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El dirigente del PAN "escupe para arriba" Confirma que fue impuesto por Marta y Vicente S igue la guerra al interior del PAN. Pero la nueva escaramuza logró escalar los reflectores mediáticos, no porque se hicieran novedosas revelaciones, y menos porque el panismo descubriera el agua tibia. No, sino porque uno de los suyos confirmó lo que todos sabían en Acción Nacional; que el señor Manuel Espino fue impuesto como dirigente nacional de ese partido, como resultado de una intriga palaciega orquestada desde Los Pinos, por el entonces poder bicéfalo de Marta y Vicente. ¿Cuántas veces se expuso aquí y en muchos otros espacios esa versión? ¿Entonces, si era una suerte de secreto a voces, por qué se convirtió en noticia? Pues por eso, porque el senador panista Federico Döring fue el encargado de la confirmación. Dijo que Manuel Espino no tiene calidad moral para acusar que desde el gobierno del PAN se pretenda manosear la selección de consejeros nacionales, porque Espino fue impuesto desde Los Pinos, en el gobierno de Vicente Fox. El debate surgió cuando uno de los operadores de la claque del presidente del PAN, Enrique Navarro, secretario de Fortalecimiento Interno del CEN, soltó un ruidoso "buscapiés" que pronto impactó no sólo en las esquina de Popocatépetl y Coyoacán, sino en San Lázaro, en Xiconténcatl, en la casona de Covían y, por supuesto, en Los Pinos. Y muy pronto logró sus objetivos; generalizar la "sospecha" que desde la casa presidencial se pretendía "meter la mano" para controlar el consejo nacional del PAN -que es el órgano de mayor jerarquía, el que decide la selección del presidente del partido y de las candidaturas a puestos de elección popular, y que marca los destinos de esa institución partidista-, con la "perversa intención" de convertirlo en uno más de los órganos de gobierno. Una réplica del PRI, pues. Y sí, el señor Espino logró su objetivo; un duro golpe mediático, aunque en el fondo "escupió para arriba". ¿Por qué?. Porque todos saben, panistas y no panistas, que su dirigencia es una suerte de "dirigencia espuria", impuesta precisamente desde la casa presidencial, por la "pareja presidencial". En el fondo, el error de cálculo es la mejor muestra de que la desesperación se ha apoderado de la extrema derecha que asaltó al PAN y de los siempre "templados" miembros de El Yunque. Palos de ciego Y es que la nueva embestida de los espinistas contra los calderonistas se produjo luego del reencuentro que el sábado 24 de marzo mantuvo Calderón con la dirigencia de su partido. Allí todo fue miel sobre hojuelas. Allí Espino se prodigó en elogios al "chaparrito, peloncito de lentes" -como lo llamó alguna vez-, y allí se expresó un voto de apoyo pleno, incondicional, para el Presidente. Pero ese mismo sábado, y el día siguiente, en todo el país se llevó a cabo la primera selección de los futuros consejeros nacionales del PAN. Y el resultado de esa primera selección -de donde salieron los aspirantes a consejeros-, el grupo de Espino y la ultraderecha fue aplastada por un demoledor 3 a 1. Es decir, de cada cuatro aspirantes, tres pertenecen al grupo de Calderón y uno al de Espino. La estratagema lanzada desde la dirigencia de Espino -la de acusar al gobierno de meter la mano en el partido-, en realidad responde a una reacción desesperada -a patadas de ahogado-, por un lado, y a un intento por negociar posiciones en el nuevo Consejo, previsto para su renovación en junio próximo. Y es que es un hecho que a partir de esa fecha, y sobre todo en marzo de 2008, la dirigencia nacional del PAN quedará en manos del grupo político de Calderón. Lo que no se sabe, en todo caso, es el destino de los beligerantes dirigentes -como Manuel Espino, entre otros-, que han convertido al partido del Presidente en el principal enemigo del Presidente. Y es que no son pocos los que intramuros del partido aseguran que el señor Espino "le jaló la cola al gato" y se le olvida que por algún lado sigue guardado un expediente que presuntamente vincula a grupos de la extrema derecha con sectores al servicio del narcotráfico. Secreto a voces ¿Pero que hay de cierto en cuanto a que el gobierno mete las manos en la renovación de la dirigencia del PAN? Pues sí, la versión es cierta. Pero si retrocedemos en