|
Provocación a sueldo
Todos saben que esos supuestos inconformes no son más que mercenarios de la violencia y grupos de golpeadores En el paisaje cotidiano de la información, se ha vuelto lugar común en meses recientes ver, leer o escuchar que grupos de manifestantes -no más de medio centenar de personas, por lo general-, se enfrentan a la policía, a las barricadas de seguridad, sea para protestar contra el presidente Calderón, contra alguna representación diplomática, especialmente la de Estados Unidos, contra presentadores de libros sobre el 2 de julio o contra alguna que otra aparición pública de los consejeros del IFE. "Es la gente enojada", dicen unos. "Es la respuesta social por el fraude", aventuran otros, mientras que los más candorosos de plano aseguran que se trata de expresiones sociales "legítimas, de indignación, a punto de generalizarse en todo el país". Y en efecto, existen miles o millones de mexicanos indignados. Pero el motivo de su enojo social es terrenal, más que político; falta de oportunidades, pobreza, futuro cancelado. Pero la respuesta social a esas carencias, a esa desesperanza, también es una expresión práctica, que la mayoría de los casos se mueve en otra dirección y por otros caminos; la informalidad y los muchos espacios que deja la ilegalidad, la delincuencia. Todos saben, entre políticos de todos los bandos, pero sobre todo del PRI, PAN y PRD; entre periodistas y analistas, especialmente de las hojas parroquiales; entre autoridades locales o federales, que la multiplicación de las protestas que todos presenciamos en los meses siguientes al 2 de julio, están lejos de ser expresiones espontáneas de una sociedad indignada por el resultado oficial de ese 2 de julio, enojada porque la derecha partidista se instaló de nueva cuenta en el poder presidencial, o que sea la respuesta airada a programas y políticas públicas del nuevo gobierno. Todos saben que esos "piquetes" de supuestos inconformes -que ayer lanzaron escupitajos y proyectiles a unos, que hoy jalonearon y pintarrajearon a otros y que mañana le romperán la cara al de más allá- no son más que mercenarios de la violencia; grupos de golpeadores y provocadores a sueldo, que por un plato de lentejas lo mismo paralizan una facultad de la UNAM, una escuela del IPN, que lanzan improperios frente a la Asamblea Legislativa, que corretean diputados o senadores y que llegan, en el extremo de su utilidad, a golpear trabajadores que intentan sacudirse la bota de un sindicato blanco. Todos saben en el gobierno federal, en el capitalino, en las jefaturas delegaciones, de donde viene esa "protesta", lo "legítima" de la misma y sobre todo conocen cuál es el motor que la mantiene viva y que la convierte en el más eficaz instrumento de la "moderna" política. Son grupos creados a imagen o semejanza de los cuerpos de choque que hizo de las viejas centrales obreras y de los poderosos sindicatos, feudos invencibles. En su versión moderna, alejada del PRI, pero creada y estimulada por el PRD, esos cuerpos de choque están vinculados y son manejados por reputados perredistas como René Bejarano y Martí Batres, entre otros; tienen en el señor Gerardo Fernández Noroña a su capitán, y su guía casi espiritual es el señor Andrés Manuel López Obrador. Todos saben que son los mismos que organizaron y vigilaron -con prácticas estalinistas-, el plantón del Zócalo a Reforma, los que alentaron el cerco contra el Tribunal Electoral y San Lázaro, los que de tanto en tanto persiguen al presidente Calderón, los que mantenían el plantón fuera de Xicotencatl, que reventaron la presentación de libros críticos a AMLO, que persiguieron a policías fuera de la embajada de EU durante el encuentro Bush-Calderon, los que el 18 de marzo insultaron a Cuauhtémoc Cárdenas en la celebración de la expropiación petrolera, y son los mismos que ayer, a nombre de la APPO, causaron destrozos fuera de San Lázaro, agredieron a senadores y diputados del PAN, y reclamaron la "perversa" alianza PRI-PAN, para aprobar la nueva legislación del ISSSTE. Y es probable que muy pronto, también los ciudadanos en general, sepan quiénes son esos grupos, cómo se financian, quién los mueve y cuál es su objetivo. Hoy le podemos decir que en cientos de gráficas, en muchas horas de video, en pilas de informes manuscritos, los servicios de inteligencia del Estado cuenta con una suerte de retrato hablado. Y en efecto, se trata de profesionales de la violencia y la provocación, a los que se les puede contratar -con el contacto adecuado y el combustible monetario suficiente-, para lo que sea. Y el objetivo de quienes los mueven no es otro que el de crear inestabilidad. ¿Por qué la violencia de ayer en San Lázaro? Está claro que PRI, PAN, PVEM y NA excluyeron al PRD, PT y PC en las reformas al ISSSTE. Para los primeros es la mejor muestra de que el Congreso puede caminar sin la llamada izquierda. Pero en respuesta, esa izquierda reaccionó con intolerancia y provocación. El problema no es la Ley del ISSSTE sino que los dejaron fuera, precisamente cuando están por inaugurar su Convención Nacional Democrática. Todo se vale en esa guerra, hasta destruir al país. Y conste que son demócratas y de izquierda. aleman2@prodigy.net.mx
|