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Luciano de Samosata, o simplemente Luciano, fue un escritor y sofista griego, nacido en Siria, hacia el año 120, y muerto después del 180. La historia nos dice que, según la costumbre de la época, antes de publicar sus obras las recitaba, con gran éxito, en salas de lectura. Cultivó el diálogo, el ensayo, el epigrama y diversos escritos en prosa de carácter retórico, filosófico y literario, con gran énfasis polémico. De hecho fue un polemista ejemplar y temible. Se conocen de él alrededor de 80 escritos, entre ellos El sueño, Las imágenes, Del error al saludar, Elogio de la mosca, Tratado sobre cómo escribir la historia, Diálogos de los dioses, Diálogo de los muertos, Diálogos de las cortesanas y Contra el ignorante que compraba muchos libros. Leemos en la Enciclopedia de la Literatura Garzanti que el blanco favorito de las sátiras de Luciano son "los intelectuales baratos, los predicadores hipócritas, los pedantes y los oradores pomposos, así como en general todos los formalismos vacíos y las tradiciones insensatas". Pasó a la historia literaria como uno de los más elegantes estilistas de la Grecia helénica, que, además, fue muy leído en la Edad Media. La Colección Visor de Poesía publicó una edición de 300 ejemplares de este raro e inapreciable opúsculo que es Contra el ignorante que compraba muchos libros (hay, por supuesto, otras ediciones) en traducción de Manuela García Valdés. Se trata de una edición no venal destinada a los amigos de dicha colección, realizada con motivo de las navidades de 2006. El librito (su formato es pequeño) llegó a mis manos gracias a la generosidad de Marco Antonio Campos que, sabiendo nuestro interés por estos temas, se desprendió de él y lo puso en nuestras manos. Como ya hemos dicho, Luciano fue un polemista de raza, y dirigiéndose a un interlocutor hipotético (que podemos ser todos y cada uno de los que habitamos el medio cultural y bibliográfico), este discutidor de la cultura de hace tantos siglos, le dice y nos dice: "Crees que vas a parecer alguien en el mundo de la cultura por comprar con afán los más bellos libros. Y esto te viene al revés, incluso es una prueba de tu ignorancia en cierto modo. Sobre todo que no compras los más bellos sino que te fías de cualquiera que los alaba y eres presa fácil de los que andan diciendo mentiras en asuntos de libros y un tesoro bien dispuesto para sus vendedores". Si en tiempos de Luciano, cuando no había tantos libros como los que hoy hay en las mesas de novedades de las grandes librerías, se podía hablar así de los compradores compulsivos de cuanta cosa era alabada, el texto de Luciano cobra mayor vigencia y da en el blanco con mayor puntería en nuestra época, llena de supersticiones culturales propaladas y propagadas por los reseñistas-publicistas y, en general, por la industria editorial que basa su éxito en anunciar un día sí y otro también el nacimiento de un nuevo genio. Al referirse a las consecuencias que produce la compra compulsiva de pésimos libros prestigiosos, Luciano deduce atinadamente "que si los libros hacen semejantes sujetos, habría que huir de ellos lo más lejos posible". Son obvios su sarcasmo y su ironía, pues si alguien ama los libros es Luciano, con la diferencia de que no se deja engatusar por los engañabobos, cree absolutamente que un libro sí tiene el deber de hacer mejores a sus lectores, y que si los hace fatuos, ridículos, impostados y aun más ignorantes, entonces no hay beneficio alguno en leer semejantes cosas. El opúsculo de Luciano es devastador e indiscutiblemente actual.
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