la historia, no resulta ocioso repetir, por enésima ocasión, que hace por lo menos ocho años, el entonces candidato presidencial Vicente Fox, operó todo lo necesario para hacerse del control del partido, entonces jefaturado por Felipe Calderón, para manejar "a modo" su candidatura presidencial. Lo mismo ocurrió en 2005, cuando Calderón pretendió, en tanto "candidato incómodo", impulsar a la presidencia del partido a Carlos Medina, en tanto que desde Los Pinos Fox impuso, con todo el peso de su gestión presidencial, a Manuel Espino, quien sería el operador de la campaña presidencial de Santiago Creel. Todos saben, dentro y fuera del PAN, que el grupo calderonista -que por razones naturales se encuentra distribuido en toda la estructura del gobierno federal- volcó su peso en todo el país para impulsar a los suyos como candidatos a consejeros nacionales del PAN. ¿Es o no legítima esa maniobra? Sería ilegal si los servidores públicos, sean de la dependencia que se quiera, realizan actividades partidistas con recursos públicos. Pero aquí existe un problema que va más allá de la legalidad, y que cruza esa delgada frontera de la ética política. ¿Cuándo un servidor público se desempeña como eso, como servidor público, y cuándo como militante? La práctica, sin embargo, rebasa toda frontera entre lo legal, lo legítimo y lo políticamente correcto. En todas partes del mundo, en todos los partidos del mundo, y en casi todos los gobiernos del mundo, el partido en el poder se somete al gobernante emanado de sus filas, y se coloca al gobernante como jefe político del partido. Y esa práctica se ha convertido en una realidad operativa. Es decir, todo gobierno requiere, para su operación eficaz, contar con el apoyo total del partido, lo que se consigue sí y sólo sí, el gobernante en cuestión mantiene los controles fundamentales de su organización partidista. Los partidos, como todos saben, se integran por corrientes, grupos, capillas o tribus. La primera lucha por el poder se da entre esos grupos, al interior de todo partido. Una vez que intramuros se impone uno de esos grupos, la lucha por el poder se extiende a los adversarios de los otros partidos. En sentido contrario, cuando un partido político gana el poder -como es el caso del PAN-, el gobernante en turno requiere apoyar su trabajo y su propuesta de cambio, en su partido, en sus grupos parlamentarios, a los que reclama incondicionalidad. En la práctica, desde el poder baja la estructura de mando al partido. Espino fue impuesto para operar la lucha por el poder de un candidato que no era Calderón, y una vez que Calderón alcanzó el poder, Espino se niega a entregar el partido a ese poder, y quiere mantener esa parcela partidista al servicio de su grupo político, el de la extrema derecha, que no es el mismo grupo político de Calderón, quien, a su vez, jefatura a los doctrinarios. Ese es el problema de fondo. Está claro que están contados los días políticos para Espino y su grupo. Por eso presionan, dan patadas de ahogado en busca de una negociación que les permite mantener espacios en la nueva dirigencia, que estará en manos de Calderón. Pero acaso ya se les pasó la mano. De granito en granito Cada vez es mayor el número de calderonistas que empujan la idea de que desde la casa presidencial se ponga un "hasta aquí" a Espino y su claque. Y es que si bien el trabajo silencioso, por lo bajo, para recuperar el control del partido ha dado buenos resultados para la causa calderonista, lo cierto es que frente a la opinión pública la imagen de lo que pasa es muy distinta. Se ve a Calderón como un jefe de partido débil, apabullado y hasta ridiculizado por el presidente del partido. La idea de que existe un guerra a muerte, y que Espino va ganando esa guerra, parece generalizada, en tanto que todos suponen que el Presidente no tiene partido, y que está más cerca del PRI, de poderes fácticos como el de Elba Esther Gordillo, que de su partido. ¿Cuánto tiempo puede seguir esa situación? Son muchos los que dicen que ha llegado a su límite, porque si bien en la práctica, tanto los diputados federales, como los senadores del PAN, igual que los gobernadores azules se han plegado a Calderón y apoyan sus iniciativas, el costo en imagen es mayor que los beneficios alcanzados. Un ejemplo claro se produjo con la