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Alguna vez el mordaz Truman Capote dijo: "Para mí, el Premio Nobel es una burla. Año tras año se lo conceden a un escritor prácticamente inexistente... Todos los elegidos son, por lo general, muy pobres. Fue ridículo dar el Premio Nobel a Camus. ¿Por qué se lo dieron? ¿El extranjero ? ¿Un par de libros de ensayo? Yo le tenía mucho afecto a Camus, no podía gustarme más, pero si alguna vez hubo un autor de segunda fila, ése era Camus". A partir de este juicio lapidario, podría pensarse que ya nadie lee a Albert Camus. Pero hace apenas un par de semanas escuché a una joven (tendría unos 25 años) preguntar en la librería por algún libro suyo. No preguntó por una obra en particular: quería saber qué tenían en existencia. ¿Habría leído ya La peste? No lo supe, porque, por desgracia, en aquella librería no tenían nada de Camus. Los pronósticos de lectura a partir de la experiencia propia no siempre resultan afortunados. Los que leímos La peste con apasionamiento febril solemos recomendar esta novela a las nuevas generaciones. Pero conozco jóvenes a los que La peste les ha aburrido mortalmente. Bernard Rieux, Tarrou y Castel les dicen quizá muy poco, porque la gran alegoría de Camus (que equipara la lucha contra la peste con la lucha de resistencia europea contra el nazismo) ha extraviado en cierto modo su contexto. Pero La peste, cuando se publicó en junio de 1947, hace 60 años, obtuvo un éxito inmediato en gran parte del mundo, incluidos los países de lengua española. Únicamente en Francia, La peste vendió 100 mil ejemplares en tres meses, y a Camus le fue conferido por esta obra el Premio de la Crítica. (En español fue traducida extraordinariamente por la también novelista Rosa Chacel.) Con esta obra, Camus reafirmó su prestigio literario, el cual había cimentado en 1942 con la publicación de El extranjero, y que lo llevaría a recibir en 1957 el Premio Nobel de Literatura. Pese a que hoy Camus no es un escritor que esté entre las más visibles preferencias de los lectores, su obra sigue teniendo una vigencia y un vigor extraordinarios, y sus dos novelas más famosas (El extranjero y La peste) son especialmente más que legibles. La peste es una amarga alegoría de las amenazas que acechan a la humanidad, y que pueden caer sobre ella cuando menos las espera, como ocurrió en la tranquila ciudad argelina de Orán. Después de la catástrofe, luego de que las ratas han invadido por miles las calles y las casas y luego de que la muerte ha diezmado la ciudad, el final de la novela no puede ser más moral, en la conclusión reflexiva llena de pesimismo del protagonista, el médico Bernard Rieux: "Oyendo los gritos de alegría que subían de la ciudad, Rieux tenía presente que esta alegría está siempre amenazada. Pues él sabía que esta muchedumbre dichosa ignoraba lo que se puede leer en los libros, que el bacilo de la peste no muere ni desaparece jamás, que puede permanecer durante decenios dormido en los muebles, en la ropa, que espera pacientemente en las alcobas, en las bodegas, en las maletas, los pañuelos y los papeles, y que puede llegar un día en que la peste, para desgracia y enseñanza de los hombres, despierte a sus ratas y las mande a morir en una ciudad dichosa." En 2002, la editorial Océano publicó en Barcelona, en su colección El Lector de..., el volumen biográfico Albert Camus, de Florence Estrade, lo que hace suponer que Camus sigue vivo en el interés de un cierto sector de lectores. A pesar de lo que alguna vez dijo Truman Capote sobre Camus, La peste puede seguir siendo una entrañable aventura para el lector.
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