo que tragarse que de Los Pinos le movieran sus expectativas de equipo. Quería trasladar a toda su gente de Sedesol a la SEP. Logró colocar a Miguel Székely como subsecretario de Educación Media Superior, a Rodolfo Tuirán como subsecretario de Educación Superior, y a su jefe de asesores Daniel Hernández en el mismo puesto. Pero topó en la subsecretaría de Educación Básica. Ahí le impusieron a Fernando González, yerno de la maestra Gordillo, teniéndose que tragar toda su animadversión hacia la lideresa sindical. Vázquez Mota era una de las que en los momentos que Calderón estaba recomponiendo sus alianzas políticas sostenía que la de Gordillo era innecesaria y que no había que tratarla con deferencia. Fracasaron sus embestidas contra la maestra y, como justicia divina para el SNTE, uno de los suyos llegó a Educación Básica, con el objetivo de frenar cualquier reforma regresiva contra el sindicato por parte de la secretaria. González ha expresado su desdén por Vázquez Mota, y más por su equipo, pero entre estos, particularmente Székely y Hernández no dejan de intrigar al subsecretario. El derrotero de Vázquez Mota, en el contexto de la estrategia política gubernamental, tiene preocupado a Los Pinos. No es sólo la falta de operación política con sus interlocutores naturales, sino porque tampoco se ve de qué manera pueda salir airosa del mayo que se viene. Las negociaciones salariales con el SNTE, que siempre han generado movilizaciones callejeras, se están preparando desde el liderazgo oficialista y desde la disidencia, concentrada en la Coordinadora. La parte oficialista probará, si además de rollo, Vázquez Mota demuestra tener dotes mayores. La disidencia también pondrá a prueba su fortaleza política. El problema que enfrentará en las calles de la ciudad de México y de otras capitales no será sólo con los maestros. Grupos radicales que se articulan en este tipo de movilizaciones sociales también están preparando estrategias de presión, como la propia APPO, vinculada a secciones disidentes del magisterio y con varios de sus líderes inexplicablemente en cárceles de máxima seguridad, que en días pasados se reunió con el dirigente social Andrés Manuel López Obrador, quien les anticipó que también sus huestes se preparan a tomar las calles. Con esos grupos y el PRD está por abrirse otro flanco.
Vázquez Mota está decidida a no avanzar en la transferencia de recursos de la Federación al gobierno de la ciudad de México, porque considera que sería un error político y electoral entregar tantos dineros a un gobierno de oposición. Es decir, está por iniciar otra lucha, como si no fueran suficientes los flancos que ha abierto Vázquez Mota en su calvario de menos de cuatro meses al frente de la Secretaría de Educación Pública, en buena parte gracias a sus torpezas.
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