aprobación de la nueva Ley del ISSSTE, en donde el gobierno de Calderón la sacó adelante con un relativamente bajo costo político. Frente a esa reforma, de bajo costo político, el pleito del Presidente con la dirigencia de su partido ha resultado, por mucho, más costosa en imagen y percepción. ¿Cuánto más va a pagar el Presidente? En respuesta a esa interrogante, son cada vez más panistas lo que reclaman que se ponga un alto a Espino, el verdadero adversario de Calderón, el más beligerante, el que más ridiculiza al gobierno federal y el que más "piedras en el camino" le ha puesto a Calderón. Dicen algunos que sólo se espera el cambio del Consejo Nacional para impulsar un mecanismo interno que acote a Espino. Algo parecido a la fórmula empleada para callar al ex presidente Fox. Rebasar por la izquierda Y a querer o no, el pleito entre la dirigencia del PAN y Calderón ha desmovilizado al partido de la derecha en su lucha contra la despenalización del aborto. Esa división entre felipistas y espinistas, que es una pugna entre la derecha doctrinaria y la extrema derecha, le ha impedido a ese partido el despliegue que muchos derechistas quisieran en su lucha contra la reforma al Código Penal del DF, para incorporar una quinta causal para decidir el aborto. Y qué bueno que sigan peleando, en tanto se aprueba esa reforma. Lo curioso del caso, en el análisis de lo que pasa en el PAN, es que la dirigencia y el gobierno salido de sus filas son incapaces siquiera de olvidar sus diferencias en la defensa de una de sus causas emblemáticas, como la lucha contra la despenalización del aborto. Lo curioso del asunto es que el controvertido tema del aborto demostrará que esa vacilada de que el gobierno de Calderón "rebasaría por la izquierda" a su otrora adversario político electoral, no fue más que eso, una peregrina idea. ¿Qué significaba el rebase por la izquierda? Que el gobierno de Calderón retomaría las banderas del ex candidato López Obrador. Y si bien el de la despenalización del aborto nunca fue un tema propuesto por AMLO, sí son muchos los que esperaban de Calderón mucho más que esa ambigua respuesta: "Soy de los que está a favor de la vida". ¿Y eso qué? Estar a favor de la vida, así, dicho en general, no es más que demagogia ramplona. En todo caso debió decir "a favor de la vida humana", si quería responder que estaba en contra de incorporar una quinta causal de aborto en el Código Penal del DF. Pero no, a nadie importan las creencias de Calderón, en tanto ciudadano como los otros. Lo que importa a todos, en todo caso, es que el Presidente está obligado a respetar y hacer respetar el Estado laico, las libertades y los derechos de los ciudadanos, y los procedimientos democráticos. Y es que el asunto de la decisión de las mujeres a interrumpir o no un embarazo, pasa, más que por cuestiones de moral religiosa o de convicciones personales -sean del Presidente o del más humilde de los ciudadanos-, por el respeto al Estado laico, a los derechos y las libertades individuales, y por el respeto a la democracia y a la reglas del sistema representativo. Calderón podría rebasar por la izquierda, en ese tema, sin tener que manifestarse contra la vida humana, sin tener que romper con sus creencias, y si antepone a su credo individual, íntimo, el interés del Estado. Calderón es el jefe del gobierno y del Estado, y la quinta causal para interrumpir un embarazo sigue los procedimientos que se ha dado el propio Estado. Por tanto, su opinión debía ser a favor de esas reglas, en lugar de hablar de que sería deseable que en ese tema "no se avasalle a nadie". O es que el gobierno de Calderón será un gobierno en donde las políticas públicas, las reformas y los programas estarán sometidos a la concepción moral de los gobernantes. La creencia religiosa de Calderón es íntima, respetable por donde se le quiera ver, pero la responsabilidad del Presidente se debe sujetar al interés superior del Estado, más allá de sus creencias y moral religiosa. Y en ese sentido todos esperamos una explicación, porque el de la despenalización del aborto es un tema que va más allá de la polarización entre los que promueven la libertad de decidir y los que dicen defender la vida humana. No aparece el estadista. aleman2@prodigy.net.mx
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