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    Itinerario Político
Ricardo Alemán
19 de marzo de 2007

El tamaño del animal

A partir de ese decomiso se puede entender la magnitud de la guerra que se libra en México con las bandas criminales

La cifra es tan descomunal que poco dice a los mortales de a pie. ¿Qué significan 205 millones de dólares? Ya aparecieron curiosos que en una sencilla operación aritmética encontraron que es igual a 2 mil 208 millones de pesos, igual a 27 mil automóviles compactos, supera el presupuesto de varias secretarías de Estado o equivale a 125 mil años de salario mínimo en México.

Ese es el tamaño del decomiso que la noche del pasado jueves logró la PGR en la exclusiva colonia Lomas de Chapultepec. Pero como no había ocurrido en el mundo -y más allá de estimaciones de especialistas sobre el tamaño del negocio del crimen organizado y el narcotráfico-, con el aseguramiento alcanzado por la policía mexicana se puede contar, por primera vez, con una aproximación real al "tamaño del animal" que enfrenta el Estado mexicano.

Y es que, si bien nadie puede regatear el mérito del golpe asestado al crimen organizado y al narcotráfico -por parte del gobierno federal mexicano-, lo cierto es que tampoco nadie puede dudar de la fuerza económica y financiera, de la capacidad operativa y corruptora de grupos criminales que disponen de tamaños recursos económicos, que obtienen esas descomunales cantidades de dinero y que manejan, como parte de su liquidez en billetes verdes, montañas de dólares americanos.

A partir de ese decomiso, de la fabulosa cantidad de dinero que significa, se puede entender el tamaño de la guerra que se libra en México con las bandas criminales, explicar la pelea de los cárteles por tal o cual territorio, y tiene sentido la estela de ejecuciones en toda la geografía nacional. Caza el poder de armamento con que cuentan las bandas criminales y los ejércitos de miles de mexicanos que abandonen todo y decidan jugarse la vida por esa actividad.

Pero existe una paradoja aún más preocupante; esa fortuna permite conocer con certeza el tamaño y el poder de la corrupción, la impunidad, la penetración criminal en todos los niveles y órdenes de gobierno. Y, por supuesto, alerta sobre la responsabilidad de autoridades municipales, estatales y federales en el crecimiento de ese flagelo; sea por comisión o por omisión. ¿Cuántas de esas bandas operan en cada una de las 32 entidades del país? ¿Cuántos gobiernos de PRI, PAN y PRD conocen de su existencia? ¿Cuántos las solapan o se hacen de la vista gorda? ¿A cuántos candidatos a puestos de elección popular; diputados locales y federales, alcaldes, senadores o gobernadores han patrocinado esas bandas? ¿A cuántos candidatos presidenciales?

Si una sola banda criminal -como la desmantelada- dedicada al tráfico de seudoefedrina -precursor de drogas sintéticas- tiene ese poder económico, que sin problema se puede traducir en compra de policías, gobiernos y políticos de todos niveles, agentes aduanales, gerentes de bancos, armas y una protección privada más poderosa que las instituciones del Estado mexicano, ¿qué se puede esperar de otras bandas como ésa, que trafican con cocaína, mariguana, personas, automóviles, secuestros? El tamaño de ese decomiso permite conocer el tamaño del problema y la capacidad de penetración, por parte del crimen organizado, en las instituciones del Estado.

Y es que no se explican esas fabulosas fortunas -su traslado, circulación y custodia en casas de seguridad-, sin la complicidad de muy altos niveles de gobierno, en México y en Estados Unidos; sin la complicidad de sistemas financieros, aduanales, portuarios y aeroportuarios, policiacos. Y su incautación no se puede entender -por más que se reconozca la eficacia momentánea de la policía mexicana- sino como una fractura accidental o deliberada de la compleja red criminal que, para sobrevivir "salpica" fabulosas utilidades a su paso. Acaso habría que preguntar -al tiempo que se interroga sobre los detalles del exitoso operativo policiaco- sobre lo que falló en el otro extremo, en la logística y la inteligencia de una fabulosa empresa que tiene en un domicilio particular una montaña de dinero.

Y es aquí donde la autoridad mexicana y los servicios de inteligencia -si es que existen en realidad- cuentan con una verdadera veta de información. Se sabe que, en su mayoría, el monto del decomiso lo integran dólares estadounidenses, fáciles de seguir, sobre todo si se toma en cuenta que no se trata de billetes de circulación común -billetes de 100 dólares, con poco uso- y que cuentan con la fajilla incluso del banco. ¿Por dónde entraron los dólares? No entraron a México en un contenedor, sino en porciones pequeñas, manejables. ¿Por el aeropuerto? ¿Por carretera? ¿Por mar? Es posible detectar la ruta de los bancos por los que pasaron.

Tampoco se quedarían guardados en la misma casa donde fueron encontrados. ¿Cuál sería su destino? Una cantidad como esa debía entrar al sistema financiero por alguna ruta de lavado para seguir otro destino. Si no se trató de una mero golpe de suerte, podremos contar, muy pronto, con respuestas. Y por supuesto que caerían muchas cabezas. Al tiempo.

aleman2@prodigy.net.mx

 
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Apasionado del periodismo, así explica el autor su dedicación de más de 10 años a este espacio donde se afana en traducir, aclarar y revelar los entretelones de críptico ámbito que es la política. Su trabajo requiere análisis, conocimiento y paciencia para poner en su lugar las piezas del acertijo. Le intriga también la literatura, aunque asegura que ninguna novela es más interesante que la realidad política.
 
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