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Es mayor el miedo al divorcio que al matrimonio mismo; así como nos atemoriza más la incertidumbre de la vida que la propia muerte. Por estas razones, va en aumento el número de parejas que optan por vivir en unión libre antes que comprometerse de manera legal o religiosa. El matrimonio es un noviazgo eterno. Para que perdure debe fundarse en un amor recíproco como acto de voluntad y disciplina; la indiferencia lo desgasta, la violencia lo disuelve. Quien tiene ilusión sabe gozar y superar los fracasos, el que cumple por obligación sin tomar riesgos pasa inadvertido. En una ocasión, escuché decir a un hombre soltero de 44 años, consolidado económicamente, que no creía en el matrimonio que empieza desde los 20 hasta la muerte pero sí en el que inicia a los 50. El único inconveniente a sus expectativas es que no encuentre a una mujer dispuesta a empujar con la mano derecha una carriola y con la izquierda una silla de ruedas. Un señor de 70 años, viudo y dos veces divorciado, aconsejó a su hijo menor de 26: "No te preocupes por buscar a la mujer que quieras que sea la madre de tus hijos; mejor encuentra a una compañera para toda la vida". El matrimonio es un proyecto a largo plazo, debe ser estudiado y calculado fríamente para poder asumir la responsabilidad y tener una dirección de intereses en común con la pareja. De esta asociación dependerá el humor con el que amanecerán no sólo el día después de la boda, sino el resto de sus vidas. Decisiones románticas, precipitadas o forzadas suelen ser frustrantes a los tres meses de haberse tomado o en tres años (tiempo que dura el enamoramiento). Formar una familia es el principal propósito del enlace matrimonial, lamentablemente hay personas que se casan por costumbre, comodidad o conveniencia. Lo perjudicial es que, cuando no funciona, se dividen y reparten a los hijos (cuando los hay) como si fueran bienes. Prudencia, comunicación, honestidad, aceptación, confianza, convivencia y apoyo son valores vitales para construir un amor saludable. Antes de renunciar a un compromiso, acuérdate de poner en una balanza las cosas positivas de un lado y las negativas del otro para que después no te arrepientas de haber perdido tu libertad o a la persona que realmente amas. Quiero compartir con ustedes una frase para solteros que escuché en el monólogo ¡A Vivir!, de Odín Dupeyrón, que se presenta en el teatro Ofelia de la ciudad de México: "¡Nunca te cases con un radio pensando que con el tiempo se convertirá en un televisor a color!" lahojaenblanco@gmail.com
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