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Jean Baudrillard: lo simbólico
Habíamos comentado aquí un libro muy significativo de Jean Baudrillard, el filósofo hace poco fallecido, América (Anagrama), donde encontramos lo mismo definiciones novedosas, sugerentes acerca de la cultura y la arquitectura estadounidense. Uno de sus últimos volúmenes fue Power inferno (Arena), el cual reúne cinco pequeños ensayos acerca de los ataques a las torres gemelas el 11 de septiembre de 2001 y la torpe respuesta de George Bush que trajo como resultado la invasión a Irak. En La violencia de lo mundial, el maestro dice: "Hay entre los términos ´mundial´ y ´universal´ una engañosa analogía. La universalidad es la de los derechos humanos del hombre, de las libertades, de la cultura, de la democracia. La mundialización es la de las técnicas del mercado, del turismo, de la información". La batalla está ganada por la segunda, lo que ha traído graves problemas. No obstante que el dominio de esa forma primitiva de concebir el mundo se ha impuesto, en su seno se han generado una serie de contradicciones, virus que amenaza internamente la propia estructura. Los cambios ya no serán por medio de agentes externos que busquen desestabilizar, sino productos que se darán de formas poco ortodoxas para impedir su plácido reinado. Más adelante dice: "La cultura que se universaliza pierde su singularidad y muere. Así ha pasado con todas las que hemos destruido, asimilándolas por la fuerza, pero también cuando ella ha pretendido lo universal. La diferencia es que las demás culturas han muerto por su singularidad, lo que es una buena muerte, mientras que nosotros morimos por la pérdida de toda singularidad, por el exterminio de todos nuestros valores, lo que es una mala muerte". A fin de cuentas falleceremos nosotros y la mayoría de las cuestiones importantes, como son muchas de las culturas famosas, pero lo trágico es que lo hagamos de fea manera, al desaparecer los valores universales que hemos logrado, más o menos, con enormes esfuerzos. Jean señala que vivimos durante muchos años una huelga de acontecimientos, como lo había señalado ya el escritor argentino Macedonio Fernández. Pero... "Con los atentados de Nueva York y del World Trade Center estamos incluso en relación con el acontecimiento absoluto". Pero este trágico suceso tiene más de simbólico que de real, pues "nadie puede no soñar la destrucción de cualquier poder que se convierta en hegemónico". O sea, que en la medida que algo llega a una situación predominante, tendrá mayores enemigos e incluso aquellos que parecieran aceptar las cosas tratarán de liquidar al supremo. El poder, a fin de cuentas, "es cómplice de su propia destrucción". Y "Occidente, en posición de Dios (de omnipotencia divina y legitimidad moral absoluta) se vuelve suicida y se declara la guerra a sí misma". En las 87 páginas hay una cantidad de reflexiones que vale la pena leer una y otra vez y sacar conclusiones. Incluso en un momento dice que las grandes tragedias habidas en muchos lugares y en momentos diferentes, como "las catástrofes naturales, son una forma de terrorismo", seguramente porque hemos descuidado el planeta con esa forma absurda de hacer de la ganancia lo importante, lo único, lo fundamental. Adiós al gran Jean Baudrillard. jamelendez@prodigy.net.mx
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