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El nuevo líder del PAN
Calderón regresó por el control de Acción Nacional para empujar los cambios que reclama la relación partido-gobierno Al final de cuentas, a ocho años de distancia que debió dejar la presidencia nacional del PAN -casi echado por ese poderoso motor electoral que en ese tiempo era el precandidato Vicente Fox-, y a ocho meses de la elección presidencial de julio pasado -cuando la dirigencia de su partido se instaló en el papel de principal opositor al nuevo gobierno-, Felipe Calderón regresó a la dirigencia real de Acción Nacional. En realidad en el bienio 1998-1999, y luego en el de 2005-2006, el señor Felipe Calderón se convirtió en uno de los más severos adversarios de los políticos, candidatos y dirigentes panistas de esos años. Heredero político del desaparecido Carlos Castillo Peraza, el entonces joven Felipe Calderón se opuso abiertamente a las pretensiones presidenciales de Vicente Fox, cuya popularidad arrolladora lo convirtió en candidato presidencial de facto. Desde entonces, en tanto presidente del PAN, Calderón pugnaba por lo que hoy repitió en la sede nacional de su partido, en calidad de Presidente de los mexicanos, por impedir que Acción Nacional se convirtiera en el refugio de oportunistas. Por eso, en aquellos años, y desde todos los flancos, una robusta ultraderecha ya instalada en el PAN cerró todas las puertas para la reelección de Calderón al frente de la dirigencia partidista. Entonces Calderón se fue no sólo del PAN sino del país, a estudiar una maestría en Harvard, de donde regresó para presidir a los diputados panistas de la primera mitad del gobierno de Vicente Fox. Desde esa posición política de privilegio, movió las piezas, hizo los amarres y alianzas necesarias, y desde fuera del partido impidió que los cambios estatutarios lo dejaran fuera de la contienda presidencial. En 2004, una vez fuera del Congreso, fue llamado al gabinete foxista, de donde muy pronto fue echado de fea manera, porque otra vez -como en 1998-1999- estorbaba los intereses sucesorios, personalísimos de Vicente Fox. El resto de la historia todos la conocen: se enfrentó a Fox por la dirigencia del partido -al impulsar a Carlos Medina Plascencia, quien fue derrotado desde Los Pinos, para imponer a Manuel Espino-, pero aun así logró arrebatarle a Fox la candidatura presidencial, para luego alcanzar el triunfo en las urnas. A partir del 2 de julio de 2006, y sobre todo durante la difícil etapa postelectoral, la dirigencia panista se convirtió en el principal adversario de Calderón, batalla a la que se sumó el ex presidente, con la torpeza que le caracteriza. Pero también desde entonces los calderonistas se propusieron recuperar el partido, mediante una labor silenciosa, eficaz, sin provocar rupturas ni escándalos mediáticos y, sobre todo, mediante una eficiente propuesta de alianzas. El pasado sábado, en su calidad de Presidente de la República, Calderón regresó a su partido, fue aclamado por tirios y troyanos, y al otrora rijoso Manuel Espino no le quedó más remedio que rendirse a una realidad contundente: Calderón derrotó en todos los frentes a esa ultraderecha que, desde 1998-1999, asaltó la dirigencia del PAN. De acuerdo con los mensajes expresados por el Presidente en la sede de Acción Nacional, y los amarres logrados en el interior del partido, el señor Manuel Espino no será aspirante a la reelección del PAN, en tanto que el nuevo Consejo Nacional -que será renovado en agosto próximo- tendrá una nueva y muy joven composición, en los niveles territorial y estatal. Para efectos prácticos, el pasado sábado Felipe Calderón regresó por el control de su partido, y desde esa posición empujará los cambios que reclama la relación partido-gobierno. Por eso, en su discurso pidió "corresponsabilidad para gobernar en un mar embravecido", por las amenazas de "la corrupción y la criminalidad", pero también propuso a la militancia "abrirse a nuevos militantes de calidad", para evitar "que lleguen los negociantes o aventureros". Luego criticó la tendencia de la actual dirigencia de "reclutar por reclutar; no se trata de la lógica del rebaño, ni de la horda, ni de la academia", pero tampoco de "bloquear a esos ciudadanos por el miedo a la pérdida del poder o el liderazgo propio". ¿Cuál es el mensaje que envía Calderón al PAN? Parece bastante claro. Es el mismo mensaje del Felipe Calderón presidente del partido, que en su momento se opuso a "negociantes o aventureros" como Vicente Fox, y al asalto al PAN por parte de la ultraderecha, esa que reclutó "en la lógica del rebaño y la horda", y que en los últimos ocho años impidió el ingreso de sangre nueva al partido, por miedo a perder sus liderazgos. Calderón tiró línea a Acción Nacional, porque ya tiene el control del partido. Sólo falta saber a quién impulsará para la dirigencia nacional, que se resolverá dentro de 12 meses. Y tiene claro que sería de alto costo proponer a un político salido del gabinete, como Germán Martínez o César Nava -por aquello de no repetir el esquema del "partido de Estado"-, sino que deberá ser uno o una profunda militante panista. No regresará, por ahora, la ultraderecha al PAN. aleman2@prodigy.net.mx
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