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    La Primera Dama
Colectivo
13 de abril de 2007

La Biblioteca Vasconcelos y el presidente cultivado

S.G.L.

Así como alguien cuyos logros le han merecido el nombre de intelectual, no por serlo siempre toma las decisiones oportunas y se halla lejos de escándalos de corrupción... tampoco un presidente es un lúcido estadista simplemente porque se graduó en aquella mundialmente conocida universidad o porque leyó con minuciosidad las obras completas de este o aquel escritor. Si fuese verdad que ser un(a) laureado(a) intelectual no salva de cometer tonterías, ser un presidente "instruido" no libra del extravío y la soberbia.

Vicente Fox no hubiese sido un mejor presidente de haber leído ya no digamos cualesquiera de las obras de Jorge Luis Borges, sino deletreado el nombre del autor argentino al leer la portada de algún libro u hojear la sección de cultura del periódico que se guste. Las cosas, sin embargo, se pusieron mal cuando Fox intentó incursionar en un campo que le era distante como lejanas son para mí las sesiones para convocar a los espíritus de los ya idos. Fox no únicamente creyó ser el presidente que el México del siglo XXI demanda, sino en un chiste de mal gusto también pretendió hacerse pasar como gobernante "educado" o "cultivado".

Con el firme propósito de proyectar la imagen de un presidente interesado en la "cultura", Fox fue un incansable promotor de programas tales como Hacia un País de Lectores, Enciclomedia, Biblioteca de Aula y del proyecto de la megabiblioteca Vasconcelos. ¿Debimos en todo momento poner en duda las políticas públicas (en lo que a "cultura" tiene que ver) diseñadas por un gobierno a cuya cabeza estaba un presidente que a la menor provocación exhibía su estulticia? Si consideramos el total o parcial fracaso del programa cultural foxista, la respuesta ya sabemos cuál es.

Por ejemplo, la ceremonia ostentosa y pedante en la cual Fox y la primera dama (no esta columna, sino Marta Sahagún) inauguraron la Biblioteca Vasconcelos se corresponde con el estrepitoso cierre de ese recinto. A la vista está que en aras de conseguir prestigio y legitimidad, el ex presidente supeditó el proyecto de la biblioteca a los tiempos de la política-electoral tanto como a la construcción de esa imagen de presidente "cultivado" y obsequioso con la cultura.

Lo que parece inconcebible es cómo el director del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (Conaculta), Sergio Vela, y el director de la biblioteca, Ignacio Padilla, han participado en el "control de daños". Su proceder no ha sido de responsables del proyecto cultural del gobierno de Felipe Calderón, sino de encubridores de funcionarios, quienes por contribuir a forjar el "buen prestigio" del gobierno foxista actuaron indebidamente. En lugar de decir, por ejemplo, qué lugar tiene la Biblioteca Vasconcelos en el Programa Nacional de Bibliotecas Públicas, Sergio Vela ha atinado a decir a la prensa que cuando se haga la entrega formal de la biblioteca a Conaculta, hasta entonces esta institución tendrá la responsabilidad de lo sucedido. Y si es así, ¿entonces por qué el propio Vela se arrogó el derecho de nombrar director de la biblioteca a Ignacio Padilla? ¿Y por qué el escritor aceptó dirigir una biblioteca que oficialmente no pertenece todavía al Conaculta?

Mientras se deshacen los entuertos, Vicente Fox ha consagrado su sapiencia a desestabilizar aún más el sistema político mexicano cada vez que es invitado a hablar en alguna mesa de debate. Tal amenaza latente desaparecerá -supongo- cuando el ex presidente haga su mejor esfuerzo para cumplir su promesa de irse a sentar ante su escritorio y escribir, con fluidez y precisión, todos los libros que un personaje como él puede escribir. ¿Alguna duda?

El efímero paso de los elefantes blancos

V.A.

La inauguraron con bombo y platillos en un mes de mayo de 2006; autoridades en primera fila listos para la foto y público lector ávido de transitar los corredores de cristal para detenerse frente a sus anaqueles y tomar un libro. Pero sólo 10 meses después tuvieron que cerrarla al público por causa de trabajos de obra que impedían un servicio eficiente a los usuarios. Esa podría ser la historia abreviada de la Biblioteca Vasconcelos : obra que tardó cuatro años entre debate, planeación, construcción y equipamiento, tuvo un costo de más de 297 millones de pesos y requirió el trabajo de miles de horas-hombre, sin contar las infinitas ansias de aprendizaje y consulta que, apenas echadas al vuelo, se vieron presas de un aterrizaje forzoso.

