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    Itinerario Político
Ricardo Alemán
13 de marzo de 2007

GDF: herencia maldita

Marcelo Ebrard no tiene un grupo político alterno y heredó una pelea no menos importante con el gobierno de Felipe Calderón

En el terreno político, los primeros 100 días de la gestión de Marcelo Ebrard no resultan alentadores para nadie; para el gobierno, para el gobernante, para su partido y, mucho menos, para los gobernados. Más bien esos poco más de tres meses han permitido ver a un gobierno huérfano, débil, sin partido y cargando una suerte de "herencia maldita" por los muchos frentes de guerra que le dejó su promotor y padre político.

Y es que en rigor, el señor Ebrard no cuenta con un partido político, a pesar de su pertenencia al PRD. Su padre político, Andrés Manuel López Obrador, no termina de irse y el nuevo jefe de Gobierno no termina por llegar. Está presente una pelea formidable con el grupo hegemónico en el PRD, Los Chuchos, que tienen el control de la Asamblea Legislativa, el Congreso federal, y por lo menos tres delegaciones. El gobernante del DF no cuenta con un grupo político alterno y heredó una pelea no menos importante con el gobierno de Felipe Calderón. Y por si fuera poco, mantiene un pleito abierto con algunos de los más influyentes medios -también heredado-, como Televisa, por citar sólo uno.

En realidad el de Ebrard es un gobierno acotado por todos los flancos políticos posibles y obligado, por ello a una de tres posibles salidas políticas: entregar el gobierno a su padre político, a López Obrador, con lo que tendrá que cancelar toda posibilidad de competir por la candidatura presidencial en 2012 -porque entonces entregará en bandeja la posibilidad de que AMLO regrese por esa candidatura en 5 años más-; pactar con el grupo de Los Chuchos, lo que igualmente significaría un elevado costo, ninguna certeza para llegar con vida política a 2012, pero con la posibilidad de realizar una buena gestión; aceptable, por lo menos; y la tercera salida, quizá la de mayor riesgo y costo -quizá hasta suicida-, pero que le permitiría hacer un gobierno aceptable y mantener vivas las posibilidades de buscar la candidatura para 2012, es decir, provocar un acercamiento con el gobierno de Felipe Calderón -lo que significaría la "gran traición", pero le daría una cierta seguridad política y financiera para su gestión y, sobre todo, la puerta abierta para contar con un partido político, Nueva Alianza, el partido de la profesora Elba Esther Gordillo, quien se ha mostrado dispuesta a una alianza de esa naturaleza.

Y es que si bien cualquiera podría suponer que en tanto jefe de Gobierno del DF -la segunda posición de poder más importante del país-, el señor Ebrard vive en el mejor de los mundos, lo cierto es que políticamente no las tiene todas consigo. En efecto, Marcelo gobierna la capital, tiene bajo su mando la segunda posición de poder más importante, la posibilidad de convertirse en el gran ordenador de la ciudad de México en su historia. Todo eso es cierto, puede hacer mucho, pero no tiene ni los instrumentos, ni los aliados, y no cuenta con el partido para ello.

El jefe de Gobierno, vale recordarlo, llegó al poder gracias a los votos del PRD y de su promotor, el ex candidato López Obrador. Pero al mismo tiempo heredó dos formidables frentes de lucha que por lo menos en los primeros 100 días lo tienen aislado. Se trata de una guerra a muerte con Los Chuchos, a cuyo jefe fundador, Jesús Ortega, le arrebató la candidatura a jefe de Gobierno, no precisamente en una batalla limpia y equitativa. Todos saben que Ebrard contó con todo el apoyo de AMLO, pero al mismo tiempo abrió una costosa factura con Nueva Izquierda. El grupo de Los Chuchos no perdona -y al igual que una buena porción del PRD ve a Marcelo como un intruso que les arrebató el mayor centro de poder que había alcanzado la izquierda institucional- y se ha propuesto reventar la gestión de Ebrard. Esa pelea seguirá viva hasta que uno de los dos se rinda.

El segundo frente está dado con el gobierno federal, con el presidente Felipe Calderón, cuya influencia no ha sido tan visible como la de Nueva Izquierda, pero que en los próximos meses y años podría ser determinante. Un colapso en la ciudad capital -agua, basura, transporte, drenaje, vialidad-, colocarían al gobierno de Ebrard ante una crisis inimaginable por su costo político, pero sobre todo por el alto riesgo que eso significa para la capital del país. Todo con un saldo negativo no sólo para Ebrard, sino para el PRD en su conjunto. ¿Quién saldría en defensa de Marcelo, si no tiene partido, aliados o medios a su disposición?

Y ésta, la de los medios, es la tercera herencia que opera contra el actual jefe de Gobierno. Es sabido por todos que en la batalla electoral de 2006 y en los escarceos postelectorales, el entonces candidato López Obrador peleó con todas sus fuerzas contra importantes sectores de los poderosos medios. En esas guerras el señor Ebrard fue un actor central. A la vuelta de los meses, ya como jefe de Gobierno, Marcelo quedó atrapado en el limbo de esa guerra, sin posibilidades de deslindarse, de recomponer la relación con los poderes fácticos y mediáticos. Y todos saben que sin medios, no hay gobierno ni candidato que valga. La herencia que recibió de su padre político el señor Ebrard, en realidad se acerca a eso que llaman "herencia maldita".

aleman2@prodigy.net.mx

 
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Apasionado del periodismo, así explica el autor su dedicación de más de 10 años a este espacio donde se afana en traducir, aclarar y revelar los entretelones de críptico ámbito que es la política. Su trabajo requiere análisis, conocimiento y paciencia para poner en su lugar las piezas del acertijo. Le intriga también la literatura, aunque asegura que ninguna novela es más interesante que la realidad política.
 
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