|
Piezas faltantes V.A. Hace un par de años me gustaba coleccionar impresos curiosos: recetas que se decía provenían directo de la cocina de las brujas, desalentadores anuncios para encontrar pareja, obituarios alegres, sospechosas e inmorales ofertas de empleo vacante. Aficionada a periódicos y revistas donde pudiera toparme con alguno de estos, un día encontré una mortífera receta: "Dos hierbas abortivas: el ajenjo y el orégano", era el título que encabezaba la preparación del mejunje destinado a mujeres que en países donde el aborto está prohibido y penalizado, deben recurrir en secreto a métodos que ya se empleaban en la antigüedad para controlar la natalidad o castigar incestos, hasta vigilar intereses de herencia y reinados futuros. La discusión que en los días actuales ha suscitado la despenalización del aborto en el DF me hizo recordar aquella receta y el párrafo final, que advertía: "A las pocas horas de ingerir la poción deben empezar los cólicos y el sangrado; pero si en menos de dos horas empapas más de cuatro toallas sanitarias, pide asistencia médica". Si bien la fórmula intentaba transformarse en fuente de auxilio para quienes deseaban abortar en el interior de sociedades cuya moral condena esa libertad como uno de los actos más abominables, también mostraba que de los abortos clandestinos no puede esperarse nada bueno y que sus excepciones confirman la regla. Entre mis búsquedas, los obituarios alegres eran las piezas más difíciles de encontrar, pero entre los abundantes tristes no pocas veces hallé los dedicados a las mujeres que, desprovistas de otra cosa que no fuera un consultorio clandestino o la receta del ajenjo y el orégano, habían muerto. Sin embargo, y paradójicamente, también recuerdo encabezados que en las páginas del periódico se publicaban en memoria de las mujeres indígenas, por ejemplo, que a punto de dar a luz habían fallecido a causa de insalubres, paupérrimos e ineficientes sistemas de salud pública, con el mismo resultado: madre e hijo no nato muertos. Jamás recorté alguno de esos encabezados para que formaran parte de mi colección, naturalmente, porque no representaban una "curiosidad digna de llamarme la atención", como sí lo fue aquella receta, y en estos días de acalorada discusión, tal parece que lo mismo ocurre respecto del impacto de un tema y no otro: discutir sobre la despenalización del aborto es una cuestión que despierta expectación y causa polémicas instantáneas, no obstante que la misma parezca hecha en fast track y carezca de piezas elementales, mientras que revisar nuestros sistemas de salud pública actuales -también como un examen urgente destinado a mejorar las condiciones y derechos de salud de la mujer- es un tópico que bien puede permanecer sin levantar ámpula alguna. Lo cierto es que entre la clandestinidad, la moral que es parte de nuestra idiosincrasia, los ineficientes sistemas de salud o la condena a la que no es difícil intuir desde ahora se harán acreedores los médicos que decidan apoyar el derecho al aborto, el mundo se llena de obituarios tristes con la muerte de todas aquellas mujeres y no natos que son parte de las cifras imposibles de confirmar, pero que en el caso del aborto penalizado o no, los organismos internacionales estiman que en el mundo causa hoy casi tantas víctimas como la Segunda Guerra Mundial; en un mundo donde, se supone, la medicina está mucho más "avanzada", pero es claro, aún faltan múltiples piezas. Asesinos de niños A.G.M. Esta mañana vi el encabezado de un periódico que con letras rojas y chorreantes deletreaba una sola palabra " ABORTO ". Junto a ella, en el quiosco, vociferaban imágenes violentas: bebés de plástico, desnudos, en posturas retorcidas. Niños de grandes ojos y ropas miserables mirando patéticamente a la cámara. Muchas letras rojas, mucha sangre. Me pregunté si alguna vez había visto un encabezado similar para expresar la postura de un periódico contra la guerra. Nunca. Los bombardeos, masacres e invasiones son reportados en un estilo más sobrio. Por lo pronto, estoy segura de que los encabezados son negros. Los periódicos conservan cierto equilibrio racional cuando se trata de informar de la destrucción de una ciudad, donde sin duda mueren miles de niños. Pero emplean una violencia desaforada y enfática para discutir una práctica médica. Esto es una manera de decir que el poder no está del lado de los destripados en la guerra ni del lado de la autonomía de las mujeres: temo que no descubro el hilo negro. De todas maneras, es importante señalar esta desproporción. Me llegó un mensaje pidiendo mi firma para un desplegado en apoyo a la despenalización del aborto, redactado en un estilo lúcido y equilibrado. Después de firmarlo, reflexioné que tampoco he visto jamás imágenes semipornográficas de mujeres desangrándose por un aborto mal practicado en condiciones clandestinas. ¿Será porque las organizaciones feministas no tienen dinero para propaganda? ¿Porque sobriamente han demostrado que tienen razón y confían en cierto equilibrio y justicia? ¿Porque son seres humanos más evolucionados? ¿Acaso insinúo que personas irreprochables (dignatarios de la Iglesia, por ejemplo) dan muestras de una hostilidad desenfrenada y morbosa, que algunos llamarían enferma? ¿Tendrá que ver con que sean hombres? ¿Por qué el que una mujer alegue tener un proyecto de vida les desencadena tales fantasías de sangre y furia homicida? El derecho a decidir es una buena idea. Otra es el derecho a venir libremente al mundo, sin arrastrar una carga de culpabilidades, chantaje y violencia. Iniciar una vida en la que tienen significado palabras como libertad, responsabilidad, decisión. Estoy diciendo que una vida feliz no empieza cuando se nace a fuerza, a costa de la libertad de alguien que hubiera preferido no ser madre. Una de las grandes desgracias de ser niño es la facilidad con que son convertidos en rehenes, en pretextos, en recursos para manipular y obligar, tal como hacen los periódicos en estos días, abusando de sus fotografías. Sería el momento de iniciar una campaña contra el abuso visual de la imagen infantil, pero primero hay que conseguir la despenalización del aborto. Los integrantes del colectivo La Primera Dama son: Vizania Amezcua, Juan Carlos Bautista, Adriana González Mateos y Saúl Gutiérrez.
|