Pese a todo, la "historia mínima" de la Vasconcelos no nos resulta extraña, o por lo menos no en México, cuando su incidente puede ser sinónimo de otras múltiples obras -pasos a desnivel y segundos pisos incluidos- que en el orden de las edificaciones exprés a las que nos hemos habituado, tardan más en estar listas (o se inauguran incluso sin estarlo) que en comenzar a mostrar sus primeros desperfectos.

Por datos históricos sabemos que la Gran Pirámide de Keops, en Egipto, fue construida durante 20 años, según los apuntes de Herodoto y las confirmaciones de los egiptólogos; que las tres etapas de la Torre de Pizza demoraron 200 años (sin olvidar aquella que pretendía enmendar su inclinación); mientras que nuestra Pirámide del Sol no estuvo lista sino después del trabajo que realizaron sus arquitectos durante casi 150 años. Pero en la historia de la construcción mexicana moderna, tal parece que si las edificaciones antes mencionadas tardaron años y han perdurado siglos, eso podía hacerse antaño. Hoy, un periodo de cimentación equivalente resulta francamente impensable para la premura de las magnas obras "made in sexenio", que apenas poseen seis años para ello y no deben limitarse a una, sino mencionar más de un par.

En el mandato de los presidentes, gobernadores y jefes de Gobierno actuales, aquella premisa y esperanza que movía el trabajo de los antiguos arquitectos y constructores al término de un edificio que podía durar muchos años en óptimas condiciones -antes de que requiriera una remodelación- parece perdido y el nuevo modelo de la edificación para cortar el listón inaugural cifra su real importancia en el registro fotográfico: "Mientras que en el encuadre de frente todo se vea bien, más tarde nos encargaremos de aquellos desperfectos que la cámara no logre retratar". En la fotografía, más allá de los rostros y la fachada, lo que se registra es el secreto juego de la simulación.

Ignoro cuál sería la respuesta de José Vasconcelos si supiera qué pasó con aquella megabiblioteca que alguna vez soñó para México, lo cierto es que entre sexenios que vienen y van, eso importa poco en la carrera política para recaudar votos y que a cambio nos trae, año con año, el espectáculo efímero del paso de los elefantes blancos.

Los integrantes del colectivo La Primera Dama son: Vizania Amezcua, Juan Carlos Bautista, Adriana González Mateos y Saúl Gutiérrez.

 
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PERFIL
 
La Primera Dama es un colectivo integrador por:

Vizania Amescua: Narradora. Autora del libro de cuentos Naturalezas distintas, Ediciones del Plenilunio, 1999; y de la novela Una manera de morir.

Juan Carlos Bautista: Periodista y poeta. Ha publicado Lenguas en erección, Cantar del Marrakech y Bestial. Odia a los animales y a los niños.

Ishtar Cardona: Licenciada en Sociología por UNAM y es candidato a Doctor por la Sorbona de París. Miembro de la Red Internacional de Investigadores en Ciencias Sociales.

Alberto Chimal: Es narrador y ensayista. Ganador del Premio Nacional de Cuento San Luis Potosí en 2002, y autor de Gente del mundo (1998), El país de los hablistas (2001). La cámara de maravillas (2003) y Estos son los días (2004).

Adriana González Mateos: (1961) es narradora, ensayista y traductora. Es autora de Cuentos para ciclistas y jinetes, Borges y Escher.

Saúl Gutiérrez: Psicólogo egresado de la UNAM y sociólogo _por convicción_ con un título del Instituto de Investigaciones doctor José María Luis Mora, doctorante por New School.

Noé Morales Muñoz: Dramaturgo, ensayista y crítico teatral. Se ha hecho merecedor a la beca de la Fundación para las Letras o Mexicanas (2003-2004).

Cristina Rivera Garza: Es narradora, poeta e historiadora. Fue profesora asociada de historia mexicana en la Universidad Estatal de San Diego (1997-2000). Actualmente es codirectora de la cátedra de humanidades del ITESM campus Toluca.

 
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